lunes, junio 17, 2024
Géneros

ESI para todes, una oportunidad que no debemos ni podemos perder

Reflexionar y pensar sobre la Educación Sexual Integral (ESI) nos conduce a un abanico de espacios diversos y, por ende, nos permite abordar la temática desde distintos estares y transitares. Es fundamental comenzar por comprender que no sólo tiene lugar en el ámbito educativo, sino que su aplicación y trabajo también lo es en una plaza, en el barrio, en una empresa, en una oficina, en un boliche, en las mesas familiares, etc. La ESI nos sugiere y propone un cambio de mirada, un quiebre en los estándares estereotipados y estructurados impuestos por una cultura hegemónica y dominante. Un cambio de paradigma.

De esta manera, la ESI ajusta sus contenidos y métodos a las características y formas de expresión más comunes del momento evolutivo del desarrollo biológico, psicológico, sexual y social por el que transitan los grupos, a fin de lograr experiencias significativas de aprendizaje que favorezcan el proceso de maduración que están viviendo. Se reafirma el compromiso con una perspectiva de equidad de género; explora los roles y atributos de género como una construcción social; indaga sobre las identidades de género desde las infancias, promueve el análisis de las percepciones de masculinidad y feminidad dentro de la familia y a través del ciclo de vida; las normas y valores cambiantes en la sociedad; se impulsa la identificación de diversas manifestaciones de los prejuicios, los estereotipos y la desigualdad de género y favorece el análisis de sus consecuencias. Podemos asegurar que la ESI también promueve las relaciones saludables entre los seres.

La ESI propone una cultura de la prevención y del cuidado de la salud sexual y reproductiva; facilita procesos de adquisición de información, de revisión de pautas de conducta y de desarrollo de habilidades que empoderan a los grupos y les ayuda a mitigar algunos riesgos que pueden afectar su salud. Articula sus acciones con otros sectores sociales y de servicios de orientación y atención de la salud sexual y reproductiva.

Impulsa y difunde el conocimiento de los derechos humanos internacionales y de las políticas, leyes y estructuras nacionales; defiende los derechos a elegir y la participación ciudadana. Plantea entre sus objetivos el disfrute y cuestiona las barreras sobre el erotismo que limitan la sexualidad a la mera función reproductiva. Cuestiona creencias que asocian, de manera errónea, al sexo con enfermedad y/o pecado. Propone una visión integral de la sexualidad.

Es fundamental como sociedad comenzar a ponernos los anteojos de la ESI como mencionan en su libro, “Cómo abordar la ESI”, Agustina Graziano y Juliana Garriga, esto implica en primer lugar aceptar que nuestra propia sexualidad se pondrá en juego, también nuestros prejuicios, cultura, costumbres, deseos, intereses y todo aquello que implique y forme parte de nuestra sexualidad y por ende nuestra subjetividad.

Abanicos inclusivos de todas las sexualidades

La sexualidad nos atraviesa. Nos conforma. Somos seres sexuados de derechos y sexuales desde que nacemos y a lo largo de toda nuestra vida. La sexualidad está vinculada a todas nuestras expresiones, estares y transitares. Se ha constituido siempre en una herramienta de poder, al igual que las representaciones validadas en las distintas etapas históricas respecto de la diversidad funcional. Todos y todas poseemos un equipaje sexuado que es a la vez privado, público e histórico. Desde el comienzo de nuestra vida nos sexuamos y, por ello, nos diferenciamos. Nos hacemos individuos, es decir; sujetos sexuados y, por lo tanto, distintos los unos de los otros, menciona el escritor Efigenio Amezúa. Veamos conceptos que nos acompañarán durante toda la formación:

Condición sexuada: todos los seres humanos somos sexuados, es decir, nos construimos por razón de sexo. Es imposible no ser sexuado. Este concepto resulta imprescindible para dejar de lado las discusiones respecto de si se es o no sexual, por tener una discapacidad.

Sexuación: este concepto es fundamental desde la teoría del Hecho Sexual Humano, se entiende por sexuación el proceso de construirse como ser sexuado. Esto sucede durante toda la vida de las personas y se produce a niveles diferentes (cromosómico, hormonal, crianza, etc) de manera que se habla de sexuación biográfica. No se trata del desarrollo de un sólo aspecto sino de muchos con diversas intensidades e importancia en los momentos del ciclo vital.

Sexación: se refiere al etiquetado sexual que se hace en sentido personal y social. Corresponde a la clasificación binaria de hombre/mujer que cada persona hace, de uno mismo o de otras personas. Aunque podemos mencionar dos sexos, no podemos etiquetarnos solo en uno de ellos. El proceso de sexuación hace que todas las personas que entran en el mismo etiquetado sean distintas, de forma tal que habrá muchas maneras de construirse como varón o como mujer.

Mural de ESI. (Foto de Jimena Gallo)

Un nuevo discurso

Cuando nos referimos a la discapacidad hablamos de personas que constituyen un colectivo que experimenta ciertas condiciones de existencia relativamente homólogas, debido, fundamentalmente, a las imposiciones de las que son objeto por los entornos en los que conviven. Por ende, su constitución como colectivo no es consecuencia de una homogeneidad intrínseca, sino fruto de una homologación impuesta; y en ella, juega un papel fundamental la catalogación médica de la que son objeto esas personas.

La discapacidad es concebida, en general y por la gran mayoría de las personas, como la consecuencia de una deficiencia fisiología que padece. Por tanto, remitiría a un substrato fisiológico y expresaría una situación individual. Desde esta óptica, el modo adecuado de abordar el “problema” de la discapacidad implica un tratamiento individualizado enfocado hacia el déficit específico del que se trate en cada casa; será la ciencia médica la encargada de dicho tratamiento puesto que ese déficit fisiológico va a ser entendido como una enfermedad.

Sin embargo, en los años ’60 surgió un discurso alternativo y crítico, gestado dentro del propio colectivo de personas con discapacidad. Arranca en EEUU con la promoción de la “Filosofía de la Vida Independiente”. Algunas personas con discapacidad se rebelan frente a las imposiciones médicas, institucional-rehabilitadoras, y reivindican el derecho a decidir sobre sus propias vidas por ellos mismos, en lugar de estar sistemáticamente sujetos a las directrices de los expertos. Desde este movimiento se va a concebir que la discapacidad no reside en un substrato fisiológico deficiente, sino en unas estructuras sociales que no tienen en cuenta las auténticas necesidades de las personas con discapacidad y las marginan y excluyen de la participación en la vida colectiva.

En tal sentido es preciso que comprendamos que todos somos sujetos que debemos y queremos disfrutar de nuestra sexualidad. No podemos obturar o invisibilizar a las personas con diversidad funcional. Es nuestro deber como seres sociales y como Estado proponer, abordar e implementar políticas públicas inclusivas y en este sentido la ESI es fundamental para ello. Debemos dejar de tener una ESI selectiva para transformarla en una ESI inclusiva.

Es esencial comprometernos entendiendo que la discapacidad tiene que ver con un hecho social del cual muchas veces las familias son parte por temor. Si continuamos encasillando a los seres con discapacidad como ángeles o fenómenos solo conseguiremos obturar la sexualidad de esas personas, lo cual no implica que no la tengan sino que su devenir será muy infeliz y claramente falto de derechos.

El objetivo a conseguir sería poder valorar las peculiaridades eróticas en lugar de patologizarlas o criminalizarlas por sus posibles riesgos. En definitiva las particularidades eróticas son la mejor muestra de la diversidad y variedad de los deseos y sus formas de expresión, vivencia, gestión y satisfacción que los individuos pueden desarrollar por el hecho mismo de ser sexuados.

En palabras de Giles Deleuze, filósofo francés, debemos desterritorializarnos para poder conformar entre todos/as un territorio nuevo más justo e inclusivo.

Carla Elena. Autora de “Esi, haciendo camino al andar” y capítulos varios de diversos libros. Psicóloga Social. Diplomada en “Violencia Familiar y Género”. “Derecho de Niñez y Adolescencia”. “Discapacidad”. “Psicopatías” y “Educación en Contextos de Encierro”. Posgraduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. “Despatologización de las Diferencias” y “Adolescencia, Suicidio y Autolesiones”. Miembro de Forum Infancias. Docente. Columnista de Sudestada y El Furgón. Participa en Radio Tinkunaco y Radio Gráfica en temas sociales. Trabaja en la CONADI. Tw: @Carla_Elena5. Instagram: @carlaelena5, Mail carlaelena74@hotmail.com.

Portada: Foto de la Municipalidad de la ciudad de Corrientes.