lunes, julio 15, 2024
Nacionales

Cuando la dictadura secuestró al gerente de Racing

Por Julián Scher/El Furgón –

Primer aviso: lo que viene no es una primicia.

Segundo aviso: aunque hayan pasado más de 40 años, produce escalofríos leer la frase que sigue.

Ahora sí. La frase: Racing tuvo un gerente general secuestrado, torturado y detenido por la última dictadura.

La noche del 3 de enero de 1977, Benito Gorgonio de Miguel asumió como gerente general de Racing de la mano de Horacio Rodríguez Larreta. Los unía la pasión por la Academia y se conocían de la militancia en el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), capitaneado por Arturo Frondizi, presidente del país entre 1958 y 1962 por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). Duró en el cargo sólo 21 días. La tarde del 24 de enero, en Junín, lo subieron a un patrullero delante de su hijo mayor, lo llevaron a la cárcel de la ciudad y lo golpearon brutalmente. “Los diarios La Razón y La Verdad me bautizaron Camarada Gordo y me vincularon a las organizaciones que el gobierno pretendía exterminar”, detalla. El periplo duró casi dos meses. En el medio, le pusieron varias veces un revólver en la cabeza y lo obligaron a rezar por su vida. En el medio, a través de su hermano, tuvo que renunciar a su puesto en Racing. Recuperó la libertad el 23 de marzo. Faltaban horas nada más para que, en el primer aniversario del golpe de Estado, el periodista Rodolfo Walsh hiciera circular su carta abierta a la dictadura. “Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas”, denunció el autor de Operación Masacre, desaparecido desde ese mismo 25 de marzo –justo cuando la Academia cumplía 74 años-. De Miguel coincidía plenamente con la crítica a la política económica impulsada por José Martínez de Hoz.

Mural por los fusilados del 22 de febrero de 1977

Las historias individuales siempre comienzan antes del nacimiento del protagonista. Benito de Miguel, que no era ni futbolero ni de Racing como su nieto, llegó a Junín en 1905 después de haberse graduado como médico con medalla de honor. Había nacido en Luján en 1882. Lo nombraron jefe médico del Ferrocarril San Martín y se instaló en una pujante ciudad industrial habitada por miles de obreros. La muerte del caudillo conservador de la zona le abrió una posibilidad que no figuraba en sus planes. “Se tiene que dejar la barba para poder hablar de política”, le dijo el tío que lo arrimó a la órbita del poder. Ganó la intendencia por primera vez en 1914. Volvió a hacerlo otras cuatro veces. Siempre como dirigente del Partido Conservador. Supervisó el parto de Eva Duarte de Perón el 7 de mayo de 1919. Fue candidato a gobernador de la provincia en 1951 –perdió con Carlos Aloé, simpatizante de la Academia– y candidato a vicepresidente en 1954. También diputado y senador. “Es un apellido que está por todos lados desde que te traen al mundo”, detalla el periodista juninense Christian Rémoli. Era frecuente que en la calle lo saludaran besándole la mano. Su nieto resume mejor que nadie qué significaba ser un De Miguel en ese rincón del noroeste de la provincia: “De chico, me sentía parte de la familia real de Junín y no podía entender cómo en otras casas no se hablaba de política”.

¿Por qué de Racing? De eso se ocupó Onofre Tallone, su tío materno. ¿Por qué de Sarmiento? Gorgonio, su papá, de Boca y amigo de Alberto José Armando, fue presidente del club durante nueve años. “Renunció a la comisión directiva en 1952 porque se opuso a una cena homenaje a Aloé”, subraya su hijo. Lo designaron como interventor cuando llegó la autodenominada Revolución Libertadora. Peronistas y antiperonistas lo avalaron. Mientras tanto, Benito se dedicó a soñar con el fútbol. Era un buen número dos: doce partidos en 1965 y dos en 1966 en la Primera B. Ya se había destacado en la liga local entre 1961 y 1963. Fernando Bello, notable arquero de Independiente entre los treinta y los cuarenta, fue quien lo paró en la zaga.

Revista Racing, 1977.

Pero su destino era otro. Estudió ingeniería a pocas cuadras de Plaza de Mayo y lo tentó la época. “Quedé impresionado la primera vez que lo escuché a Frigerio”, señala. La impronta de Frigerio, figura clave del desarrollismo en la Argentina y abuelo del ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda del gobierno de Mauricio Macri, resultó determinante para que se sumara a las reuniones que se hacían los miércoles en selectos sitios de Buenos Aires. Ahí conoció a Frondizi y a Oscar Camilión, embajador en Brasil entre 1976 y 1981, ministro de Relaciones Exteriores y Culto en 1981, ministro de Defensa de Carlos Menem y secretario de redacción de Clarín. También a Rodríguez Larreta, quien ya había sido delegado de Racing en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) gracias a su estrecha amistad con Fernando Menéndez Behety, un estanciero de renombre y dirigente ruralista que llegó a la vicepresidencia de la AFA en 1966. De Miguel se afilió al MID en 1972, ingresó en el comité provincial en 1974 y, en los albores de 1976, con 33 años, se transformó en el secretario general del partido a nivel bonaerense. No duda ni un instante: “Me di cuenta de que mi vocación estaba en la política”.

Rodríguez Larreta ganó las elecciones en diciembre de 1976. En un país de votos prohibidos, 2.290 socios eligieron al hombre de 42 años que vivía en Avenida del Libertador al 2300 y que presidía la comisión petroquímica de la Cámara de la Industria Química. Lo secundaron en la fórmula Humberto Capelli y Ernesto Rivadulla. Segundo se ubicó Jorge López y tercero, Enrique Taddeo. El diario La Nación, en su edición del 19 de diciembre, dejó constancia de la contienda en la sección La semana política: “Triunfó con amplitud el señor Rodríguez Larreta, nuevo presidente, pues, de Racing. Pero el hecho político para computar no sólo se integra con el resultado y los nombres comprendidos por la elección, sino por el tipo de acompañamientos activos –unos discretos y otros no tanto- que respaldaron el esfuerzo electoral de cada uno de los principales candidatos. Por lo que se ve, el movimiento juvenil que adhirió a la veteranía del doctor Cereijo no alcanzó para neutralizar el vigor de los apoyos beneficiantes de la presentación del señor Rodríguez Larreta”.

Horacio Rodríguez Larreta asume la presidencia el 3 de enero de 1977. Fuente: Revista Racing, gentileza del Archivo Histórico Racing Club

El general Antonio Merlo, presidente del Ente Autárquico Mundial 78 e interventor de Tucumán hacia el final de la dictadura, apareció entre esos apoyos. Lo aseveró Capelli en una entrevista que la Revista Racing publicó el 19 de junio de 1977: “Mi relación con el general Merlo es la que ha permitido acercar el MAR (el Movimiento Académico Renovador) a su persona, viejo asociado e hincha de Racing. Fue protagonista decisivo en la conformación de este grupo que asumió la conducción de Racing el 3 de enero del corriente año. Sólo puedo decir de él, así brevemente, que es una persona de bien, lo cual es decir mucho… mucho…”. Capelli, abogado ligado a los sindicatos peronistas ortodoxos, ocupó la máxima autoridad del club a mediados de 1978 cuando Rodríguez Larreta dimitió. Varias voces le endilgan un lazo político con Emilio Eduardo Massera. “No me consta pero no lo descarto”, suelta De Miguel. Un dato señala la proximidad de Cappelli con la dictadura: el 17 de noviembre de 1982, asumió como subsecretario del Ministerio de Trabajo que encabezaba Héctor Villaveirán en medio de tensiones alrededor del proceso de normalización de los gremios intervenidos a partir de 1976.

Rodríguez Larreta convocó a De Miguel recién cuando promediaba noviembre de 1976. “A Frigerio no le gustó nada que nos metiéramos en Racing. Consideraba que ir al mundo del fútbol era una distracción”, apunta. Sedujeron a Alfio Basile para que agarrara la dirección técnica. Compraron a Ricardo Julio Villa, que la venía rompiendo en Atlético Tucumán, en una operación que dio que hablar desde entonces. Fue un pase récord para el mercado nacional en un Racing que ya arrastraba serios problemas económicos. Augusto Rodríguez Larreta, uno de los hijos de Horacio, le contó a la periodista Micaela Polak que Antonio Domingo Bussi, amo y señor en Tucumán durante el genocidio, increpó de muy mal modo a su papá cuando se cerró la llegada de Villa. El 10 debutó el domingo 20 de febrero de 1977 ante Chacarita en Avellaneda. Llovió muchísimo e hizo el gol de la victoria. De Miguel no pudo estar en el Cilindro: “Llevaba casi un mes tras las rejas”. Tampoco se enteró de que durante la madrugada del martes 22 fueron fusiladas seis personas contra una de las paredes del Estadio Presidente Perón en un hecho que permaneció en silencio durante cuatro décadas.

De Miguel había viajado a Junín el fin de semana para visitar a su segundo hijo, que estaba recién operado de una hernia inguinal. En la noche del domingo 23 de enero, los grupos de tareas de la dictadura secuestraron a 14 personas. Varias estaban afiliadas al MID e integraban un coro vocal muy prestigioso en la zona. Cuando lo informaron sobre las detenciones, decidió postergar su regreso a Bueno Aires. Se levantó temprano y recorrió la ciudad enfurecido por lo que había ocurrido. A la tarde, después de tomar algo en un club céntrico, lo encerraron varios autos y lo sacaron del suyo a los empujones. Fue a parar a la comisaría. Relata De Miguel que su hermano voló para verlo a Frondizi y que Frondizi le exigió a Carlos Guillermo Suárez Mason, titular del Primer Cuerpo del Ejército, que resolviera la situación en 48 horas. No la resolvió.

Portal del diario “Democracia”, de Junín

Cerca de 10 días demoraron en ponerlo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. “Fui conciente de que eso era existir”, sintetiza de modo brillante. Lo trasladaron a la cárcel de San Nicolás. Cuando lo liberaron, se llevó dos cartas que aún conserva: una, de Suárez Mason; y otra, del coronel Félix Camblor, jefe del Comando de Artillería 101 de Junín. Ambas aseguraban que De Miguel era inocente y que todo había sido un error. Rodríguez Larreta las utilizó para que la comisión directiva de Racing dejara de sospechar de su amigo y autorizara su vuelta al club. El sociólogo Daniel Feierstein explicó recientemente, en una nota titulada “Un campo minado”, las razones que fundamentaron ese dispositivo de disciplinamiento: “Fue necesario –como en los años 70- un verdadero genocidio, que permitiera cuadricular a la sociedad con campos de concentración que irradiaran el terror al interior de cada hogar e instalaran la desconfianza, herramienta fundamental para quebrar la articulación política”. Pudo regresar a Avellaneda como una suerte de secretario técnico de racionalización administrativa.

Boletín Oficial de 1977.

Hasta el horror camina entre paradojas. De Miguel volvió a ver un partido en el Cilindro el 3 de abril de 1977. Racing perdió con River por 3 a 2. No alcanzaron los goles de Villa y de Guillermo Trama. Pedro González, Juan José López y Leopoldo Luque convirtieron para la visita. En el palco presidencial no estuvo Rodríguez Larreta: se hallaba secuestrado en el Pozo de Banfield, uno de los cientos de centros clandestinos de detención instalados por la dictadura a lo largo y a lo ancho del país. Lo habían apresado junto a Hipólito Tuco Paz, ex canciller de Juan Domingo Perón, y al periodista Mariano Montemayor. Estuvo en esa situación durante tres días. Hay una versión que sostiene que algún sector castrense le adjudicaba cercanía al banquero David Graiver, apuntado por ser presunto socio de Montoneros y fallecido el 6 de agosto de 1976 en un accidente de avión que siempre arrojó un manto de sospechas. Y hay otra que argumenta que la ambigua posición del MID respecto a la dictadura –apoyo crítico en lo político, oposición al modelo económico- le puede haber jugado una mala pasada. La realidad es que la presión política en esas jornadas fue alta y que, como consecuencia, al padre del actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lo soltaron rápido.

De Miguel sigue lamentando que el Coco Basile se marchara súbitamente, que a Villa no lo acompañara un goleador de jerarquía y que Rodríguez Larreta no contara con el temperamento suficiente para soportar la tormenta. Lo demás lo procesa con la naturalidad del que acepta que el mundo es complejo y, por lo general, contradictorio. Y agrega que, cuando la dictadura liberó a Juan De Stéfano, dirigente académico desde 1974, dirigente sindical y peronista desde bastante antes, presidente de Racing entre 1988 y 1995 y mano derecha de Victorio Calabró en la gobernación bonaerense entre 1974 y 1976, ellos le armaron una cena de bienvenida en la que fue imposible disimular las marcas de la tortura en las manos del agasajado.

¿Se podía esperar otro gesto de alguien que conocía bien lo delgado que era el límite entre existir y no existir en la Argentina genocida?