viernes, junio 21, 2024
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Mario Santucho: “Hoy la izquierda es el feminismo y aquello que cuestione al sistema”

Por Luis Brunetto/El Furgón – 

Mario Santucho estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires y es director de la revista Crisis. Hijo de Mario Roberto Santucho, secretario general del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y de Liliana Delfino, también dirigente del partido, secuestrados por la dictadura el 19 de julio de 1976, acaba de publicar “Bombo el reaparecido”, un libro que devoré en unas pocas horas ininterrumpidas de lectura irrefrenable. La historia de la posible “reaparición” de un legendario guerrillero de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jimenez”, pretexto para una charla sobre el PRT y los años ’70, la revolución y la izquierda.

El Furgón: – Más allá de contar la historia de Bombo ¿cuál fue el propósito que perseguiste con la publicación de este libro?

Mario Santucho: – Se trata de volver a esas décadas tan intensas, pero desde una perspectiva nueva, generacional, que tenga como punto de partida los desafíos del presente y, por lo tanto, iluminar de otro modo lo que aquella época revolucionaria tiene para decirnos. El personaje que elegí no es casual: el Bombo no era un obrero ni un integrante de la clase media, sino lo que en 2001 se llamaba un excluido, otros llamarían desclasado o marginal. La rebelión no suele pensarse desde esos sectores sociales que hoy son mayoría. Por otra parte, la vida militante de Armando, que era su nombre de guerra, fue casi exclusivamente en la Compañía de Monte y está indisolublemente ligada a la lucha armada. Se trata de una cuestión compleja para quienes nos formamos en otro contexto, donde la violencia ha sido expulsada de la política de una manera bastante hipócrita ¿Cómo podemos pensar estos dilemas sin hacerlo de un modo romántico, anacrónico, pero sin subordinarnos a la hegemonía cultural e ideológica que rige en el presente, que es de terror?

Mario Santucho, autor de “Bombo, el reaparecido”

E.F: – En el libro hay algunas críticas a la experiencia de la Compañía de Monte.

M.S: –  Creo que hay por lo menos dos cuestiones que, a la luz del presente, pero también de los hechos de aquellos años, merecían ser puestas en discusión. Una es la planificación por parte de la Compañía de grandes acciones militares fuera del territorio del monte. Las dos de ese tipo, Catamarca y Famaillá, fueron un fracaso. Creo que fueron desplazamientos respecto de lo que una estrategia de guerrilla rural supone, cuya eficacia depende precisamente de evitar los grandes enfrentamientos para tener siempre la ventaja de volverse invisibles, atacar a través del método de la emboscada, con fuerte dominio del factor sorpresa, etcétera.Por otro lado, las acciones de la Compañía de Monte no estuvieron muy coordinadas, ni en sus tiempos ni en sus objetivos específicos, a la lucha del movimiento obrero tucumano que en ese momento atravesaba un momento decisivo.

E.F: – ¿Creés que el PRT no tenía una inserción real en el movimiento obrero tucumano?

M.S: – No, al contrario: tenía mucha inserción, sobre todo en la clase obrera azucarera. Pero creo que la generación de pobladores que se insertaron en la Compañía no fue la de aquellos obreros perretistas que venían de la estrategia más bien sindical de los años sesenta, incluso con un experimento electoral en alianza con sectores del peronismo combativo. Los que van a integrar la guerrilla son quizás una generación posterior a las luchas contra el cierre de los Ingenios, que en cierto modo hace el balance de esa derrota y asume que no hay horizonte en las luchas legales. Son los que se habían quedado sin empleo, como el mismo Bombo, o el zurdo Jiménez. En Santa Lucía había una camada previa de sindicalistas que llegan a dirigir la seccional y pertencían al PRT, que casi ninguno se integra a la Compañía. Luego,hay una polémica entre Leandro Fote y el Negrito Fernández en pleno campamento guerrillero que es bien interesante.

E.F: – Vos decís que la inserción del partido en el Noroeste, y especialmente en Tucumán, es la base de la decisión de establecerla Compañía allí, pero que no estaba pensada como una pieza del proceso local…

M.S: – Claro. Yo creo que la decisión de abrir la Compañía de Monte responde a una estrategia nacional del PRT, un eslabón en el marco del despliegue de un ejército revolucionario que tenía diferentes compañías en su mayoría urbanas. No era fundamentalmente una respuesta al desarrollo del movimiento obrero tucumano, sino el resultado de una mirada del partido a nivel nacional. Ese lugar fue elegido porque reunía las mejores condiciones geográficas para desarrollarla y por supuesto también era apropiado políticamente, por la inserción que había logrado la organización en la zona. Ahora: ¿cómo se vincula esta experiencia con la lucha del proletariado tucumano?, ¿qué tipo de articulación concreta tiene? Eso es algo difícil de establecer.

Gaviotas Blindadas, historias del PRT-ERP (1º parte)

E.F: – En el libro aparece un personaje real que según vos sirvió para novelar la vida del Bombo.

M.S: – Si, vos te referís a Manolo Avellaneda, que era el dueño del Ingenio, nieto del expresidente Nicolás Avellaneda. El escribió un libro que se llama “Bombo: El último guerrillero”, en el que cuenta una historia muy parecida a la del Bombo real. Avellaneda es un personaje ambiguo, que tuvo simpatías hacia la guerrilla en el inicio y una gran sensibilidad para escribir tres novelas sobre las consecuencias del cierre de los ingenios, una que se llamó “Josefa, el nacimiento de la guerrilla”, escrita en 1970, que anticipa lo que iba a suceder, y otra que se llama “Las lonas verdes” y habla de las primeras villas miserias.

E.F: – Un tipo muy interesante: Por un lado parece simpatizar con la guerrilla, por el otro vos contás que termina siendo amigo de Bussi.

M.S: – Si, es interesante verlo como un personaje simétrico al Bombo. El Bombo tarde o temprano iba a ingresar al ingenio, pero no puede. Y ante la falta de un horizonte de inclusión se compromete e involucra con un proyecto de cambio social radical. Avellaneda es un burgués al que tampoco se lo deja ser burgués porque le cierran el ingenio y entonces tiene un momento de mucha simpatía con dinámicas cuestionadoras del orden existente. Esos desvíos de las biografías previsibles que suelen ser motivadas por las crisis, provocan cruces excepcionales que no se dan en condiciones normales y que pueden ser explosivos.

La Compañía del Monte “Ramón Rosa Jiménez”. Foto: https://santuchovive.wordpress.com

E.F: – Parecido al periodista Rafael Perrotta, aunque él sí tenía un vínculo orgánico con el PRT.

M.S: – Si, otro personaje muy interesante. Son personas que se pueden comprometer fuertemente con una deriva que los saca de su espacio vital, de su biografía predeterminada, en una deriva un poco loca. No es una toma de conciencia, no es que los tipos decían: bueno ahora voy a estudiar marxismo y a empujar las fuerzas productivas. No, en realidad los tipos no queman las naves: se arrojan, pero después cuando las aguas vuelven a su nivel…

E.F: – Bueno yo diría que Perrotta las quema…

M.S: – No sé qué hubiera pasado si no lo descubrían, probablemente se hubiera reciclado como parte de la élite, no sé si tenía otro horizonte.

E.F: – Vos mostrás como la figura de Bombo parece haber tenido una dimensión mítica, tanto para los militares como para los guerrilleros y el pueblo, casi sobrehumana.

M.S: – Yo creo que la figura del Bombo pintaba para mito por su habilidad en el monte, que lo llevó a escapar varias veces de una manera que para quienes no conocían el medio resultaba increíble. Dicen que los pobladores habían comenzado a rumorear sobre sus pequeñas hazañas y se jactaban un poco cuando lograba burlar a sus perseguidores. Entre los soldados y oficiales del ejército también circulaba su nombre y se había convertido en una presa codiciada. Eso explica que ni bien lo capturan en Buenos Aires es enviado a Tucumán como botín y el propio Bussi, jefe del Operativo Independencia y en ese entonces gobernador de facto de la Provincia, se ocupó de torturarlo. Luego lo paseaban por los distintos campos de concentración como si fuera un trofeo de guerra. Luego de la publicación del libro, compañeros a quienes no conocía me han acercado nuevas anécdotas de Armando. Te cuento una que vale la pena: en las postrimerías del año ’75, al día siguiente del asesinato de Asdrúbal Santucho (Chicho) y de Manolo Negrín, cuando una compañía militar tomó por sorpresa el campamento de la comandancia guerrillera donde estaba mi papá junto a otros partisanos y partisanas. Lograron escapar de casualidad y luego de la estampida fueron a refugiarse en un sector del monte que ninguno del grupo conocía bien; se sentían acorralados. De repente y sin que nadie se lo esperara, apareció Armando para guiarlos hacia un lugar seguro. “Si estoy aquí hoy es gracias a él”, me confesó el compañero que me lo contó hace pocos días. Después la figura del Bombo se difuminó de la mente de los sobrevivientes, de los pobladores y de las páginas de la historia. Es otro de los motivos por los cuales escribí este libro: entender los por qué de ese “borramiento”. Y para intentar rescatarlo del olvido.

Gaviotas Blindadas, historias del PRT-ERP (2º parte)

E.F: – ¿Qué creés que pasó con el Bombo? ¿Reapareció o no? 

M.S: – No sé. Lo cierto es que hay muchas versiones de su muerte y ninguna coincide. Hasta donde sabemos, él fue llevado a un centro clandestino de detención y torturado casi hasta la muerte. Pero llegados a este punto contamos con varios testimonios de personas que estuvieron con él en cautiverio,e incluso informes de militares a los que pude acceder, que aportan seis versiones de cómo murió, todas diferentes, tanto en lo referido a la fecha como a la forma en que murió. Para mi tanta discordancia es un elemento sospechoso…

E.F: – ¿Sospecha que te tira para qué lado?

M.S: – Básicamente no hay certezas de que haya muerto. Si hubieran al menos dos versiones que coincidieran y muchas que no, pues las posibilidades serían mucho mayores. Incluso hay un documento militar en el que en una página lo dan por muerto en el ’76 fusilado, y en la página siguiente lo dan por muerto en el ’77. Además su cuerpo nunca apareció, lo cual es bastante lógico porque se trata de un desaparecido, pero en los últimos años en el Pozo de Vargas aparecieron muchos restos de desaparecidos que han sido identificados, entre ellos el del padre del Bombo, pero no el de nuestro personaje. En el libro de Avellaneda del que hablábamos antes, al Bombo lo secuestran, desaparece, pero al tipo lo matan al final.

Trailer del documental “Compañía del Monte”

E.F : – Esa puede ser una salida literaria…

M.S: – Así es. Sin embargo, el hecho de que Avellaneda haya escrito ese libro con tanto nivel de veracidad, para mí significa que lo conoció. Y yo creo que si él lo conoció puede haber intercedido para salvarlo. Por último, claro, el dato que dispara toda esta conjetura es que hay gente en el pueblo que lo vio en el año 2012 más o menos.

E.F: – Así es como empieza el libro…

M.S: – Por lo tanto, desde un punto de vista racional yo creo que él no puede estar vivo. Es decir, lo mataron en el ’77. Hay muchos casos de gente que dice haber visto a desaparecidos y después no se comprueba. Pero además, es realmente improbable que si sobrevivió no haya tomado contacto con su familia. Pero desde otros planos del pensamiento que también entran en juego, más ligados a la imaginación, que quizás no tienen tanta lógica pero existen, yo creo que él puede haber llegado a un acuerdo para que lo liberen con la condición de que nunca más apareciera; y que el tipo haya cumplido con eso.

E.F: – ¿Con la intermediación de este Avellaneda?

M.S: – Exactamente.

Tapa de “Bombo, el reaparecido”

E.F: – ¿Qué balance haces, en general, más allá de la Compañía de Monte, de la experiencia del PRT?

M.S: – Creo que el PRT fue una de las fracciones del movimiento revolucionario más interesantes que hubo en ese momento, una organización que logró convocar a una cantidad de gente impresionante, con una capacidad operativa muy grande, qué expresó muy bien una época y que puso en práctica una hipótesis de ruptura con el capitalismo como pocas veces en la Argentina…

E.F: – ¿Cómo pocas veces o como única vez?

M.S: – De esa manera quizás haya sido la única vez. Aunque hay otros procesos que para mí también son muy interesantes, como por ejemplo la Resistencia Peronista y el 2001, por supuesto. En los setenta la forma que adquirió esa voluntad de ruptura fue la organización de vanguardia, con una concepción marxista.Creo que hay un montón de cosas que aprender de ahí, aunque sean irreproducibles hoy, pero que quedan como un activo muy fuerte. Después hay varias cuestiones centrales que deben ser problematizadas, que por supuesto están en permanente discusión y que cualquier intento de cambio social debe repensar una y otra vez: por una lado, la relación con el peronismo; y por el otro la cuestión de la democracia. Sobre ambas cosas yo hubiera deseado que el PRT tuviera una idea más compleja.

E.F: – Cómo plantearías el problema de la democracia?

M.S: – Mi impresión es que no se puede discutir la relación entre violencia política y democracia en abstracto y menos en un plano moral. En el libro, por ejemplo, me ocupo del caso de la ejecución de los involucrados en el asesinato de Ramón Rosa Jiménez. Desde un punto de vista político esos “ajusticiamientos” tuvieron como efecto que la simpatía general que existía en Santa Lucía por la guerrilla comenzó a quebrarse; es verdad que quizás era un poco romántica y el momento más pesado iba a llegar de todas formas, pero esa intervención fue como un parte aguas, el pueblo de Santa Lucía no lo pudo elaborar, lo vivió como una agresión. Este tipo de efectos políticos concretos es algo que puede y debe medirse, para concluir que hay actos que son eficaces y otros que juegan en contra. Por otro lado, hay también una pregunta sobre cuáles son los confines éticos de una violencia revolucionaria.

Gaviotas Blindadas, historias del PRT-ERP (3º parte)

E.F: – ¿Y cómo ves a la izquierda actual?

M.S: – A mí siempre me gustó esa idea del Che de que “revolucionario es el que hace la revolución”. Eso quiere decir que “la izquierda” es una posición con respecto a un proceso político real. Hoy hay una cultura y una identidad política de izquierda, pero no hay una izquierda en los términos que planteaba el Che. Por eso para mí hay momentos en que el peronismo pasa a ser la izquierda, en 2001 son los movimientos sociales, y hoy la izquierda en la Argentina es el feminismo y aquello que se ubique en una posición de cuestionamiento real al sistema. El Frente de Izquierda, que es hoy la principal referencia electoral y mediática de la izquierda argentina, quizás forme parte y acompañe un proceso de ruptura pero no creo que se constituya en el dispositivo central de ese proceso. Incluso puede darse la situación de que se ubique al margen de un movimiento cuestionador, como ha sucedido varias veces en la historia.No hay dudas que son compañeros y compañeras valiosos y valiosas, como Myriam Bregman por ejemplo.

E.F: – Myriam Bregman está llevando el pedido tuyo acerca del caso de tu papá y tu mamá…

M.S: – Si. Eso está avanzando. Hemos recibido algunas respuestas por parte del Estado, nada muy relevante pero si ciertas cosas sorprendentes que no podemos dar a conocer todavía. Una vez que cumplamos el ciclo de consultas a los distintos organismos, vamos a ver con Myriam la posibilidad de iniciar una causa judicial porque sabemos que el Estado tiene información que no nos estaría dando.

E.F: – Y está la posibilidad crees vos de ubicar los restos de tus padres?

M.S: – La verdad que a mi no es lo que más me importa. Sin dudas recuperar el cuerpo sería una pequeña victoria política, porque implicaría romper un poco el pacto de silencio que todavía sostienen los que participaron de la dictadura. Pero a mi no me interesa mucho ocupar el lugar de víctima. No creo que encontrar los restos me sirva para hacer un duelo o cosas así; cuarenta años después, la verdad que ya tenemos bastante elaborado lo que sucedió y lo que era un trauma individual lo hemos convertido en una lucha social. Tampoco me interesa que haya un mausoleo. Pero, en fin, uno nunca sabe…