lunes, abril 22, 2024
Cultura

El primer evangelismo protestante en Argentina: El Ejército de Salvación contra el servicio militar obligatorio

¿El evangelismo como una subversión extranjera?

Hoy en día, las religiones protestantes evangélicas son tan argentinas como el islam, el judaísmo o el catolicismo. Pero no fue siempre así. En muchos sentidos, la Argentina era un país católico, incluso hasta 1994 cuando se eliminó la provisión constitucional prohibiendo la elección de un Presidente de la Nación no católico. Además, hay una larga historia de preocupaciones gubernamentales por las incursiones extranjeras de evangelistas protestantes.

¿Los cultos evangélicos eran invasores extranjeros? Durante muchos años el gobierno argentino avanzó tal propuesta, empezando en 1898 cuando introdujo al culto como competencia del Ministerio de Relaciones y Culto. Hasta fines del siglo XX, esta cartera vigiló cultos protestantes en Argentina con sedes en el exterior como entidades extranjeras, a veces preocupantes.

Ejercito de Salvación en Tres Arroyos (Fuente: La Voz del Pueblo)

A pesar de sus buenas relaciones con gobiernos municipales en Argentina, el primer evangelismo protestante extranjero con muchos adherentes —el Ejército de Salvación— intervino en la política nacional para ayudar a marineros a evitar el Servicio Militar Obligatorio. ¿Cómo lo hicieron y porque las autoridades argentinas lo toleraron?

El Ejército de Salvación llega a Buenos Aires

En 1865, William y Catherine Booth establecieron la Asociación Cristiana de Avivamiento, en Londres, para llevar un mensaje de evangelio cristiano a los sectores más marginales de la sociedad. Con una disciplina militar, el denominado Ejército de Salvación llegó a Estados Unidos en 1880, a Canadá en 1882, y a la Argentina en 1890. Muchos de sus conversos eran previamente trabajadores sexuales, drogadictos, y alcohólicos. Los soldados del Ejército criticaban la indolencia de otras religiones, perdidas según el Ejército en rituales anticuados e innecesarios. Sin tomar posiciones abiertamente políticas, estaban convencidos de la misión civilizadora del imperio británico en el mundo.

Una intervención política en Argentina

Una vez en Buenos Aires, el Ejército siguió un camino establecido en otros países. Se instaló en zonas de alta pobreza, incluyendo La Boca donde establecieron una casa para marineros. En la primera década del siglo XX, intervinieron en el problema político más controvertido del día. En 1901, el ministro de Guerra, el teniente general Pablo Riccheri, llevó al Congreso Nacional un proyecto de ley para el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Aprobado en el Senado el 11 de diciembre de 1901, la Ley No. 4031 (Ley Riccheri) tuvo como objetivo enfrentar lo que vieron las élites políticas como una amenaza militar chilena. Pero también representó un intento del gobierno de homogeneizar la población frente a la inmigración europea masiva y el crecimiento del anarquismo y del socialismo.

Según los partidarios de la Ley Riccheri, el acto promovió la alfabetización en varias escuelas primarias operando en los cuarteles militares, la salud pública en las revisiones médicas de los soldados y el acercamiento de las distintas clases sociales. Para los opositores, encabezados por el Partido Socialista, que desde 1906 buscaba una amnistía para los evasores y los desertores, la Ley Riccheri representó una militarización peligrosa de la sociedad argentina. En 1905, después de una serie de levantamientos militares, el gobierno reformó el Código Militar, cambiando las normas de castigo para los evasores del Servicio Militar. Miles de personas protestaron contra el SMO y muchos argumentaron que contribuyó a una pobreza extrema para las familias de los soldados, ya que durante su ausencia la familia quedaba sin ingresos. Los debates sobre el tema en Diputados y en el Senado volvieron muchas veces a temas centrales: la aculturación de los inmigrantes; los abusos físicos sufridos por los soldados durante su servicio militar y la violencia de la Semana Roja (1909), seguida meses después por el asesinato del coronel Ramón Falcón.

General Pablo Riccheri

A pesar de su jerarquía militar y su promoción de los ideales del imperio británico, el Ejército de Salvación se opuso a la guerra. Y sus miembros trabajaban para impedir el servicio militar argentino. En 1905, en plena crisis militar argentina, un brigadier del Ejército de Salvación, Frank Smith, ex miembro del Partido Laborista en el parlamento británico, llegó a Buenos Aires para revisar las actividades de la entidad. Celebró la construcción de dos “casas del marinero” cerca del puerto. Para Smith, la obra más importante de las casas era su papel frente a las actividades de los “crimps”—una palabra despectiva en inglés indicando un patrullero de enganche nefasto y violento. Los crimps trabajaban solos, pagados ilícitamente por las autoridades. Engañaron a marineros desertores y evasores, y los entregaban a la Policía. “Si uno quiere ver tal criatura [los crimps] en toda su fuerza y fealdad,” dijo Smith, “vé a Sur América”.

En La Boca, los patrulleros de enganche andaban buscando información sobre desertores y evasores, conseguida a veces desde las Fuerzas Armadas. Drogaban a los marineros indicados y los escondían en algún rincón. Los patrulleros encontraban reemplazos para los marineros secuestrados y drogados. Entregaban los reemplazos a los capitanes de navío en cambio de un pago. Según Smith, los crimps mantuvieron a sus prisioneros borrachos y drogados durante días. Les robaron su plata antes de entregarlos como evasores o desertores, donde cobraron un segundo pago.

Miembros del Ejército de Salvación amenazaron físicamente a los patrulleros. Un tal “Ingeniero White” trabajaba como marinero en Inglaterra antes de juntarse a la misión evangélica del Ejército de Salvación en Argentina. Por eso, según Smith, entendía los peligros del servicio militar y las patrullas de enganche. Encabezaba operaciones del Ejército de Salvación en La Boca. En una ocasión, un buque llegó innavegable a Buenos Aires. Los marineros bajaron y un oficial del Ejército de Salvación apareció para protegerlos de los patrulleros de enganche mientras que los llevaba a otro buque donde les había encontrado trabajo para todos. En camino a la segunda nave, apareció un “crimp notorio” buscando a los marineros. Furioso, el patrullero amenazó al Ejército, pero se fue sin éxito. En este caso y en otros, los marineros “salvados” se alojaron en la casa del marinero, lejos de “las influencias diabólicas de los crimps”.

Iglesia del Ejército de Salvación en Bahía Blanca

¿Por qué el Gobierno aceptó la posición agresiva del Ejército de Salvación frente al Servicio Militar?

Hay dos motivos por las buenas relaciones que mantuvo el Ejército y los gobiernos (y los oficiales de policía) locales en los puertos de Buenos Aires, Bahía Blanca y Rosario. El Ejército de Salvación funcionó efectivamente como una agencia de servicios sociales contra el alcoholismo, la drogadicción, y la pobreza extrema en una época cuando aquellos problemas superaron la habilidad de los municipios para conquistarlos. Por otro lado, los patrulleros de enganche eran operadores independientes y malvados. Mientras que muchos no simpatizaron con los desertores, en medio de un debate feroz nacional sobre el tema, las autoridades reconocieron el peligro al proyecto de servicio militar de las actividades nefastas de los crimps y valoraban las actividades del Ejército de Salvación en taparlas.

La persistencia del miedo al evangélico extranjero

A pesar de que nunca reaccionaron así,  las Fuerzas Armadas y varios gobiernos siguieron identificando durante el siglo XX a las misiones evangélicas en la Argentina, como el Ejército de Salvación, como una invasión extranjera.

En 1978, en Lonco Luan miembros de la comunidad Mapuche Catalán-Painitrul mataron a cuatro integrantes del local por haber sido poseídos por el demonio. La matanza se hizo bajo la dirección de un evangelizador de la Unión Pentecostal. A raíz del horror de Lonco Luan y una presencia cada vez más importante de evangélicos protestantes en colectividades indígenas en el norte del país, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto empezó a trabajar con varias primeras naciones y con algunos gobiernos provinciales para eliminar pequeñas iglesias evangélicas. La Administración General del Instituto Provincial del Aborigen de Formosa, por ejemplo, inició un programa para revisar y controlar las actividades de curas protestantes extranjeros. Sacó la conclusión que grupos evangélicos iban estableciéndose en pueblos chicos sin una presencia católica. “Corrompieron la instrucción bíblica”, según las autoridades formoseñas, y llevaban a la gente indígena hacía “tendencias fatalistas”. Así explicó el gobierno de Formosa la matanza de Lonco Luan. Así empezó el gobierno provincial a exigir que los pastores extranjeros aprendan castellano y promuevan símbolos nacionales.