lunes, junio 17, 2024
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La importancia y el valor de la palabra en contextos de encierro

La palabra es una de las herramientas que los seres humanos tenemos para comunicarnos, expresarnos y poder tramitar y reparar lo que nos sucede. Poner en juego la palabra, nuestros sentires es una de las maneras más efectivas para generar un movimiento tanto interno como externo en nosotros, los sujetos, y a partir de eso hacer.

En tal sentido la Psicología Social es una disciplina dentro de las Ciencias Sociales que se ocupa de lo que sucede entre los individuos. Por eso sus temas relevantes son la comunicación mediante la palabra, el cuerpo y las miradas,  los vínculos, los roles, las problemáticas de los equipos, los cambios, los proyectos comunitarios, grupales y organizacionales.

Esta disciplina desarrollada en la Argentina por Enrique Pichón Rivière se caracteriza por otorgar no solo un fundamento teórico a la temática sino también un saber hacer con grupos. Hacia 1926 Riviére ingresó en la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Su interés por estudiar la “tristeza” (Fabris, 1999) lo motivó a seguir una formación psicoanalítica y luego a la psicología social.

Enrique Pichon Rivière, en su propia voz

Como objetivo esencial esta disciplina propicia que la palabra circule para que el ser pueda comunicarse, expresarse y exponer lo que existe en su interior. Los grupos operativos son su dispositivo para que mediante un espacio subjetivante confiable y la identificación con otros sujetos los discursos, relatos y las narraciones vayan surgiendo y así se construya un devenir singular y grupal.

Como psicóloga social y asistiendo al Centro Universitario de Devoto (CUD) entiendo que la palabra en movimiento es fundamental para poder, no sólo reparar sino para  deconstruir y comenzar a narrar nuevas historias y trayectorias. Creo que un hacer  conjunto es la mejor manera para inquietar el interior, para interrogarlo, por eso esta disciplina puede brindar herramientas esenciales para que esto suceda.

En el Centro se realizan talleres a donde la voz y la palabra se hacen escuchar y se alojan, se reúnen en asambleas para poder dialogar sobre lo que sucede en el interior del CUD, existe una mesa donde los internos se acercan para ser ayudados por otros para manejar y saber sobre sus causas. Por otro lado se juntan en la biblioteca para, a través de la palabra conjunta, poder estudiar y practicar para los exámenes. La palabra está en constante movimiento entre los sujetos y esta es, sin dudas, una manera de ir tejiendo y armando redes vinculares que sostienen al grupo y al sujeto.

Enseñar entre rejas. Coco Cerrella

En este sentido cuando la palabra es recibida y dada entre los diferentes miembros de una grupalidad, como bien podría ser el CUD, cualquier situación de malestar o conflicto que surja puede compartirse, hablarse, ponerse en juego y así posibilitar y facilitar la resolución de la dificultad siguiendo unidos como grupo, lo cual es fundamental para ellos y sobre todo en estos tiempos donde el Centro Universitario se encuentra en un riesgo importante.

Lo claro y evidente es que la palabra puede promover la reparación de historias y trayectorias de los internos pero también es absolutamente útil para mediar entre los conflictos cotidianos que la convivencia dentro de un penal genera. Y se exacerban cuando las condiciones son de hacinamiento y vulnerabilidad extrema.

La psicología Social, que está tomando un espacio cada vez más fundamental en nuestra sociedad, entiende que es necesario intervenir activamente y colaborar con conjuntos humanos promoviendo el desarrollo y la puesta en práctica de la capacidad de protagonismo y transformación de la realidad en diferentes ámbitos como grupos, organizaciones, comunidades , empresas, asociaciones, penales, escuelas, sociedad, etc.

Ana Quiroga a 50 años de la Psicología Social

Me gustaría terminar con unas palabras de Ana Quiroga, psicóloga social y directora de la Primera Escuela Privada de Psicología Social Dr. Enrique Pichon Rivière: “El cotidiano es un tiempo, un espacio, un ritmo, una serie de códigos y de hechos que nosotros practicamos sin reflexionar. De vez en cuando hay que parar y pensar por qué existen estas situaciones de tanta exigencia, tensión. Algo que al psicólogo social le debería importar es cómo son nuestras relaciones con los otros y con nosotros mismos, cómo estamos experimentando la presencia del otro, nuestras propias vicisitudes y en eso inciden mucho las exigencias vitales a las que pareciera que no podríamos dejar de responder. La pregunta es ¿tenemos que vivir así? ¿tenemos que responder a todo? ¿tenemos que no fallar nunca? ¿este es el único modo posible de vivir? Estas son cuestiones que creo que todos en algún momento pensamos. La psicología social como disciplina que analiza la relación entre el orden social y lo subjetivo, no puede menos que interrogarse necesariamente cómo es eso en el plano de lo personal, lo grupal, lo institucional, la vida comunitaria”.

Carla Elena. Psicóloga Social y docente, miembro del Forum Infancias.

Portada: EnriquePichon Rivière