jueves, junio 20, 2024
Cultura

Dos hermanos, dos poemas

El drama de los Machado fue solo un extracto del dolor de la guerra civil en España, pero altamente significativo. Manuel y Antonio -vencedor y vencido-,  pertenecientes a la generación literaria que renovó las letras españolas, apartaron sus caminos en plena lucha fratricida. Aquí les presentamos dos poemas, el primero de autoría del reconocido, cantado por artistas contemporáneos y poeta exiliado, el segundo del devenido burócrata franquista. Elecciones para pasar a la Historia.

Antonio Machado: “El mañana efímero”

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Este poema integra  la obra Campos de Castilla (1912). Aquí Machado ya ha evolucionado como poeta, alejándose del Modernismo y más cerca del Realismo que caracterizó a la Generación del 98.  La estructura externa es de una “silva”, métrica que conjuga versos endecasílabos y heptasílabos de rima consonante. Nos narra por un lado la visión que tiene de  la España de inicios del siglo XX, un país anclada en el pasado. Critica sus defectos y sus tradiciones que contribuyen a su estancamiento; pero por otro lado expresa su optimismo y deseo por un futuro próspero, gracias a la juventud trabajadora y progresista que propiciará el cambio.

Manuel Machado: “La copla”

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Los versos resultan una exaltación del cante andaluz, tan denostado durante mucho tiempo. De carácter eminentemente popular, pues, como bien dice él: ‘Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son…’. Con forma, precisamente, de copla y rima asonante, Manuel va explicando cómo, al llegar al pueblo estas composiciones se convierten en anónimas y ahí reside su grandeza, pues ‘…Al fundir el corazón/ en el alma popular,/ lo que se pierde de nombre/ se gana de eternidad’. Es, sin duda, un poema, que responde al gusto noventayochista por buscar las raíces populares de España.

Los últimos años de los Machado fueron atroces. Sus circunstancias sintetizaron como pocas la tragedia vivida por España. Los dos hermanos, siempre unidos, quedaron en bandos opuestos: Antonio en el republicano y Manuel en el nacional (Director de la Hemeroteca Nacional y el Museo Municipal de Madrid). Un día de 1939, el funcionario del “generalísimo” se entera por el periódico que su hermano, exiliado con la madre de ambos, ha muerto. Consigue, a duras penas, pasar a Francia y llegar a la localidad de Colliure y, una vez allí, revela que su madre también ha muerto meses antes. Es la personificación de una catástrofe. Dicen que al momento de recibir la noticia del deceso de su madre, se le oyó decir: ‘Que la vida se tome la pena de matarme, / ya que yo no me tomo la pena de vivir’. Dejaría este mundo en 1947, prácticamente olvidado.

Foto de Portada: Los hermanos Manuel y Antonio Machado. Fuente: https://serespensantes.com/manuel-machado/untitled/