lunes, junio 17, 2024
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¡Horacio Accavallo Campeón Mundial! Un ícono peronista en un registro fotográfico olvidado

El 1 de marzo de 1966 en Tokio, Horacio Accavallo derrotó a Katsuyoshi Takayama. Se consagró campeón del mundo de la Asociación Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial de Boxeo en la categoría Mosca. Siete días más tarde, Accavallo apareció en la tapa de El Gráfico en los momentos después de su victoria, cansado pero sonriente. Así figura en la mayoría de las fotos mediáticas en los días después de su triunfo —un boxeador joven, feliz, y lleno de energía. Aparece así también en su momento de conquista en la película biográfica Destino para dos (1968), en la cual Accavallo se interpretó a sí mismo.

Pero el fotógrafo H. Menis, trabajando para el periódico porteño El Mundo, tuvo otra visión del campeón. En una serie de fotos tomadas el 3 de marzo documentando la vuelta de Accavallo a Ezeiza y el desfile acompañándolo hasta Luna Park, Menis presenta Accavallo como el deportista peronista icónico. En su foto más notable, “Caravana de camiones por la calle Corrientes”, Accavallo no figura. De hecho, sin las demás placas en la serie, no hay enlace a Accavallo. La foto queda fechada por una marquesina de la película “Cat Balou: Tigresa del Oeste”, de Jane Fonda, que llegó a la calle Corrientes el 19 de enero de 1966. En la foto, Menis ilustra la entrada triunfal a la capital de Accavallo y de sus fanáticos, y de la bajada de Corrientes como un desfile peronista de antes. El camión Mercedes lleva unos cuarenta o cincuenta chicos y hombres jóvenes, varios sin camisas. Algunos celebran agitando las camisetas. A diferencia de un hombre parado en frente y al lado del camión, algunos en el camión son gente de color. Vestido de saco y corbata, el hombre de al lado, vestido con un traje cruzado que lleva un maletín, parece no ser consciente del camión ni de sus pasajeros.

En una segunda foto (“Caravana por la calle Corrientes”) de un segundo camión, aparece lo único que faltaba en la primera foto—el bombo.

¿Qué quiso decir Menis?

A pesar de la proscripción, en 1955, del peronismo, de toda actividad política peronista y de todos los símbolos del movimiento, ningún argentino creyó que el justicialismo había sido eliminado. Al contrario, en el sindicalismo y en la política seguía la actividad peronista, a veces abiertamente, a veces justo debajo de la superficie, como en el pacto Perón-Frondizi de 1957. Pero más allá de eso, el peronismo sobrevivió como un sentimiento popular más allá de la política. En 1993, el director Leonardo Favio captó aquella pasión en las palabras del boxeador José María Gatica. En la película Gatica el mono, después del golpe de estado del ’55, de la violencia contra los peronistas, Gatica comenta: “Si yo nunca me metí. Toda la vida fui peronista. Nunca me metí en la política.”

Como cualquier fanático de boxeo, Menis se habría acordado de la conquista del título del primer campeón del mundo argentino, Pascual Pérez, en 1954. Dedicó la pelea a Perón y cuando volvió de su victoria en Tokio, el Presidente lo esperaba en Ezeiza. Menis quiso mostrar la fuerza del peronismo, a diez años de la Revolución Libertadora y apenas cuatro meses antes del golpe de estado de la Revolución Argentina. El fotógrafo apreció lo simbólico del momento.

El peronismo valoraba el rol del deporte en la modernización de la Argentina. Perón se interesaba en el boxeo en particular no solamente por su propia trayectoria como púgil aficionado. Si el deporte ofrecía un camino hacia la dignidad y la movilidad social en la nueva Argentina peronista, el boxeo representaba el caso más notable del triunfo del obrero argentino. El boxeador exitoso se conoció como el obrero ideal peronista. Por lo general, los boxeadores favoritos de Perón —profesionales y aficionados de barrio— como Gatica, tuvieron en común una infancia de pobreza extrema que Perón prometió elimina para todos los argentinos. Eran hijos de inmigrantes europeos o migrantes del interior del país a las ciudades. Y a pesar de sus estaturas bajas (generalmente, de categorías boxísticas ligeras), eran luchadores, inteligentes, y capaces de triunfar contra todo pronóstico para cambiar sus vidas. Como en el caso de otros pilares culturales del peronismo, la idea del boxeador como el obrero ideal peronista sobrevivió. En el partido de Tres de Febrero, por ejemplo, duró hasta 2015 y el fin de la intendencia de Hugo Curto, el último barón del conurbano, donde en los gimnasios del municipio, seguían introduciendo a chicos de pocos recursos al boxeo para formar su carácter y su identidad peronista. En Accavallo, a diferencia de El Gráfico y de otros medios, Menis vio un campeón peronista.

En tres fotos más, Menis representa Accavallo como tal ícono peronista. Dos imágenes muestran a Accavallo bajando del avión en Ezeiza. Con un traje demasiado grande, parece muy pequeño, pero a su vez, triunfador. En una de las fotos, aparece la palabra “Lanús” sobre la bandera argentina, el partido donde Accavallo pasó su niñez y donde hubo agrupaciones peronistas fuertes antes de 1955.

Horas después, en la tercera y última foto del día, un Accavallo cansado está ahora sentado en Luna Park. La talla de su ropa queda todavía más clara, y el boxeador todavía más pequeño queda sentado, dando un beso a la cámara, rodeado de gente, pero solo y quizá perdido.

Dos últimas fotos cierran lo que Menis cuenta de Accavallo. El 11 de agosto de 1967, Accavallo peleó exitosamente en la tercera y última defensa de su título, frente al japonés Hiroyuki Ebihara. Cuatro días después, en la tapa de El Gráfico figuró un imagen famosa de Oscar “Ringo” Bonavena llevando Accavallo a los hombros arriba del ring en Luna Park. Accavallo parece tranquilo, sin evidencia de daños físicos mientras que saluda con el brazo izquierdo su trofeo de campeón. La versión de Menis es distinta. La cara de Accavallo queda desfigurada por los golpes de la pelea y quizá de la vida. Arriba de la foto en El Gráfico están las palabras, “Accavallo: Su mejor pelea de campeón.” Pero en realidad, ganó por unos puntos y sorprendió a sus fanáticos poco después con su decisión de retirarse del ring.

El 6 de septiembre de 1966, Carlos Monzón se convirtió en un héroe deportivo nacional cuando derrotó a Jorge “El Torito de Pompeya” Fernández, para el campeonato argentino de los medianos. En la foto de Menis de la celebración afuera de Luna Park, no hay un desfile “peronista” como lo de los camiones que acompañaron a Accavallo desde Ezeiza seis meses antes.

Ironias en el fondo

A principios de los años cincuenta El Mundo tuvo un perfil pro-peronista. Después del golpe de estado de 1955, siguió apareciendo bajo intervención estatal durante un tiempo. Fue uno de los pocos periódicos porteños que se opuso a la interrupción de la democracia de 1966 y por razones financieras (y probablemente su enfrentamiento con el gobierno militar) dejó de aparecer en diciembre de 1967. Menis se habría dado cuenta de la fuerza de sus fotos en un ambiente político hostil al peronismo.

Como en los casos de Gatica, Andrés Selpa, y Alfredo Prada, la vida de Accavallo tuvo elementos emblemáticos del obrero peronista. Sus padres eran inmigrantes trabajadores. Creció en Lanús en una pobreza dura. Al igual que Juan Martín “El Látigo” Coggi, a sus catorce años Accavallo peleó con adultos en la calle por unos pesos. Antes de su ascenso en el mundo del boxeo, laburaba de un poco de todo, incluido recolector de basura y, como Monzón y muchos boxeadores más, lustrador de zapatos.

Pero Accavallo nunca se autoidentificó como peronista. Como el campeón mundial colombiano Fidel Bassa tuvo una carrera de campeón muy corta, pasó inmediatamente y con mucho éxito a ser un comerciante, sin ningún interés público en la política. La película biográfica de Accavallo, Destino para dos, con Accavallo en el papel de Accavallo, parece más una película de la onda de Palito Ortega que una obra de Leandro Favio. Accavallo figura como un argentino de clase media moderna de los años sesenta. El director de la obra, Alberto Du Bois, también dirigió Los torturadores (1956), una película que intentó validar el derrocamiento de Perón en 1955.

No se sabe si Accavallo vio las fotos de Menis. En las muchas entrevistas que se le hicieron en las décadas que posteriores, Accavallo habló del peronismo. A veces, le preguntaron: “¿Qué hubieras hecho si no hubieras sido boxeador?”. Siempre contestó lo mismo. Habría arrancado como un comerciante mucho antes.