lunes, junio 17, 2024
Nacionales

Los lápices siguen escribiendo…

Corría el año 1976 y un grupo de jóvenes que cursaba la secundaria en la ciudad de La Plata se manifestaba por un derecho, el derecho al boleto estudiantil que había sido otorgado en septiembre de 1975 y suspendido en agosto del ’76. Un conjunto de estudiantes enérgicos, rebeldes, con fuerza que querían hacer valer lo que les correspondía.

Ellos se movilizaban y marchaban con fuerza pidiendo a las autoridades la restitución del boleto estudiantil, estos jóvenes ya entendían que en ese acto colectivo, subjetivante y político comenzaban a abrirse un camino, un recorrido para pelear y luchar por sus derechos. Un transitar que fue obturado de la peor de las maneras, de la más cruel y trágica: secuestrados en manos de los que en ese momento habían tomado el gobierno mediante un golpe de Estado el día 24 de marzo de 1976. Ese gobierno de facto estaba encabezado por los militares Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.

“Nunca más mirar para otro lado”

Estos adolescentes que fueron chupados, brutalmente torturados, golpeados y vejados para la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires eran “integrantes de un potencial semillero subversivo”, un semillero al que había que aniquilar antes de que creciera y así lo hicieron. Pero no pudieron callar sus voces, ni la de sus compañeros, ni la de sus familiares, ni las de sus madres, hermanos, padres y abuelas que llegaron hasta enjuiciar a los responsables, los cuales obtuvieron diferentes condenas.

Las víctimas de esa nefasta noche del 16 de septiembre de 1976 y el día subsiguiente fueron: Claudio de Acha, Gustavo Calotti, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Patricia Miranda, Emilce Moler, Daniel Racero y  Horacio Ungaro. De estos trágicos días hubo 4 sobrevivientes: Pablo Díaz, Emilce Moler y Gustavo Calotti y Patricia Miranda quienes ayudaron a la realización de la película de Héctor Olivera llamada “La noche de los lápices”, estrenada el 4 de septiembre de 1986; en el film narran sus días en cautiverio, la manera de comunicarse, contenerse y conectarse en el centro clandestino de detención.

La noche de los lápices

En el largometraje los sobrevivientes narran y relatan lo vivido y padecido durante esos interminables días de castigo, hambre, torturas e inimaginables sucesos. Es un gran material que nos ayuda, a los que no vivimos ese momento, a acercarnos a él y a los que lo sufrieron a nunca olvidar nuestra historia, porque eso nos construye y constituye como sujetos de derecho y seres sociales. Sin historia, no tenemos presente.

Hoy cada uno siguió con sus vidas, alguno de ellos en el exterior, otros continuaron militando y escribiendo, otros con sus carreras profesionales  pero lo que nunca queda en el exterior de estos seres y por siempre los unirá es lo padecido, lo transitado, lo trágic, Eso los unió cuando eran solo unos adolescentes mostrando un inmenso poder de sobrevivencia ante la adversidad inimaginable, ante la injusticia más inmensa expresando lo que una trama vincular y subjetivante puede sostener, acoger y alojar en los momentos más límites de la vida.

Estudiantes de “La noche de los lápices”

Diaz manifiestó en un acto junto a Norita Cortiñas: “Siempre tuve la obsesión de cómo hacerlos salir de ahí. Hoy sé que no están en el pozo de Banfield, están acá, entre nosotros”.

Por su parte, Carlotti -uno de los sobrevivientes que hoy reside en Francia- comentó: “La psicóloga Palmero fue secuestrada y pasó por la Guardia de Seguridad de la Policía de Buenos Aires y el centro clandestino de detención ‘La Cacha’, cercano a la localidad de Olmos, que funcionó entre 1976 y 1978. Entre 3500 y 3800 personas pasaron por allí. Le aplicaron picana y submarino seco. La liberaron con unas compañeras en una noche invernal, y las obligaron a permanecer, sangrando y ateridas, durante horas, en medio del campo porque dentro de este plan siniestro había que dejar sobrevivientes para aterrorizar, para amenazar. Si mataban a todo el mundo, a la sociedad le podía parecer terrible. Ser portadores del horror y contarlo contribuyó a que la sociedad pudiera ponerse sola su capucha”. Este es un claro testimonio del plan que estos genocidas tenían para nuestra sociedad.

Esta sociedad que no olvida, que sigue escribiendo, que sigue marchando, que cada jueves acompaña a nuestras madres a la Plaza de Mayo para no olvidar y que grita con todas sus fuerzas “NUNCA MÁS”.

Carla Elena. Psicóloga Social, Diplomada en Violencia Familiar y Género. Graduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. Miembro de Forum Infancias. Docente.