lunes, abril 22, 2024
Nacionales

Alejandro Lavorante: a 55 años de la muerte del boxeador gaucho

En los ’60, Alejandro Lavorante, el ‘boxeador gaucho’, escaló a la fama maratónicamente. Fue la promesa más grande de la región. El negocio valió más que su vida y continuó subiendo al ring, aunque su cuerpo y cabeza se lo impedían. En El Furgón te invitamos a hacer un recorrido por su historia y su evitable final.

“lavorante está que arde / la soga salta en el pecho

al cuadrado va derecho / mete y mete su detalle”

Informe sobre Lavorante, Grupo Barrilete, 1963

Por Juan Agustín Maraggi/El Furgón – 

Gringo fue el apodo que su familia le puso en su Godoy Cruz natal. A fuerza de un físico prodigioso y una desenfrenada búsqueda por conquistar el boxeo internacional, Lavorante se transformó -en poco más de dos años de actividad- en el “gaucho” en el que depositaban las esperanzas del futuro en ese deporte.

Su padre, Alejandro, lo introdujo en el mundo del boxeo desde muy joven. A los diecisiete años se entrenaba en el club Justo Suárez y, midiendo 1.94 con un peso de 98 kilos, debutó en el ámbito amateur con un rendimiento descomunal. Como en ese momento no había peleadores de su categoría en Mendoza, su familia decidió mudarse a Rosario porque su hijo no paraba de noquear contienda tras contienda.

Alejandro Lavorante

Al año siguiente, debió cumplir el Servicio Militar Obligatorio y fue designado al Regimiento de Granaderos a Caballo en la Ciudad. Su porte sorprendió y fue llevado a hacer el servicio como seguridad en la Casa Rosada, en ese momento tomada por Pedro Eugenio Aramburu. Dentro del Regimiento obtuvo el título de campeón de boxeo del Ejército con una racha que hasta hoy no fue batida: cero caídas. El gimnasio donde entrenaba hoy lleva su nombre.

Después de catorce meses en el Servicio y liberado de su yugo, se mudó con el multicampeón Pascual Pérez a Venezuela con la promesa de guantear profesionalmente. Pequeña gran decepción fue desembarcar en tierras bolivarianas y enterarse que la propuesta no existía y, en realidad, les estaban ofreciendo incorporarse en negocios poco claros de venta y compra de autos. Lavorante se quedó en Caracas y consiguió trabajo como mecánico, mientras sus tiempos libres los pasaba entrenando en el gimnasio público de la ciudad. La visita sorpresa al gimasio del histórico campeón de peso pesado -y en ese momento agente descubridor de talentos- Jack Dempsey fue la que inició una rápida y efectiva movilización de contactos para profesionalizarlo en el país del Norte.

Lavorante en la tapa de “El Gráfico”

Unos meses después, ‘Che Argentino’ Lavorante se subió al cuadrilátero para noquear a Dean Bogany en su primera pelea profesional. La locura por Lavorante en Estados Unidos se presentó de manera automática, los diarios se empezaron a llenar de sus imágenes y el argentino respondía con nocauts. Su físico y rostro lo transformaron rápidamente en un ícono del boxeo, siendo invitado por el mismísimo Frank Sinatra a abandonar los rings y unírsele en el mundo de la actuación.

Anuncio de la pelea Clay-Lavorante

En un mes derribó a tres contrincantes y ganó por puntos una cuarta contienda. Sólo en un mes, cuatro peleas, descomunal. Una semana después cayó por puntos ante Roy Harris. Pero la mecha ya estaba encendida.

Lavorante viajó a los cuatro meses a La Habana para enfrentarse a Ray López. Ante la presencia de Fidel Castro el boxeador argentino desplomó a López en el primer round. Ese combate terminó de catapultar su fama a nivel internacional, siendo declarado en el ’61 boxeador del año por la Asociación de Periodistas de Boxeo de Los Ángeles, mientras ocupó el cuarto puesto en el ranking mundial en su peso.

Incesante fue su ascenso y, por lo tanto, también su poco descanso físico y mental. La desidia de su representante, la federación de boxeo y las luces de los flashes empezaron a pasar factura en Lavorante. Desde su debut el 22 de noviembre de 1959 a su última pelea, el 21 de noviembre de 1962 pasaron tres años en los que se subió al cuadrilátero veinticuatro veces; es decir, un promedio asesino de una pelea y media por mes.

El ’62 fue un fatídico año para él, peleando en tres oportunidades en un lapso de seis meses. La primera derrota por KO en su recorrido se dio contra el veterano Archie Moore, el nocaut técnico llegó en el tercer round y debió salir en camilla del Sport Arena en Los Ángeles. Tres meses después le organizaron una pelea contra un joven y desconocido Cassius Clay que venía haciéndose notar en los rings, noqueando a diestra y siniestra a todos sus contrincantes. Clay pronto cambiaría su nombre y pasaría a ser conocido como Muhammad Ali, uno de los mejores boxeadores de la historia. En esa contienda, Lavorante cayó redondo en el quinto round.

No pasaron ni seis meses después de haber sido noqueado dos veces que Lavorante se enfrentó en el cuadrilátero por última vez. El estadio Olympic en Los Ángeles fue la sede seleccionada para su pelea con Johnny Riggins. En el sexto round el gaucho se desplomó en la lona y no volvió a pararse. Cuando levantaron su brazo cayó en seco, Lavorante entró en coma y tras varias operaciones retomaba su conocimiento de manera esporádica, estando sordo y mudo.

La crónica de “The New York Times” menciona a Lavorante

Veintiseis años tenía el mendocino cuando entró en coma. En el ’63 su padre consiguió un permiso especial para traerlo en camilla al país. Tras diecisiete meses de agonía, el primero de abril del ’64 Alejandro Tomás Lavorante, el peleador gaucho, cerró los ojos de manera definitiva. Un futuro que auguraba la conquista del mundo púgil terminó arrebatado por quienes se olvidan del deporte en pos de la ganancia.

En junio de ese año, el poeta desaparecido por la última dictadura militar, Roberto Jorge Santoro, decidió homenajear a Lavorante y bastardear los negocios que desencadenaron su muerte. Junto al Grupo Barrilete editó “Informe sobre Lavorante”, el primero de varios cuadernillos armados por diversos artistas. En la primera edición participaron ocho poetas –Santoro incluído– y significó el inicio de una experiencia que terminó con más de 25.000 ejemplares por tirada. En ese primer número se puede leer el siguiente poema, que sintetiza la importancia del mendocino:

“Informe sobre Lavorante”, del Grupo Barrilete

LLEGÓ LA PRIMAVERA

lavorante viene y va

su brazo baila en el aire

su cuerpo baila en el baile

con el cross

o con el jab

salta su risa con onzas

con su loca manera de golpear

por arriba una cuerda

por el pecho

su corazón del ring hasta el techo

y la cuerda que algún día no da más

 

lavorante sube y baja

baja

cintura que sube

esquiva el sudor

se agacha

su pierna mueve

la deja que ande

o la baila

desabrocha o endereza

su guante

que su silueta alocada

toca su mano

y se viene

aire del aire que tiene

su bata

bota saltando

y el golpe que está pegando

en la tribuna se mete

 

lavorante cierra y abre

su puño llega

despega

desenrosca su coraje

por el  juego de la lona con las piernas

después enreda la cara

traba el músculo

lo saca

pone su nombre en el ranking

pega y pega

nocaut le lleva a las venas

sueña su sueño en el golpe

y hasta el norte se lo lleva

 

lavorante está que arde

la soga salta en el pecho

al cuadrado va derecho

mete y mete su detalle

le dice arriba y abajo

le dice izquierda

el manager

le dice

grito en inglés

la tribuna que lo mira

que no entiende

que no sabe

 

lavorante está que acusa

con derechas

le tocan con izquierdas

el hígado y la boca

le dan a la cabeza

y él se para

y otra vez cae de cara

de boca contra el aire

que se abre con las mañas

que fractura

que el corazón no carbura

y el manager tan feliz

pugilea el púgil gil

y el gringo se cae y cae

y el cerebro no respira

ni respira su nariz

abajo que por arriba

un guante muy elegante

le desarma por el cuerpo su país

y el nocaut está tan cerca

que tan cerca se ve la operación

se ve un vaso de agua con limón

lo que no dicen

la vieja

el mate que no va para la pieza

la maceta donde se cae un malvón

el patio donde se grita un carajo

con lo que da el corazón

 

y hasta el fin gringo muchacho

adentro

y fuera del ring

tu nombre como metralla

que te vas

se fue

lo sacaron por la cara

por el dólar

la cabeza la mortaja

 

si te vas

Alejandro Lavorante

a dios le tiramos la toalla

 

chau hermano

no te vayas