viernes, junio 21, 2024
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Melina Guardabascio Vita: una olvidada pionera de la esgrima argentina

Roberto Larraz fue un destacado esgrimista que representó a Argentina en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos entre 1924 y 1936, formando parte del equipo que obtuvo la medalla de bronce en el campeonato por naciones de florete en 1928 en Ámsterdam. En 1941, con motivo del vigésimo aniversario de la fundación de la Federación Argentina de Esgrima (FAE), publicó en el diario La Nación una “reseña de la actividad esgrimística en nuestro país”. El recorrido histórico de Larraz es exclusivamente masculino. Del mismo modo, la historia de la esgrima argentina en el sitio web de la FAE apenas menciona a la esgrima femenina en su referencia de los Juegos Panamericanos de 1951 en Buenos Aires. Allí, Elsa Irigoyen obtuvo la medalla de oro en el campeonato individual de florete.

Las narrativas de Larraz y la FAE invisibilizan el desarrollo de la esgrima femenina argentina en las primeras décadas del siglo XX y ponen de manifiesto el orden genérico imperante en aquel período, algunas de cuyas características aún persisten. Si bien Larraz sostuvo que la esgrima “es un deporte que no reconoce edades”, ese deporte legitimaba la matriz heteronormativa vigente y la presión que ejercía para impedir la expansión del deporte femenino. Así, el periodista Luis Pozzo Ardizzi afirmó en la revista Caras y Caretas en 1935 que varias esgrimistas habían abandonado el deporte porque sus novios sostenían que “haciendo esgrima una mujer se ridiculiza. Que adopta posiciones poco femeninas”. Para contrarrestar la situación, este periodista propuso: “¡Guerra al novio!” con el fin de “destruirle los prejuicios”.

Melina Guardabascio Vita¹ fue una pionera que trabajó con ahínco para promover la esgrima femenina y deshacer aquellos prejuicios. Figura como maestra de esgrima de la Academia Nacional de Esgrima de Italia de 1922. Aparentemente arribó a Argentina en 1923, suscitando gran atención. En febrero del año siguiente el Cercle de L’Epée realizó en Buenos Aires un festival deportivo en su honor en el que brindó una charla sobre esgrima y se batió con dos distinguidos esgrimistas. Meses más tarde, en otra charla, disertó sobre “La esgrima y los beneficios que reporta a la mujer” en el Club Marcelo T. de Alvear, también en Buenos Aires. Ese mismo año Augusto Bolognini, otro expatriado italiano que fundó, dirigió y enseñó en la Academia Argentina de Bellas Artes Perugino, pintó un retrato de Guardabascio Vita con atuendo de esgrima que ilustró la tapa de un número de la revista Fray Mocho. La misma revista publicó fotografías en las que se la ve en acción con una alumna y con Oscar Viñas, entonces presidente de la FAE. Su presencia y su trabajo en Argentina motivaron “grandes reportajes [y] profusión de fotografías en diarios y revistas”.

De acuerdo con una crónica periodística, Guardabascio Vita había arribado al país con la intención de “realizar exhibiciones públicas, no en locales de ‘varietés’, como un ‘número artístico’, sino en las pedanas de nuestros principales clubs”. Es decir, pretendía que la esgrima femenina se tomara seriamente y se difundiera. La misma crónica explicaba que Guardabascio Vita “lucha varios meses, un año, dos, tres… pero no logra popularizar la esgrima entre nuestras mujeres… había demasiados prejuicios entonces”. De este modo, “cansada de luchar”, Guardabascio Vita “terminó por dedicarse a un negocio totalmente ajeno a la esgrima”. Que ensayara otros rumbos profesionales no significa que se alejara de la esgrima. A comienzos de la década del cuarenta, Guardabascio Vita figuraba como profesora de esgrima, “para damas exclusivamente”, del Racing Club, en Avellaneda, donde estaba radicada, y del que fue socia. A fines de 1941, el diario La Opinión resaltó: “obtuvo destacados contornos la demostración ofrecida ayer en el C. Racing a la Sra. Guardabascio”, probablemente refiriéndose a un torneo interno.

La carrera de Guardabascio Vita en Racing fue reconocida en 1974, cuando la comisión directiva decidió homenajear su memoria bautizando a la sala de esgrima del club “con el nombre de quien fuera nuestra ilustre representante”. Sin embargo, los esfuerzos de Guardabascio Vita tuvieron efectos más allá de Avellaneda. Como postuló Pozzo Ardizzi, ya en los años veinte y treinta, la maestra de esgrima “había sembrado” y “había logrado despertar la curiosidad” por ese deporte entre las mujeres. Casualmente, Larraz “puso al servicio de las primeras entusiastas sus vastos conocimientos”, preparando en 1930 el primer equipo femenino del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Tres años más tarde, según el mismo periodista, se organizó el primer campeonato femenino auspiciado por la FAE. En 1933 también empezaron los “matchs” femeninos y Guardabascio Vita ejerció como jueza en el primer jurado femenino.

En 1935 Pozzo Ardizzi enfatizó que ya había más de 100 mujeres esgrimistas en el país, la mayoría en Buenos Aires, pero también en Córdoba, La Plata, Mendoza, Rosario y Tucumán. Tres años antes, la revista Caras y Caretas había publicado una nota titulada “La esgrima: deporte para mujeres” que argumentaba que este deporte debía ser “una de las prácticas deportivas predilectas de la mujer moderna”, ya que sus múltiples “ventajas para la mujer son tantas como los son para los hombres”. Si bien la nota no llevaba firma, teniendo en cuenta su carácter y su propósito, bien podría haber sido escrita por Guardabascio Vita, cuyos esfuerzos comenzaban a dar frutos, aunque sin estridencias.

Reflexionando sobre el estado de la esgrima femenina en la década del treinta, Pozzo Ardizzi escribió, con exceso de optimismo y replicando un vocabulario sexista, que “el feminismo avanza y avanza… florete en mano… ¡En guardia, señores del sexo fuerte!” ya que “el muro de los prejuicios [de género] empezaba a destruirse”. Guardabascio Vita fue una pionera que, a través de su promoción de la esgrima femenina, contribuyó a desnaturalizar la feminidad instituida en la sociedad a la que emigró, expandiendo los horizontes femeninos e imaginando una proxemia más inclusiva y más justa. Su nombre al igual que su lucha por una mayor igualdad de género y por la emancipación femenina son dignas de ocupar un lugar prominente en la historia de la esgrima y del deporte argentino.

¹ En algunas de las fuentes consultadas, el nombre también aparece como Melina Vita Guardabascio y como Evelina Guardabascio Vitta.

César R. Torres. Doctor en filosofía e historia del deporte.  Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport).