Claudio Katz: “La izquierda puede y debe gobernar con una estrategia de poder”
En su análisis del nuevo protagonismo de Myriam Bregman, el investigador Claudio Katz repasa los debates de la izquierda argentina. Revisa la coyuntura actual, el descalabro económico y el deterioro de Milei, en un marco regional centrado en la situación de Cuba, Venezuela y Bolivia.
Indymedia: – ¿Está cambiando el escenario político argentino?
Claudio Katz: – Sí. Es muy visible el descrédito de Milei entre los propios sectores que lo llevaron al gobierno. Las encuestas indican un bajo piso de aprobación, hay numerosas expresiones de repudio a su gestión y el adelantamiento de la campaña electoral ilustra ese rechazo. Las causas saltan a la vista. Dos años de caída fulminante del consumo y de brutal transferencia de ingresos hacia los grupos más acomodados ha generalizado el malestar.
El trastorno de la vida cotidiana es dramático. El simple viaje al trabajo es una pesadilla por la reducción de las frecuencias y el encarecimiento de las tarifas, que aumentaron 12 veces más que los salarios. El colapso de la salud es aún mayor. Con incrementos del 400 por ciento, la medicina prepaga expulsó a 740 mil personas que pasaron a los saturados hospitales públicos. Muchos jubilados prescinden de sus remedios para poder comer.
La desigualdad es oprobiosa. Con cada aumento de las exportaciones de combustible se encarece el costo interno de la energía y la nueva cosecha récord convive con mesas vacías en los hogares, con cartoneros hurgando en la basura y con comedores escolares sin víveres.

Milei destruye al país con una motosierra que paralizó la obra pública y ya arrió su última bandera de bajar la inflación. La carestía ronda nuevamente el 3 por ciento mensual, con una medición ficticia que utiliza canastas de consumos obsoletas. El propio gobierno alimenta la inflación con incrementos de tarifas y refuta su tesis monetarista que atribuía el aumento de los precios a la emisión. Manipulando el tipo de cambio, contiene en forma artificial una disparada mayor.
I: – Pero esas desgracias no impiden que modelo económico subsista…
C.K: – En realidad, está crujiendo y se agotan los amortiguadores. La pérdida de 140.000 puestos de trabajo fue compensada con la creación de 100.000 empleos de auto explotación informal, en actividades tipo Uber. Ninguna economía puede funcionar con el cierre mensual de 930 empresas y un derrumbe del ingreso disponible, que las familias compensan con un endeudamiento impagable.
Como ya ocurrió tantas veces, el enorme superávit comercial se evapora con la fuga de capital y es improbable otra salvación de Trump, si se repite el escenario cambiario crítico del año pasado. La única respuesta que ofrece Milei al agobio que ha generado es otra escalada de ajustes. Como la recaudación se desploma por el estancamiento de la economía, impone más recortes para sostener la ficción del superávit fiscal y evitar el default de la deuda. Ha creado un círculo vicioso de retracción económica y pobreza, sin ninguna salida a la vista.
I: – Por este crítico escenario reaparece la indignación con la corrupción…
C.K: – Claro. Hay un enorme enfado con el desfalco que está consumando la banda de Milei. Perpetran un robo tan descarado, que hasta el propio titular de la agencia de recaudación oculta sus bienes al fisco. El caso Libra, el 3 por ciento de Karina, los negocios de los Kovalivker, las operaciones narco de Espert, ilustran cómo una pandilla de lúmpenes se apoderó del Estado para llenarse los bolsillos. Adorni supera todo lo imaginable y confirma la existencia de una escandalosa red de sobre sueldos y financiadores privados del despojo. Se protegen entre ellos con los códigos y las complicidades de la mafia.

Pero Milei está sacado porque ya nadie festeja sus gritos y sus payasadas. No sabe cómo afrontar su derrota en la batalla cultural. Sus allegados mantienen el discurso cínico, que culpa al pueblo por sus desgracias afirmando que “la gente se sobre endeudó”. Otros refuerzan la ideología de la crueldad, burlándose de los jubilados indigentes.
Pero la concurrencia masiva a la conmemoración del 24 de marzo sepultó esos libretos. El negacionismo oficial tuvo tan poco eco, como el intento de reflotar las teorías de los “dos demonios” y los “excesos” de la dictadura. Milei tuvo que archivar su intento de indultar a las genocidas, en un marco de generalizada reivindicación de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Esas banderas enorgullecen a la sociedad, que percibe los juicios a los militares como un logro incorporado al ADN del país.

La misma secuencia se verificó en la multitudinaria marcha de la educación. Milei quedó aislado, con sus provocaciones de mayor recorte al presupuesto más bajo de últimos 35 años. Ya incumplió cuatro veces la ley que lo obliga a girar el dinero adeudado a las universidades y se ensaña, con las instituciones que corporizan el ideal de movilidad ascendente del imaginario argentino. Intenta destruir el emblema de calificación, conocimiento y cultura que encarna la educación pública, pero pierde auditorio a toda velocidad.
I: – No entre todos, porque la clase dominante lo sostiene…
C.K: – Es cierto, pero el establishment solo espera que termine su mandato en forma decorosa, para continuar un Mileísmo sin Milei. Ya tantea sustitutos entre el camaleón Pichetto, el renacido Macri, el enigmático Gebel o la mutante Bullrich. Incluso consideran la opción de algún reemplazo de hecho, si el presidente naufraga antes. Apuntalarían en ese caso a sus delegados en el gabinete, para que mantengan la gestión con el apoyo de los gobernadores y la derecha peronista.
Pero Milei es un personaje descontrolado que no abandona la partida y busca sobrevivir con la bendición de Trump. Ya pasó más tiempo en Estados Unidos que, en cualquier localidad de Argentina y el nuevo listado de entrega a su protector, incluye las conflictivas patentes de los laboratorios y los negocios en disputa con China de varias provincias. Milei armó su propio grupo de capitalistas afines, que rivalizan por el manejo de las privatizaciones con Rocca, Magnetto y otros dueños del país. Compiten, además, por el control del poder judicial que dirime esas disputas.
I: – Pero como siempre ocurre en Argentina, la confrontación en las calles definirá el curso político…
C.K: – Exacto. Las movilizaciones del 24 de marzo superaron todas las expectativas. Se estima que hubo más de un millón de personas, con un gran entrecruzamiento de generaciones, que desmiente la tesis de un vuelco de la juventud hacia la derecha. Las marchas de la Educación reafirmaron ese repunte y las manifestaciones de numerosos gremios en las provincias, indican que se revirtió el escenario negativo creado por la sanción de la Reforma Laboral, al cabo de varios meses de retracción callejera. Nuevamente hay movilizaciones importantes, aunque sin el alcance y la combatividad requeridas para derrotar a Milei. No reaparece aún la rebelión del 2001 o la victoria del 2017 contra Macri.
I: – En otro terreno hay giros importantes, como la irrupción de Myriam Bregman
C.K: – Sí. Su salto en las encuestas es importante, porque tiene una alta imagen positiva que expande la intención de voto. Muchas analistas detectan un creciente atractivo de Myriam fuera del público tradicional de la izquierda o el progresismo. Consideran que el votante enojado y antisistema que capturó Milei, podría canalizar próximamente su descontento a través de la izquierda. Hay cierto parecido con el ambiente que empoderó a Zamora en los años previos y posteriores al 2001. Sobran, por lo tanto, razones para impulsar una gran campaña de sostén a la candidatura de Myriam. Creo que en la izquierda todos coincidimos, en la necesidad de apuntalar ese protagonismo en los próximos meses.
I: – Hay muchos debates, cartas y documentos sobre el sentido estratégico de esa campaña ¿Cuál es tu opinión?
C.K: – Se está discutiendo un cambio en el discurso, para que el candidato de la izquierda transmita una efectiva intención de ser presidente. Esa tónica positiva supone un mensaje afirmativo, que destaque cómo la izquierda puede gobernar. Es un planteo que distingue al gobierno del poder y convoca a conquistar el manejo popular de ambas instancias. Pero el problema radica en precisar cuál es la estrategia para alcanzar ese objetivo.

Algunos participantes del debate tienen miradas negativas. Estiman que el FITU no quiere gobernar, porque prescinde de una política viable para alcanzar esa meta. Me parece que esa descalificación repite las desgastadas burlas de la derecha y no registra el potencial cambio de miradas en la batalla por el poder.
I: – ¿Se está reconsiderando ese rumbo?
C.K: – Lo veremos sobre la marcha. En la visión trotskista tradicional, la lucha por el gobierno y el poder es concebida como dos procesos simultáneos, próximos o con reducida brecha temporal. Es el modelo bolchevique de 1917: revolución, soviets, captura del Palacio de Invierno e inmediato debut de un proceso socialista. La repetición de ese antecedente es el presupuesto de muchas convocatorias a profundizar la lucha, apostando al surgimiento de un poder popular desde abajo.
En algunos documentos se reformula esa posibilidad, concibiendo la candidatura de Myriam como un eslabón de ese camino. Promueven una campaña positiva, vislumbrando su acceso a la presidencia, en estrecha conexión con un estallido revolucionario. Sería el sentido de forjar “Comités de lucha por un gobierno de trabajadores, con Bregman como presidenta”.
La obvia objeción a esa mirada es su falta de realismo. No existen indicios que anticipen, por ahora, un contexto de ese tipo. Pero esa sensata crítica, puede desembocar en la errónea conclusión de renunciar a cualquier campaña efectiva, para llegar a la presidencia. En algunos textos se enuncia ese rechazo, ponderando la mera construcción militante y reafirmando que los comicios constituyen tan solo una tribuna, para propagandizar el pensamiento socialista.
Otras variantes atenuadas de esa postura, señalan que no es el momento de llegar al gobierno, porque en el escenario actual carecería del soporte social requerido, para cumplir con el programa revolucionario. Por eso priorizan la construcción inmediata de un partido que corrija esa carencia. Yo discrepo con esas posturas, que a mi entender conducen a perpetuar la marginalidad política de la izquierda.
I: – ¿Y cuál es entonces tu enfoque?
C.K: – Simplemente batallar por una llegada electoral al gobierno que inicie la disputa por el poder. Una victoria en las urnas, asentada en la movilización popular y en las organizaciones de base, permitiría sostener esa victoria y comenzar la lucha por la conquista del poder económico, judicial, militar y mediático. Es una estrategia nítida, contundente y sobre todo comprensible para el grueso de la población. Soslaya debates abstractos sobre la existencia o no de condiciones para avanzar en el proyecto socialista, porque adapta ese objetivo al imprevisible devenir de los acontecimientos.
Nosotros no sabemos si irrumpirá o no, el marco exigido para desenvolver un modelo revolucionario clásico. Me parece tan negativo impugnar esa posibilidad, como apostar todas las cartas a esa única perspectiva. Llegar al gobierno y disputar el poder incluye ese curso como un momento del proyecto socialista. En el escenario próximo, la izquierda puede y debe gobernar con una estrategia de poder. Pero lo más realista es evaluar contextos, considerando antecedentes recientes en nuestro país y en nuestra región.
I: – ¿Cuáles son?
C.K: – En Argentina, la rebelión del 2001. Fue una sublevación con asambleas, piquetes y organismos de base muy extendidos, que a su vez desembocó en el proceso electoral y el consiguiente ciclo kirchnerista. Me parece, que la izquierda careció en ese momento de una estrategia para disputar primacía en el terreno electoral y deberíamos evitar la repetición de ese error.

Recordemos que, por el contrario, en Bolivia, Evo llegó a la presidencia y en Venezuela, Chavez logró esa misma consagración. Fueron senderos semejantes al que transitó antes Salvador Allende en Chile. A lo largo del siglo XX, ese curso ha sido muy debatido al evaluar el significado concreto de un gobierno de los trabajadores. En mi opinión, ese rumbo es afín, convergente o complementario (y de ninguna manera contrapuesto), con las dinámicas revolucionarias registradas en Rusia, China, Vietnam o Cuba.
I: – Pero la inmediata objeción sería el fracaso que afrontaron esos intentos de combinar la vía electoral con el desenvolvimiento revolucionario…
C.K: – No lo considero un cuestionamiento válido, porque con ese parámetro abstracto de éxito o fracaso, cualquier proceso político de la izquierda queda invalidado. Todos afrontaron en algún momento limitaciones, reveses y frustraciones. ¿La propia trayectoria de Trotsky fue exitosa o fracasada?
Me parece que existe una mala costumbre, en el estilo polémico que impugna a los adversarios por sus fallidos, sin considerar los propios baches. No basta repetir, por ejemplo, que el peronismo ha fracasado, sin aportar algún ejemplo o indicio -nacional o internacional- de lo que se considera exitoso.
Yo creo que, si se afianza el protagonismo de Miryam en el centro de la escena política, esas falencias serán superadas, sobre todo, si la izquierda comienza a plantearse objetivos más ambiciosos y acordes con el lugar que puede ocupar.
No se trata tan solo de aumentar el número de diputados o legisladores, sino de ganar en el 2027 la conducción de algún distrito, intendencia o provincia, para inaugurar desde allí el proceso de llegar al gobierno y disputar el poder. El logro de esas metas exigiría revisar la política de alianzas, con frentes que desborden el perfil exclusivo de la izquierda.
Si el FITU ampliara además en forma significativa su caudal electoral, seria insoslayable la definición de posturas, frente a un eventual balotaje entre candidatos presidenciales del progresismo y la derecha. No es tema inmediato, porque la campaña positiva para que Myriam sea presidenta, supone ella disputará esa segunda vuelta, pero es indispensable madurar posiciones frente al típico escenario latinoamericano del balotaje. En esos casos, no hay que vacilar en la convocatoria al voto contra la derecha. Precisar estrategias es un ejercicio insoslayable, en un escenario regional tan sujeto a dramáticos acontecimientos.
I: – ¿Te referís a la amenaza de un ataque imperialista a Cuba?
C.K: – Sí. Trump ya proclamó su pretensión de “tomar la isla, para hacer con ella lo que quiera”. Su flota rodea el país y acaban de inventar una imputación contra Raúl Castro, para tentar secuestros, asesinatos selectivos o incluso la invasión. El magnate necesita compensar la derrota frente a Irán y podría agravar el bloqueo y la asfixia de petróleo, con acciones armadas. En la isla se prepara la resistencia y desde aquí tenemos que multiplicar las iniciativas de solidaridad.

Hay marchas previstas, sigue el envío de insumos y se multiplican los gestos de solidaridad, pero el FITU debería exhibir un compromiso más explícito y visible, como por ejemplo un viaje de Bregman a Cuba del mismo tipo que ya realizó Grabois. Tendría gran impacto en el país y constituiría un gesto importante en toda la región, luego del secuestro de Maduro.
I: – ¿Y qué opinión te merece la situación actual de Venezuela?
C.K: – Me quedó corto si utilizo el término preocupante. Todos sabemos que el gobierno quedó con una pistola en la cabeza luego del secuestro de Maduro. Suponíamos que Delcy estaba ganando tiempo, acumulando fuerzas y reuniendo condiciones para iniciar la contraofensiva. Interpretamos las concesiones a Trump, como el gravoso e insoslayable costo de esa estrategia.

Pero al cabo de varios meses, los indicios de otro rumbo se acrecientan a toda velocidad. Incluyen una sospechosa reorganización de los mandos del ejército, los lavados comunicados de la Cancillería sobre la guerra contra Irán, la excarcelación de conspiradores derechistas y las festejadas reuniones con los emisarios del imperio.
El jefe del Comando Sur conversa con Delcy y hay total silencio, frente a la humillante imagen de Venezuela que difunde Trump, como el “Estado 51″. La gota que rebalsa el vaso es el simulacro de evacuación de la Embajada estadounidense, con aviones del Pentágono en los cielos de Caracas. Se olvida que el invitado a realizar esos operativos, mantiene secuestrado al presidente de Venezuela.
Se han sancionado, además, leyes que facilitan la apropiación de los dividendos del petróleo, con grandes ventajas para las compañías yanquis. Hay denuncias de un gran desvío de beneficios del crudo hacia el Tesoro estadounidense, en un contexto de reinicio de las inspecciones del FMI.
Los principales cuestionamientos a estos hechos provienen del propio riñón del chavismo. Luis Britto solicita aclarar lo ocurrido durante el secuestro de Maduro y demanda explicaciones de la contemporización oficial con Trump. El ex vicepresidente Jaua denuncia que el país está ocupado, mientras Washington diagrama proyectos de protectorado. Finalmente, la entrega del financista Saab a los tribunales estadounidense, no tiene la menor justificación. Ese individuo mantuvo en pie los circuitos del comercio exterior para lidiar con las sanciones del imperio y si cometió delitos, correspondería juzgarlos en Caracas y no en una prisión cercana a la que alberga a Maduro.
Son demasiadas pistas de un viraje regresivo, que corresponde discutir en voz alta. Seguir evaluando si hubo o no traiciones no lleva a ningún lado. Lo importante es caracterizar lo que sucede en términos políticos, tomando como antecedente, quizás, lo ocurrido con el sandinismo luego de su primera derrota electoral.
I: – Afortunadamente tenemos acontecimientos alentadores que vienen de Bolivia…
C.K: – Si. El levantamiento popular es realmente impactante. A seis meses del gobierno derechista hay una sublevación masiva contra el ajuste, que nuevamente ilustra la gran combatividad imperante en el Altiplano.
Es una rebelión que ha cercado la sede de gobierno, con bloqueos de rutas y movilizaciones masivas, signadas por la radicalidad en los métodos de lucha. Los manifestantes exigen la renuncia del presidente por incumplir su mandato y actúan con la contundencia que se necesita, para doblegar a los opresores. La confrontación está en curso, el gobierno reprime con los militares a la calle, órdenes de detención de los dirigentes y pertrechos provistos por Milei.
Recordemos que, en las últimas décadas, Bolivia anticipó el sendero combativo de la región. Encabezó a principio del nuevo siglo la oleada de rebeliones que acompañaron Ecuador, Venezuela y Argentina y comandó hace pocos años la segunda marea que siguieron Ecuador, Chile, Colombia y Perú.
Ahora toman la delantera, en marco de llamativa resistencia en Chile, a pocos meses de la asunción de Kast. La rebelión en Bolivia trasciende las fronteras, desafía el proyecto de Trump y golpea a sus servidores de la ultraderecha. Marca un camino que la izquierda argentina ya enarbola como propio.
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Publicado en Indymedia Argentina
Foto de portada: Nicolas Solo
