jueves, junio 20, 2024
Cultura

Infancias etiquetadas

“Hablo con vos, te enseño lo que sé y no sé independientemente de quién seas y de qué diagnóstico tengas. Pero al lado de eso sé que hay singularidad. No hay un derecho que garantiza la cualquieridad y singularidad por Ley. Hay una ética que entra en relación con cualquiera y con cada uno”.

Carlos Skliar (2015).

Es necesario tener en cuenta la singularidad, particularidad y mismidad del sujeto, del ser, del niño, las cuales en estas épocas parecen estar en riesgo debido a un exceso de etiquetas y rótulos que encasillar y coartar el devenir del infante. Esto genera una violencia simbólica que va produciendo en una huella, una marca que estigmatiza en pos de diagnósticos a la carta o de respuestas rápidas.

Viñeta de Sendra

¿Qué lugar ocupa, tanto en la familia como en la escuela, este ser que no encaja, que tiene particularidades, que es distinto (como todos los somos)? ¿Qué posibilidades tiene de recibir una educación y conocimiento que le permitan aprender y aprehender a descubrir el mundo y apropiarse de él?

Es imprescindible un sostén educativo (tanto familiar como escolar) donde el sujeto sea inscripto simbólicamente para brindarle un espacio, también material, y comenzar así a trazar su propia historia, real, singular y particular.

¿Dónde está el espacio para ser niño, jugar, fallar, desear y vincularse narrando así su relato si es un ser rotulado y estigmatizado? Qué lugar tiene este pequeño sujeto para ser escuchado, habilitado y así construir y construirse?

Se trata de generar un conjunto de presencias que acompañen a cada ser aceptando su mismidad e impronta. Es imprescindible un sostén educativo (tanto familiar como escolar) donde el sujeto sea inscripto simbólicamente para brindarle un espacio, también material, y comenzar así a trazar su propia historia, real, singular y particular.

¿Por qué resulta tan complejo aceptar que somos seres distintos, otros, cualesquiera e iguales también? ¿Por qué parece tan difícil vivir con la angustia de lo desigual? ¿Por qué negar y obturar lo diferente? ¿Por qué no darle lugar a la emocionalidad para el libre despliegue de la personalidad?

¿qué ocurriría si se habilitaran ámbitos para la transferencia, para la simbolización, para la posibilidad de una reproducción donde circule la palabra, el juego, los dibujos, el arte, donde comenzar a resignificar situaciones y escenas vividas? ¿Qué sucedería si nos animáramos a vivir con lo desigual como valor entendiendo que la equidad e igualdad no son sinónimos?

Byung Chul Han en “La expulsión de los distintos“, menciona lo siguiente: “Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social”.

Me pregunto, ¿qué ocurriría si se habilitaran ámbitos para la transferencia, para la simbolización, para la posibilidad de una reproducción donde circule la palabra, el juego, los dibujos, el arte, donde comenzar a resignificar situaciones y escenas vividas? ¿Qué sucedería si nos animáramos a vivir con lo desigual como valor entendiendo que la equidad e igualdad no son sinónimos?

Es imprescindible comprender que no hay un “ser” por curar y que aunque la angustia por momentos genere una enorme ansiedad, miedo e incertidumbre la opción es transitarla junto con los infantes respetando su singularidad y particularidad generando vínculos confiables.

Los niños necesitan la oferta de un otro subjetivante para su advenimiento subjetivo, para tramar redes vinculares contenedoras y generar un hacer conjunto que les posibilite ser protagonistas de sus propias historias.

Tanto los padres como la escuela y la sociedad entera somos responsables y parte de la construcción subjetiva de los pequeños y es esencial entender que los diagnósticos express (o los sobre diagnósticos) no son la solución sino una estigmatización que solo causa y causará sufrimiento, que obtura, coarta y no permite comenzar a narrar historias ni moldear relatos. Es imprescindible comprender que no hay un “ser” por curar y que aunque la angustia por momentos genere una enorme ansiedad, miedo e incertidumbre la opción es transitarla junto con los infantes respetando su singularidad y particularidad generando vínculos confiables.

Creo que como sociedad todos los actores debemos comprender que los diagnósticos cerrados, unívocos y de una sola interpretación, son estigmatizantes, patologizantes y por lo tanto, desubjetivantes.

Para terminar me gustaría compartir esta frase con la que Juan Vasen comienza su libro, “Niños o cerebros. Cuando las neurociencias descarrilan”: “No sé si habrás visto el mapa de una mente. A veces los médicos dibujan mapas de otras partes de ti (…) pero no es tan fácil trazar el mapa de la mente de un niño. Que no solo es confusa, sino que gira sin cesar”. James Matthew Barrie, Peter Pan, 1911.

Carla Elena. Psicóloga Social, miembro del Forum Infancias. Docente.

Imagen de portada: Viñeta de Sendra publicada en el portal http://www.codajic.org/node/1551