martes, julio 16, 2024
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Violencia de género un ciclo que debe terminar y es con ESI

La violencia, es toda conducta o amenaza que se realiza de manera consciente y que causa daño físico, psicológico, sexual, institucional, simbólico o económico. Se conoce como violencia de género al maltrato que ejerce un sexo hacia el otro, que puede ser de hombre hacia la mujer o viceversa. A través de los años y culturalmente refleja la asimetría existente en las relaciones de poder entre varones y mujeres, y perpetúa la subordinación y desvalorización de lo femenino frente a lo masculino a través de la historia.

La violencia de género tiene su origen en la cultura, la educación, las leyes, el propio lenguaje que han mantenido a la mujer en una condición de supuesta “inferioridad”, en definitiva, sin derecho a decidir sobre su propia vida. Se caracteriza por responder al patriarcado como sistema simbólico determinando prácticas cotidianas concretas que niegan los derechos de las mujeres y reproducen el desequilibrio y la inequidad (sueldos, cargos, oportunidades laborales, posibilidad de voto -hasta1947-, calidad de trabajo, tratos, etc.) existente entre los sexos.

Ilustración de Laura Jaite

La diferencia con otros tipos de violencia estriba en que el factor de riesgo o vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer. (Nieves Rico, Doctora en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. 1998).

Para comenzar es preciso mencionar que desde hace 17 años en nuestro país contamos con la Ley de Educación Sexual Integral N° 26.150 y desde 2020 con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo N° 27.610.

También en el 2009 se sancionó Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres N° 26.485 (2009), cuyos objetivos son:

a) La eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida.

b) El derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia.

c) Las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos.

d) El desarrollo de políticas públicas de carácter interinstitucional sobre violencia contra las mujeres.

e) La remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres.

f) El acceso a la justicia de las mujeres que padecen violencia.

g) La asistencia integral a las mujeres que padecen violencia en las áreas estatales y privadas que realicen actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los servicios especializados de violencia.

Éstas son leyes esenciales y fundamentales que hemos, como movimiento, conseguido fueran sancionadas y son logros muy importantes que merecen ser comentados y comprenderlos como tales, fruto de la unión de un colectivo que se sostiene mediante el entramado vincular y el apoyo mutuo que con el transcurrir de los años se ha ido fortaleciendo y cada vez es más sólido.

Por otra parte, como consecuencia de la dimensión de los femicidios se promulgó en 2017 la Ley Brisa (Ley N° 27452), la cual otorga a los hijos/as de mujeres asesinadas por violencia de género una reparación económica mensual equivalente a la jubilación mínima.

Así también en 2018 se sancionó la Ley Micaela (Ley N° 27.499), la cual establece la capacitación obligatoria en los temas de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que trabajan en la función pública.

¿Por qué es con ESI?

La Ley N° 26.150 crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral el cual indica que todos los educandos de los distintos niveles deben recibir educación sexual integral en establecimientos tanto laicos como religiosos de gestión estatal y privada.

Abordar y pensar sobre la Educación Sexual Integral (ESI), nos lleva a un abanico de espacios diversos y por ende nos permite trabajar la temática desde distintos estares y transitares. Es esencial comprender que la misma no solo tiene un espacio en el ámbito educativo, sino que su lugar de aplicación también lo es en una plaza, en el barrio, en una empresa, en una oficina, en un boliche, en las mesas familiares y en cada lugar donde los seres transitemos. La ESI nos sugiere y propone un cambio de mirada, un quiebre en los estándares estereotipados y mandatos estructurados e impuestos por una cultura hegemónica y dominante cis heteronormativa y patriarcal.

La ESI plantea un cambio de paradigma. Deconstruir la cultura patriarcal dominante y con los estereotipos de género que nos han inculcado. Esta es una de las herramientas con las que contamos para poder ir desmenuzando este caldo de cultivo, estos cimientos que sostienen al iceberg en palabras de Rita Segato.

Luego del recorrido realizado vemos que pudimos instalarnos en las calles, en el discurso, tenemos leyes que nos protegen, contamos con 2 ministerios (Nación y Provincia de Bs. As.) que gestionan programas que apuntan a políticas públicas que nos resguarden y alojen, pero los crímenes por razones de género no bajan, sino que por el contrario suben. Entonces, ¿qué ocurre que día a día nos siguen matando?

Creo que tenemos que pensar que este es un sistema, un engranaje que está aceitado y que para frenarlo lo punitivo no es suficiente. Al ser un sistema regido por un mandato de masculinidad es muy complejo quebrarlo, fisurarlo y deconstruirlo.

El mandato de masculinidad, en palabras dela antropóloga Rita Segato, actúa en forma de corporación con dos reglas esenciales: la lealtad y la jerarquía. El hombre macho cis y hétero necesita mostrarle al alfa de la cofradía que puede pertenecer al “grupo” de leales al mandato patriarcal y rendirle tributo a esta fratría: nuestros cuerpos.

Para poder abordar la punta de ese iceberg, que serían los crímenes de violencia por razones de género, es preciso hondar en las pequeñas violencias, en estas micro violencias cotidianas que ocurren: chistes, comentarios, videos subidos a las redes, fotos etc. Es importante, necesario y urgente que podamos penetrar en la capilaridad de esta cultura patriarcal que es el caldo de cultivo que va generando y conformando a estos seres que lejos de ser “locos y monstruos” son parte de esta sociedad y la transitan junto a nosotras.

Si los transformamos solo en monstruos los sacamos de la escena y es justamente lo que no debemos hacer sino entender que son un ´producto de la sociedad y cultura en la que vivimos, de mandatos y estereotipos que fuimos y vamos construyendo a través de los años. Con esto no quiero asegurar que todo hombre en esta sociedad se transformará en un femicida, pero sí que está atravesado por el orden que nos rige.

Es desde ahí dónde debemos y tenemos que actuar, mediante la ESI, la punición de chistes, fotos, videos que nos cosifican, mediante charlas, conversatorios, capacitaciones, formación, etc. Quebrar con la cultura de “es un vivo”, “es un chiste”, “de acá no pasa”. Sí pasa y mucho: nos asesinan.

Según la especialista Rita Segato el sistema de punición no alcanza porque el macho violador es el mayor moralizador, es un ser que nos está indicando y ubicando en nuestro lugar de subordinación en este sistema donde manda el Capital y nosotras somos el último eslabón de esa cadena sosteniendo al hombre patriarca que le es útil al sistema capitalista y desde ahí, Segato, ve la dificultad de quebrar y romper este gran iceberg.

Es fundamental pensar el concepto de patriarcado, también trabajado por Segato, como constructo clave, y no solo como un punto de partida sino de llegada de esta temática ya que atraviesa las diferentes culturas del mundo hace décadas y parece ser complejo de deconstruir. El patriarcado no es solo un sistema de opresión en el que los varones someten a las mujeres: sojuzga a todos los cuerpos y las identidades de género que escapen al esquema cisnormativo (sistema que asume que todas las personas son y deben ser cisgénero, es decir personas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer) y hétero-normativo (sistema que sostiene que todas las personas son y deben ser heterosexuales). Es más, los privilegios no son detectados por la totalidad de los varones cisgénero y heterosexuales, a esa figura se le deben sumar las relaciones de clase, de etnia y de edad.

En eta ocasión me gustaría sumar las ideas de Adriana Amparo Guzmán Arroyo referente, entre muchas compañeras del llamado Feminismo Comunitario en Bolivia, que, en los últimos años, como urdimbre de un tejido en persistente entramado devino en “Antipatriarcal”.

Ilustración de Laura Jaite

Adriana sostiene que es necesario que los varones, compañeros, discutan sobre sus cuerpos y menciona en una entrevista a Página 12: “está bien que tengan pañuelo verde, que nos acompañen al pañuelazo, pero cómo nos aseguramos que ellos tengan eyaculaciones responsables, cómo nos aseguramos que nuestros compañeros de izquierda, indígenas tengan eyaculaciones revolucionarias, que se harán cargo no solo de la alimentación de esos seres, sino de su formación política y de su cuidado. Nosotras a los varones que se suman al pañuelazo les exigimos que traigan una caja de condones y que antes repartan entre sus amigos”.

La activista feminista aclara que hay un patriarcado ancestral que ha tenido sus propias pautas de explotación, de opresión y por tanto ese sistema ha sido construido sobre el cuerpo de las mujeres.

Por otro lado, ella tiene una postura interesante sobre la sexualidad de las mujeres a lo largo de la historia:  no cree que las mujeres siempre hayan estado con los hombres, de hecho, cuenta que en su familia o en la comunidad de su madre siempre hubo tías que vivían con otras tías y no se les llamaban lesbianas, no se discutió nunca si tenían relaciones entre ellas, pero funcionaban así. Por eso entiende que la sexualidad es el otro gran espacio a descolonizar y despatriarcalizar en este territorio.

ESI, ESI y más ESI

ESI para comenzar a penetrar la capilaridad de los infantes y habilitar devenires libres que valoren las diferencias, que quiebren con los mandatos y estereotipos que la cultura cis hetero normativa y patriarcal impone para prevenir violencias, sufrimientos y evitar que esos icebergs sigan creciendo

ESI para conformar grupalidad, para tramar y tejer redes que nos sostengan, aniden y alojen.

En este sentido, podríamos pensar que la ESI debe, como carácter esencial, ser hospitalaria, como bien describe Jacques Derrida para así poder alojar a todos los seres más allá de sus edades y sitios por los que transitan y de esta manera ser una gran herramienta de prevención tanto de enfermedades, de embarazos no deseados, de abusos y sobre todo de la violencia de género y las diversas violencias posibles generando un espacio de confiabilidad que aloja al ser en su hacer y estar, un ámbito subjetivaste donde la persona se sienta comprendida, escuchada y no juzgada.

Concluyo esta columna con una frase del escritor Fernand Deligny en su libro Lo Arácnido: “Los trayectos tienen una red, son la red y se hacen en red. Así de lo arácnido, nuca se sabe si trama o es ser tramado”.

Carla Elena. Autora de “Esi, haciendo camino al andar” y capítulos y prólogos de varios de diversos libros. Psicóloga Social. Diplomada en “Violencia Familiar y Género”. “Derecho de Niñez y Adolescencia”. “Discapacidad”. “Psicopatías” y “Educación en Contextos de Encierro”, “Sexualidad y Discapacidad” y “ESI en Territorios”. Posgraduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. “Despatologización de las Diferencias” y “Adolescencia, Suicidio y Autolesiones”. Miembro de Forum Infancias. Docente. Columnista de Sudestada y El Furgón. Participa en Radio Tinkunaco y Radio Gráfica en temas sociales. Trabaja en la CONADI. Tw: @Carla_Elena5. Instagram: @carlaelena5. Mail: carlaelena74@hotmail.com

Ilustraciones: Laura Jaite05