domingo, abril 21, 2024
Cultura

Aprendizaje de una nueva vida en el monte cordobés

Con el pulso marcado por los tiempos de la naturaleza, un niño y varixs adultos experimentan a diario, las lecciones que ella les brinda. En un rincón de las sierras, arden la memoria, los silencios y las señales, enmarcados en un contexto de ensueño.

Por Santiago Somonte/El Furgón –

Hay en la vorágine de la vida rutinaria de las grandes ciudades, en pleno siglo XXI, una serie de factores que influyen, como toda dinámica colectiva, en la vida de sus habitantes. Uno de ellos es la gentrificación, término que marca la tendencia de la última década: barrios tradicionales, de casas bajas e idiosincrasia propia; casi republiquetas a minutos de la Casa de Gobierno, se han transformado en zonas de construcciones modernas, lujosas y  de crecimiento vertical, a partir de sus edificios amenities-durlock, a toda prueba de habilitación municipal. Boom inmobiliario es el eufemismo de este crecimiento sin control.

Dentro de esa masa de millones que van y vienen a diario por las ciudades, hay quienes viven y mueren allí, sin preguntarse demasiado acerca de otras experiencias de vida, otrxs que lo hacen con resignación, y por último, quienes desean huir.

Pertenecientes en su mayoría, a la franja etarea de los ventilargos a los cuarenta y pocos; en pareja, pequeños grupos de amigxs o solxs, muchxs deciden emigrar a lugares con paisajes radiantes de belleza, un aire más limpio y un futuro mejor, valga la cursilería.

Escuela monte – Trailer

Allí, residen uno o varios cambios de paradigma, pues ya no se trata de irse a “probar suerte”, tras unas vacaciones que potencian en el imaginario personal las bondades del lugar o por la necesidad imperiosa de huir del ruido citadino: el deseo de experimentar una vida en clave comunitaria,o una migración con todos los reparos económicos necesarios, dejando atrás hastío y afectos, son también motivos válidos para aventurarse hacia nuevos rumbos.

Las historias de Mariano Raffo (director de seis cortometrajes y Return to Bolivia, film de 2008), y Cecilia Cisneros tienen orígenes diferentes pero confluyen en el valle de Traslasierra, en el oeste de Córdoba con esos componentes y un correlato personal de sus vivencias, el antes, durante y después de su película, Escuela Monte, que atravesó un largo camino, desde su génesis en 2013, hasta su reciente estreno.

El título no se debe a un humilde colegio de un paraje perdido, ni las Waldorf que abundan por aquellos pagos, sino de la propia enseñanza que llega desde valle adentro. Lejos de la ruta 14, columna vertebral de Trasla, el monte escucha y responde sin voz, con caricias visuales de un entorno encantador, ríos cristalinos surcando caminos y las imponentes Sierras Grandes de fondo, o bien, “sacudiendo” con su poder natural, el clima muchas veces hostil y sus inquietantes silencios, en una inmensidad que nos recuerda la pequeñez humana en un entorno salvaje.

Afiche de “Escuela monte”

“Venía de una separación, harta de viajar horas para cursar antropología en la UBA y decidí irme sin conocer demasiado. A través de mi trabajo de fotógrafa y productora de eventos, comencé a colaborar en la construcción de un centro cultural”, cuenta Cisneros acerca de su llegada al pueblo de Villa de Las Rosas, advirtiendo luego, las variables cotidianas de una nueva vida. “A la inversa de muchxs que llegan al valle con una base económica o alquileres que lxs sostienen económicamente, empecé a vivir con muy poco. Allá sino tenes un mango, comes igual, tenes tu huerta, o alguien te da un lugar. Entonces, descubrí un entramado que hasta entonces no conocía”. Sin experiencia previa en películas, en la etapa en que registraba intercambios de semillas y procesos “donde no mediaba la guita”, conoció a Raffo, quien había llegado poco tiempo antes con su pareja, y su bebé,y que también tenía la intención de plasmar esos lazos colectivos del valle.

El monte actúa entonces, como receptor de todos los estados de ánimo, marcando los límites y el pulso diario de quienes llegan de las ciudades, para habitarlo con otra perspectiva. Sus descendientes son quienes zanjan la distancia con las y los Chuncanos, aquellxs que nacieron en las serranías, cuando la zona era un sitio bucólico y poco explotado. Carmelo, hijo del director, es uno de ellxs y con ocho años de edad al comienzo del rodaje, el protagonista principal de la película. Su inocencia, su mirada perdida, a veces pensativo, siempre inquieto, reflejan las enseñanzas monte adentro: pequeñas grandes conclusiones sobre la vida misma.

Imagen de “Escuela monte”

El niño imita las tareas de su padre de un modo lúdico, un aprendizaje casi sin mediar palabra. Así, entra al gallinero de la familia, y advierte rápidamente la falta de tres pollitos: vuelve sobre sus pasos para avisarle y luego mira absorto, como uno de ellos nace y otro muere. Con imágenes en primer plano, el cascarón se abre lentamente, y Carmelo asimila el proceso con naturalidad.

Pronto, la mordedura de una víbora en el hocico de unos de los perros de la casa será un golpe para él, y entonces habrá que apurarse para curarlo. Resolver sin rodeos: la cotidianidad, donde los ciclos de la naturaleza se imponen para bien o mal.

Escuela monte – Trailer

“Los pibes nacen en el monte y viven de una manera libre, alternativa, vienen con otro chip. Una llega con la intención del cambio, y para la solución de los conflictos aplica los métodos clásicos que aprendió de la ciudad. Le enseñas a vivir en libertad, pero sabes que en algún momento hay que poner límites, por más que nos estemos aggiornando en un montón de pedagogías nuevas”, dice Cisneros de regreso en el asfalto porteño.

Las imágenes se entrecruzan. El entorno de plantas, árboles y montañas imponentes de fondo se distorsiona, se vuelve hostil. En un rápido flashback, la quietud genera incertidumbre, los recuerdos urbanos golpean como un látigo en la sien: “¡El bondi, el tráfico, el choreo… no!, ¡basta!”, renuncia convencido Rubén, quien dejó atrás la vida de excesos en la ciudad, y se lo ve de espaldas, pescando a un costado de Raffo padre e hijo, en un lago ancho, típico paisaje serrano, que nos señala nuestra pequeñez a mil metros de altura sobre el nivel del mar y a 900 kilómetros del lugar de las grandes decisiones políticas y económicas.

Los primeros meses, viviendo en una casa precaria, junto a su pareja, sin trabajo y sin dinero no alcanzaron para que emprendiera el regreso a Buenos Aires. Pronto, la gran ciudad será un destino obligado para resolver algunos temas, y luego, por fin obtener el “documento cor-do-bés”, grita sonriente: una catarsis liberadora que deja atrás años de descontrol en un entorno violento.

Imagen de “Escuela monte”

Otro juego de imágenes con música fabril de fondo, una maquinaria que machaca las conciencias, se balancea entre Raffo quemando ropa y objetos viejos, y flashes junto a su compañera, en el balcón mínimo de un barrio porteño. Un despojo consciente de todo lo material, o por lo menos aquello que se quiere dejar atrás.

Claro que la naturaleza se impone en el documental; lo hace a través de primeros planos como el del pasaje expresivo que representa en un baño en el río, un auto zigzagueando a los tumbos, cuesta arriba en medio de una feroz tormenta, o un sol abrasador que doblega en una siesta obligada a un par de perros jadeantes.

Sonidos disruptivos cortan las imágenes en primer plano, marcando las cuatro estaciones del año, que segmentan cronológicamente el documental. Demarcados por el Tiempo Serrano, término elegido por lxs directores para referirse a los silencios tan íntimos como elocuentes, cada frase o acción reflejará una cadencia algo lenta, propia de ese monte que chupa y libera energías, irradiando la belleza inconmensurable de un verdor intenso y una inmensa paleta de colores que muta a cada hora del día.

Lxs migrantes narran sus experiencias, se encuentran: “Los zombies que llegamos”, dice Raffo cuando pinta la charla, asado mediante, acerca de la oleada hippie-migratoria que arribó a Trasla, en los últimos quince años, coincidentes con las grandes inversiones en infraestructura hotelera, que aposentados que nada tienen que ver con ellxs, realizaron en la zona: la gentrificación bajo el tercer microclima del mundo. En tono autocrítico algunos señalan ciertas intromisiones, inconscientes, sin mala intención, ante las costumbres de lxs nativxs. Otros pasajes de la charla distendida reflejan las diferencias entre los segmentos sociales de lxs comensales: los modos de subsistencia en la diaria, en un valle con pocas fuentes de trabajo y bajos salarios.

Imagen de “Escuela monte”

Es que se siente el impacto.A su manera, con la cámara quieta y sin mayores intervenciones desde la dirección del documental, las tensiones y los momentos de alegría surgen naturalmente como el cielo despejado se vuelve gris, e irrumpe sin aviso una fuerte tormenta que baja de las sierras.

Lo idílico se rompe: algunos lazos sociales se disipan por la tensión que genera la propia construcción colectiva, siempre humana, siempre falible. Otros tantos, como radios comunitarias, bibliotecas, organizaciones ecologistas en defensa del bosque nativo y contra los proyectos mineros, crecen como espinillos en cada rincón del valle, generando lazos que se afianzan en festivales, encuentros poéticos, peñas y recitales.

Rocío encargada de la crianza de sus hijas, reflexiona en su casa de Achiras Arriba, un paraje lejos de todo: “Mi familia se rompió el lomo para que tengamos todos las comodidades, y yo sola acá… viviendo en el monte. Cuando llegué me agarraba la cabeza…”. Las trombosis en sus piernas y un posible agravamiento de su enfermedad no la doblegan y el entorno es para ella, un aliciente más para vivir, una esperanza latente: “Quiero hacer una banda de cosas… ¡Garantizame setenta años!”, reclama en un diálogo distendido, con el silencio absoluto del afuera, y las frases que penetran como puntazos sin filo. Cisneros, su interlocutora, destaca esa fuerza, a pesar de las adversidades: “Tiene un espíritu muy positivo, porque la sostienen sus creencias, no la guita”.

Una tormenta eléctrica atraviesa la noche y golpea el techo de la familia de Carmelo. El viento y el agua caída producen un vendaval que al otro día, revelan un panorama revuelto y desolador. En la tierra mojada, un pajarito moribundo que apenas se mueve, es tomado por el niño, que lo lleva al resguardo del hogar. Lo examina tras cubrirlo con un paño por debajo de su cuerpo herido. Carmelo piensa, observa y consulta a su mamá y su papá, sin demasiado éxito. Otra vez, fluye el proceso de la vida y muerte, preguntas sin respuestas. Finalmente el pajarito muere. El niño sale y se lo da en la boca a uno de los perros, “para que se convierta en otro perro”, afirma. Cadena ecológica y lección con moraleja, parecen cumplirse en sólo unos segundos.

Imagen de “Escuela monte”

El pasaje expresivo delinea el cambio de clima: los insectos caminan por la madera y la tierra, la nieve se derrite en una mañana helada sobre las hojas verde oscuras, marcando el comienzo invernal. El camino de tierra y los árboles se vuelven completamente blancos; Carmelo juega exultante junto a una amiga que lo sigue hasta la entrada del terreno que precede a la casa. Al alejarse un poco más, ella le advierte la posibilidad de perderse: “Sino volvemos, sino volvemooos… construimos una casaaaa, en elmonteee”, canta animado. ¿Inconscientemente?,imagina y resuelve una posibilidad de subsistencia. La respuesta del monte, al día siguiente, es una fiebre que lo mantiene en cama, fastidioso. Otra vez el aprendizaje.

Recuperado del resfrío, encabeza la tarea de atrapar una gallina para que la familia almuerce. Será tarea de Mariano, darle muerte, con la mirada atenta del niño. A pesar de haber “aprendido un montón de oficios desde que llegué acá”, recuerda desde el comedor de su casa de piedra, madera y barro, hecha con sus propias manos… no será fácil matar al ave, que resiste a sus torpes embates.

¿Ya se murió?, preguntará tímidamente Carmelo. La respuesta será errática, hasta un desenlace que ambos comprenderán, sin más palabras. Un gato aullando a su alrededor, expectante por la presa, desviará un poco la atención y les evitará, cualquier otro diálogo inútil.

Escuela Monte es el ejercicio que deja atrás la inmediatez y el caos urbano, para adentrarse en un viaje de introspección, en el que hay que cambiar sustancialmente, dejando temores atrás, para no replicar todo aquello que atormenta. La naturaleza es entonces, conductora de belleza y luz a los ojos de quienes la habitan y también la que les marca límites, a todxs por igual. Será tarea de lxs aprendices y quienes quieran llegarse, equilibrar entre los vaivenes de lo personal y un paisaje imponente, un modo de ser un poco más libres.

Escuela Monte ya dio una vuelta por varios espacios INCAA del país. En estas fechas que se vienen, seguirá rodando con su aprendizaje a cuestas por Traslasierra y la ciudad de Buenos Aires:
Córdoba:
Domingo 9 de junio, 19 hs., La Urpila, Quebrada de los Pozos
Sábado 15 de junio, 17 hs., Microcine municipal de Nono
Viernes 21 de junio, 20:30 hs., La Pulpería, Villa de las Rosas
Sábado 22 de junio, 16 hs., Biblioteca de Travesía
Ciudad de Buenos Aires:
2 y 16 de julio, a las 20:00, Ciclo “Documartes”, de la Asociación de Cine Documental ADN, en el Centro Cultural San Martín.
30 de julio, Bar FM La Tribu, horario a confirmar.
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