sábado, abril 13, 2024
Cultura

Cine: La mitad llena y la mitad vacía

Los efectos de una promoción para ver cine argentino llevada a cabo por el INCAA: todo depende según cómo se mire.

Por Fernando Chiappussi/El Furgón –

Del 19 de agosto al 19 de septiembre últimos, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) impulsó una promoción poco habitual: todos los espectadores que fueran a ver cine argentino en salas pagarían el 50% del valor de la entrada entre domingo y jueves. Es decir, elegir una película argentina en el Multiplex costaba la mitad del precio del último tanque de Hollywood: o, lo que es lo mismo, entraban dos por el precio de un ticket convencional. Con la entrada de los estrenos rondando los 300 pesos, el ahorro no es poco y resultó un oasis en medio del fenomenal y omnipresente ajuste.

   El Ángel

¿Por qué se eligieron estas fechas? Tradicionalmente, los peores meses en materia de recaudación en salas son octubre, noviembre y diciembre, en curva descendente hacia el final del año; el primer trimestre, antes igualmente bajo, tuvo una recuperación en años recientes. Haber tomado la medida en un mes del último trimestre hubiera amesetado la caída tradicional en la recaudación (según el Anuario del INCAA, en el período 2013-2017 la taquilla anual aumentó en términos absolutos, aunque la tasa de crecimiento viene bajando desde 2015). En cambio, se eligió uno de los períodos más concurridos del año, el inmediatamente posterior al pico anual de las vacaciones de invierno. De esta manera, el aumento en la taquilla (más del 50% del público eligió ver cine argentino) repercutió no sólo en las muchas películas independientes que se estrenan en los meses más flojos -porque es en esos meses que tienen más posibilidades de conseguir sala-, sino también, y fundamentalmente, en los tanques que la industria nacional reserva para las vacaciones de invierno y luego permanecen un par de meses más en salas, aprovechando esa ubicación preferencial para ubicarse en los primeros puestos de la taquilla anual.

   Ata tu arado a una estrella

¿Será que este año se temía una caída en la recaudación de esos tanques? Veamos: el mes de la promoción se vendieron 1.324.049 tickets para ver cine argentino (el total del período la venta fue de 2.636.284 entradas). Esto, señala el INCAA en su gacetilla, implica una participación del cine argentino en la torta -contando desde enero hasta setiembre- del 14,53%, superando por 3 centésimas el share de 2015, que hasta ahora venía en baja (14,41% en 2016 y 13,16% en 2017). Por supuesto, esto depende de muchas variables: para empezar, de las películas que se estrenan, si hubo un título de gran suceso en el período (tipo Relatos salvajes o El secreto de sus ojos), la cantidad de estrenos disponibles, etcétera. Pero el porcentaje no deja de ser halagüeño… Hasta que uno busca las cifras generales de taquilla de años anteriores: en 2017, por ejemplo, tanto en agosto como en septiembre el público que fue a las salas orilló los 4 millones. Si consideramos que julio, el mes pico, había casi empatado la cifra del año anterior (8,5 millones), hay que decir que la caída interanual de la recaudación general (de 4 a 2,6 millones) fue estrepitosa a pesar de la promoción del INCAA.

   El amor menos pensado

Los títulos argentinos más taquilleros del año al 27 de septiembre son El ángel, de Luis Ortega (un millón trescientos mil espectadores); El amor menos pensado, con Ricardo Darín y Mercedes Morán (764 mil espectadores); Re loca, comedia con Natalia Oreiro (754 mil); Mi obra maestra, de Gastón Duprat (casi 680 mil) y Animal, de Armando Bo (480 mil).  Estos dos últimos títulos son protagonizados por Guillermo Francella. El gran zarpazo del año fue el film de Ortega sobre Robledo Puch, protagonizado por un actor debutante y cuyo atractivo se presume residió, además de la figura retratada, en el éxito de la serie televisiva Historia de un clan, también dirigida por Ortega y basada en un histórico raid criminal (el del Clan Puccio). Es decir, más allá del obvio talento de Ortega -uno de los mejores cineastas de su generación-, todos estos films se apoyan en figuras de la televisión.  El ángel, El amor menos pensado y Mi obra maestra se estrenaron en los primeros días de agosto; Re loca en julio; y Animal, que se estrenó en mayo, se mantuvo en cartel. Finalizada la promoción, Mi obra maestra y El ángel todavía figuran en el top ten semanal (quinta y séptima respectivamente) ahora encabezado por el film de terror anglosajón La monja.

   Piazzolla: Los años del tiburón

Durante este período también se estrenaron muchas películas más pequeñas, en especial documentales, con títulos valiosos como Piazzolla, los años del tiburón (Daniel Rosenfeld), Teatro de guerra (Lola Arias), Años luz (Manuel Abramovich, sobre el rodaje de Zama) o Ata tu arado a una estrella (Carmen Guarini sobre Fernando Birri). Ellas deberían ser las principales beneficiarias del aumento de recaudación, aunque por diferentes motivos -menos salas, menos figuras, menos promoción- no hayan estado entre los títulos más taquilleros del período.

   Mi obra maestra

https://www.youtube.com/watch?v=-L0TS37E4_c

Al comenzar la promoción del 50%, un periodista radial sugirió: “¿Por qué no mantenerla durante todo el año?”  Más allá de la probable queja de las distribuidoras majors, que se concentran en el cine de Hollywood y quizá podrían alegar dumping u otro tipo de competencia desleal, la idea merece ser considerada. Después de todo, los tanques extranjeros siempre han tenido todo tipo de prebendas en su distribución local, como tener las mejores salas y ventanas de exhibición, gozar de costos ya amortizados en sus mercados de origen, un virtual oligopolio entre estudios, distribuidoras y cadenas de exhibición… Hasta el advenimiento del digital, incluso las copias entraban al país pagando un impuesto equivalente al de importar película virgen, merced a gestiones expresas realizadas periódicamente por los lobbistas de la industria reunidos en la Motion Picture Asociation of America (MPAA) en todo el mundo. Tal vez sea momento de pagarles con su propia medicina; en tal caso, sin olvidar asumir -el INCAA o bien el Tesoro Nacional en su favor- el 50% del impuesto para el fondo de fomento industrial que dejaría de recaudarse por la rebaja en la entrada. Sino, asistiríamos a otra función del círculo vicioso de autoajuste y recesión a que este Gobierno viene sometiéndose alegremente desde su comienzo.  Tal vez sea demasiado pedir; pero nunca se sabe. Después de todo, la hija mayor del Presidente acaba de hacer una película sobre la historia de una anarquista.

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