jueves, junio 20, 2024
Nacionales

Martín Guzmán, o el discurso del método

Por Eric Calcagno y Maillmann*/El Furgón –

Las críticas realizadas al Ministro de Economía Martín Guzmán no sorprenden, como tampoco sorprenden los críticos que las realizaron.

En un análisis sintético, las críticas apuntan a un supuesto “financiamiento del sector público que implica un ajuste a los privados”; señalan la falta de plan económico; critican al keynesianismo como doctrina de los “políticos”; apelan al achique del Estado para bajar impuestos y “darle respiro a los privados” que serían los “únicos que generan riqueza”. En ese contexto sostienen que la Ley de Solidaridad no es más que un engaño para sacarle la plata a los privados y con eso financiar al Estado.

Tal vez les molestó que Guzmán señale que no estará atado a ningún dogma, como también sabemos que Martín no es miembro de ninguna secta.

Parece que más que el discurso de Martín Guzmán, los críticos han aprovechado la circunstancia para volver al re-cuento de lugares comunes con los que los liberales confunden a la economía. Allí encontramos a personas como Cachanosky, Milei, Espert, Giacomini (que trata a Martín de “pibito”), Buteler, Carrino, para sólo nombrar a algunos que fatigan los programas de televisión con mayor o menor grado de escandalete. También Carlos Rodríguez, fundador del CEMA y doctorado en la Universidad de Chicago, le reprochó al Ministro su juventud, así como la supuesta falta de experiencia y la poca representatividad.

Tal vez les molestó que Guzmán señale que no estará atado a ningún dogma, como también sabemos que Martín no es miembro de ninguna secta. De allí que su primer discurso sólo pueda ser el de anunciar las líneas generales de acción, como dice, en un plan integral y consistente. No sólo desde lo económico, que es la esfera donde cunden los mencionados críticos, sino que comprende lo político, de allí la Ley de Solidaridad, que es la palabra culta para Justicia Social.

Néstor siempre duplicaba la apuesta, sin temor a lo que podía perderse, por que en verdad por entonces había poco para perder. Hoy la situación es distinta, las personas son diferentes. Sin embargo, el método vale y demostró su pertinencia tanto en la construcción de poder político soberano como en la resolución de problemas económicos, y en circunstancias de la mayor gravedad.

No entendieron, estos famosos liberales, que Martín Guzmán anunció además  una metodología de trabajo basada en el diálogo. Si el objetivo es cuidar a la Argentina y rescatar la economía de los argentinos, la cuestión del método es fundamental, sobre todo en la situación de extrema fragilidad en la que nos encontramos, en ese “default virtual”, entre otras catástrofes, que nos deja el macrigobierno.

Quizás sea momento de recordar a Néstor Kirchner,  con su particular estilo de ejercer el peronismo. Frente a cada problema, Néstor siempre buscó agrandar los márgenes de maniobra existentes, en una dinámica política, expresada en dos o tres opciones económicas posibles. La acción concreta dependía entonces de las relaciones de fuerza en el momento de tomar la decisión.

Por supuesto, también entra en consideración la personalidad del hombre: Néstor siempre duplicaba la apuesta, sin temor a lo que podía perderse, por que en verdad por entonces había poco para perder. Hoy la situación es distinta, las personas son diferentes. Sin embargo, el método vale y demostró su pertinencia tanto en la construcción de poder político soberano como en la resolución de problemas económicos, y en circunstancias de la mayor gravedad.

Es cierto que el Ministro de Economía carece de ciertas representatividades. No representa ningún consorcio de bancos extranjeros, como tan bien lo hizo el joven Sturzenneger a los 35 años con el megacanje; no pertenece a ningún fondo buitre, como el genial “Toto” Caputo, que nos endeudó hasta cien años; no fue un comentador estrella de los medios dominantes, como el inefable Dujovne, ni le hace negociados a su empresa petrolera a expensas del erario público, tal el divino Aranguren.

Ese método tiene dos características: la claridad en los objetivos y el pragmatismo en las acciones. Esos objetivos generales son los que especificó Martín Guzmán, con la reconocida capacidad docente que ostenta, hecho que le fue hasta reprochado. También explicó que el diálogo, la negociación entre iguales, es preferible a la sumisión automática, digamos al Fondo Monetario Internacional y a sus programas de ajuste. Ajuste tras ajuste no ajusta, diríamos.

Es cierto que el Ministro de Economía carece de ciertas representatividades. No representa ningún consorcio de bancos extranjeros, como tan bien lo hizo el joven Sturzenneger a los 35 años con el megacanje; no pertenece a ningún fondo buitre, como el genial “Toto” Caputo, que nos endeudó hasta cien años; no fue un comentador estrella de los medios dominantes, como el inefable Dujovne, ni le hace negociados a su empresa petrolera a expensas del erario público, tal el divino Aranguren.

Por último, componen el equipo del Ministro profesionales reconocidos en cada una de sus áreas, desde Chodos, experto en descifrar los arcanos del Fondo Monetario Internacional, hasta Arias, que conoce a la perfección el tema tributario. Son profesionales con convicciones nacionales, que saben lo que está en juego.

En cuanto a la juventud del Ministro, pasará con el tiempo. Objetivos claros, acciones pragmáticas, resolución de problemas. El método sigue.

Ex embajador en Francia, senador y diputado nacional.