lunes, junio 17, 2024
Por el mundo

La pasión futbolística según “Justo y Nico”

Por César R. Torres* y Alberto Carrio Sampedro**, especial para El Furgón –

El régimen emocional del fútbol rioplatense –y presumiblemente también el de muchas otras latitudes– está articulado en base a la pasión exclusiva e incondicional por los colores del club propio. Además, esa pasión se construye como vinculante de por vida, casi imperecedera. De este modo, una vez adquirida y asumida, la pasión futbolística se presenta como ineluctable.  En tanto eje de identidad, requiere lealtad y no es infrecuente que se la asocie con el rechazo por los colores de los clubes rivales, especialmente los de aquellos con los que existe una aversión especial de larga data. Quienes se atreven a cuestionar o, peor aún, a mudar de pasión futbolística, son a menudo calificados/as de insolentes y hasta de traidores/as.

La pasión exclusiva, incondicional, imperecedera e ineluctable del régimen emocional del fútbol rioplatense fue magistralmente expuesta en una escena de la premiada película El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella, basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri. Como afirma el periodista Emanuel Respighi, esa escena es “utilizada una y otra vez para dar cuenta de lo que significa la pasión futbolística”. Ante la pregunta de Pablo Sandoval (Guillermo Francella) sobre qué representa Racing Club de Avellaneda en su vida, el escribano Andretta (David Di Napoli) responde: “Una pasión, querido”, enfatizando cuando se le recuerda los años que su equipo lleva sin salir campeón que “Una pasión es una pasión”. Sandoval aprovecha la respuesta para explicarle a Benjamín Espósito (Ricardo Darín) el carácter de esa pasión. “¿Te das cuenta, Benjamín?”, dice Sandoval, “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión”.

El secreto de sus ojos

Si este conjunto de características impide a los/as futboleras mudar su pasión, la visión de la misma subyacente en el régimen emocional del fútbol rioplatense constituye y consolida ese impedimento. Esta visión es evidenciada en un popular canto entonado en los estadios argentinos, que reza:

ole, ole, ole, ole, ole, ole, ola

ole, ole, ole, cada día te quiero mas

yo soy de (nombre del club en cuestión)

es un sentimiento

no puedo parar

Aquí la pasión futbolística es entendida como un sentimiento irracional e irrefrenable, que invade y (des)controla. En este sentido, la pasión está asociada al padecimiento, al páthos al que se hacía referencia en la Antigua Grecia. Zenón de Citio definió a la pasión como “una conmoción del alma que se opone a la razón recta”. Del mismo modo, Crisipo de Solos sostuvo que la pasión era “una tendencia tiránica”. Más cerca en el tiempo, pero en la misma línea de pensamiento, el filósofo Immanuel Kant manifestó que la pasión es una enfermedad del alma.  Poco es entonces lo que puede hacerse frente a un sentimiento invasivo y (des)controlador que está por fuera de, y en contraposición con, la razón. Así, la pasión futbolística es algo (un sentimiento) que sucede y que al remitir a cierto estado de pasividad o a un fenómeno pasivo (que no se puede parar racionalmente), constriñe en varios sentidos: se presenta como exclusiva, incondicional, imperecedera e ineluctable. Como diría Aristóteles, esta pasión descompensa.

El excelente cortometraje uruguayo Justo y Nico. Una historia de amor más allá de los colores, patrocinado por la Secretaria Nacional del Deporte de ese país y lanzado recientemente, invita a reflexionar sobre, entre otras importantes cuestiones, la caracterización, los supuestos y el alcance de la pasión en el régimen emocional del fútbol rioplatense. Para ponerlo de otra manera, invita a problematizar la supuesta irracionalidad de la pasión futbolística. Lo hace a partir de una historia tan desgraciada como conmovedora. Una historia, como resalta la producción del cortometraje, “potente y auténtica, que tiene sus raíces en el amor entre un padre y un hijo”, que “nace de una decisión irracional que brota del alma transformando cada partido en un reencuentro, en un homenaje”.

Justo y Nico – Una historia de amor más allá de los colores

Justo Sánchez es un ferviente y caracterizado simpatizante del Club Atlético Cerro, situado en el montevideano barrio de Villa del Cerro. Nico, su hijo, también se convirtió en un entusiástico futbolero, pero la afición era por Rampla Juniors Fútbol Club, el acérrimo rival barrial. El antagonismo divide al barrio, al menos futbolísticamente. En 2016, al regreso de un partido entre Rampla y Club Atlético Atenas de la Ciudad de San Carlos, Nico falleció en un accidente automovilístico. Justo, profundamente apenado y enfurecido por la situación, primero quiso destruir los símbolos de Rampla que Nico tenía en su habitación. A pesar de ello, decidió, como muestra de amor paterno y para honrar la memoria de Nico, asociarse a Rampla y alentarlo con el mismo fervor y consistencia que antes le profesaba a Cerro. En cada partido, Justo y Nelly, su esposa, cuelgan una bandera con la leyenda “Nico siempre presente”. Si bien el barrio participa en la decisión de Justo, dado el régimen emocional del fútbol rioplatense, algunas personas dudan de su transformación. Por ejemplo, un entrevistado afirma: “Si es hincha de Cerro, no dejó de ser nunca hincha de Cerro. Ahora es hincha del hijo”. Justo, comedido pero apasionado, cavila sobre esas emociones complejas y sostiene: “mi sangre va a ser cerrense hasta que me muera, mi corazón de Rampla”.

Con su decisión, Justo cuestiona la presunción de la pasión futbolística como un sentimiento irracional e irrefrenable. Es precisamente a través de la ponderación que decidió apegarse a Rampla. De esta manera, al ser producto de un fenómeno activo, la pasión se convierte, parafraseando a Crisipo, en una tendencia liberadora con potencial para intensificar la vida humana. Asimismo, con esa decisión, Justo también desafía la articulación del régimen emocional del fútbol rioplatense en base a la pasión exclusiva, incondicional, imperecedera e ineluctable. Habría así múltiples razones legítimas para menguar o abandonar temporal o definitivamente los colores del club propio e, incluso, para mudarlos o compartirlos con los de otro club. El amor filial ante la pérdida de un/a hija, la colonización del club propio por dirigentes fascistas y la renuncia de los valores cívicos constitutivos del mismo serían tres ejemplos de aquellas razones.

El reto es entonces darse razones justificables para apasionarse futbolísticamente y para continuar con la pasión futbolística adquirida y asumida. La pasión futbolística razonada, que se forja a fuerza de reflexiones y elecciones diarias, ofrecería un camino posible hacia un fútbol más satisfactorio. Después de todo, ya decía Aristóteles que las emociones, incluida la pasión, son estados afectivos establecidos en parte cognitivamente. Por eso es necesario, como sugiere la filósofa Adela Cortina, “saber valorar qué razones son mejores y peores para actuar de forma […] adecuada”. Y se podría agregar que tal valoración es también necesaria para apasionarse futbolísticamente de forma adecuada. La historia de Justo y Nico resalta que ese apasionamiento puede ser emancipador, si nos disponemos para que así sea. Quizá entonces la pasión por los colores del club propio se convierta en un sentimiento razonado que elegimos no parar.

* Doctor en filosofía e historia del deporte. Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport).

** Doctor en derecho. Docente en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona).

Portada: Foto de la web Justo y Nico