lunes, junio 17, 2024
Nacionales

La desocupación como flecha

Por Jorge Montero/El Furgón-

Con la supuesta neutralidad de los científicos, organismos gubernamentales dedicados a medir los distintos índices estadísticos y económicos, suministran regularmente precisiones sobre el hambre que cruza nuestra geografía, impulsado por la expoliación capitalista. Ahora conocemos los últimos datos sobre la desocupación proporcionados por el siempre sospechado INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos).

Para el segundo trimestre del año, es decir abril-junio, el porcentaje de personas sin empleo asciende al 10,6 por ciento. Proyectando esa tasa al total de la población urbana, hay 2.050.000 desocupados urbanos, 250.000 más que un año atrás. Si se incluye la población rural, el desempleo golpea a más de 2,5 millones de personas. Siendo las mujeres y los jóvenes los segmentos más afectados. Además, otros casi 5 millones de trabajadores tienen empleos no registrados, es decir “en negro”.

Hasta aquí los fríos números. En una Argentina de tiempos no tan lejanos un cuadro semejante hubiese tenido al movimiento obrero en pie de lucha y al gobierno contra las cuerdas. En 2019 la realidad es diferente. La fragmentación social sin precedentes, inducida y lograda en las últimas décadas, desemboca en una situación de confusión y parálisis de las mayorías. Sólo parece haber acuerdo en que termine pronto la pesadilla macrista. Mientras tanto se reinicia una campaña electoral que, lejos de debatir los grandes problemas nacionales -como la deuda externa-, banaliza la realidad, para adormecer, confundir y desmoralizar a la población.

A través de la consecuente utilización de un discurso propagandístico basado en las cifras de la desocupación y la pobreza, los capitalistas intentan profundizar la caída del salario real. Superexplotar al trabajador empleado, aumentando las horas y los ritmos de trabajo. Embrutecer al asalariado obligándolo a vivir amarrado a su trabajo, sin tiempo para ninguna otra actividad. Amenazar con el “ejército de desocupados” los intentos de organización en los lugares de trabajo. Chantajear e intimidar en los momentos de lucha. Romper la solidaridad entre los trabajadores/as en la práctica, y minar así la conciencia a favor de una conducta individualista. Todo lo cual culmina por impedir la concientización, organización y movilización para la lucha de la clase trabajadora y sus aliados.

De modo que, para conquistar el objetivo inmediato de mayor trascendencia, la unidad social de los/as trabajadores/as, se hace preciso atacar de frente y con todas las fuerzas al principal factor de división hoy en las filas de los explotados: la desocupación.

Mientras la clase dominante negocia febrilmente el pago de capital e intereses de la fraudulenta deuda que nos legaron; los/las trabajadores/as tendríamos que contraponer nuestras demandas: ¡Ni un peso para la deuda externa mientras haya un desocupado, una persona con hambre, sin atención sanitaria adecuada, sin escuela pública gratuita, sin vivienda digna!