sábado, mayo 18, 2024
Cultura

Una noche con Beatrice Inferno

Alejandro Dongiovanni/El Furgón – Está pesado Buenos Aires, es una sensación de asfixia, que a veces no tiene que ver con el clima. De hecho, podría suceder con el frío extremo, que ahoga de igual forma. Pero es otra cosa, no demos vuelta, reparar en el frío y en el calor en este caso es sólo una excusa, un pasatiempo para no enfrentarnos a la realidad de que algo nos falta y tenemos miedo a perderlo. Hablo de  propuestas musicales, que las hay en demasía, aunque no lleguen a iluminarnos. Las fórmulas están hechas, basta con su combinación para descubrirlas y gritar “¡Eureka!”, porque por suerte están ellos, nuestros superhéroes, Gastón Gonçalvez, Martín Millan y Sebastián Bianchini.

Así se arma la cosa. Tres artistas que conocen la popularidad de tocar ante multitudes -Gastón con Los Pericos, Martín y Sebastián junto a Arbol-, y vaya mérito, porque reducirse es ampliarse, y ellos lo saben. Entonces nuestros héroes prescinden de una organización como la de sus grupos y arman proyectos independientes en partes iguales de amor y talento artístico. El resultado de esta juntada lo vimos en un principio con Oliucanit, un power trío que toca covers de canciones de dibujos animados –Heidi, Astroboy, Tortugas Ninjas, Meteoro, etc. – además de encantadores temas propios (el lanzamiento de su disco homónimo resultó de lo mejor en 2015). Más acá en el tiempo, Gastón se puso el vestido de Beatrice Inferno, creando un personaje que revela como alter ego a una tía sin filtro. Beatrice es color, música y lírica dichosa.

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Y ahí está la tía Beatrice Inferno, en la noche del Buenos Aires denso, festejando su primer año de vida. Por suerte la tía se reserva sólo para el escenario y al bajar es Gastón el que habla: “Resumir mi carrera… qué difícil. Empecé a tocar con Juanchi y el Topo antes de Los Pericos. Teníamos 15 años, la banda se llamaba Los Antonios. Éramos una mezcla New Wave, punk y dark. Luego estuve tres años tocando el bajo con Man Ray, grabé con ellos el disco Perro de playa y, por cosas de la vida, justo cuando se terminó mi paso por Man Ray caí en Los Pericos. Eso fue en 1991 y no hemos parado desde entonces. Este año estamos festejando con un disco nuevo que se llama Soundamérica los 30 años ininterrumpidos con la música. Por el año 1995 tuve una banda delirante de corte punk que se llamaba De la risa y sacamos un disco llamado Danza Jazz. En el 2014 me junté con Sebastián Bianchini y Martín Millan bajo el mote de Oliucanit,  un trío psicodélico y desacatado que hace versiones de temas de dibujos animados y temas propios. Y por último tomó forma a finales del 2015 mi alter ego Beatrice Inferno, una tía que no se guarda nada, y donde saco esas canciones muy mías, una mezcla de inocencia y oscuridad. Desde mi ukelele o volando también con una banda súper delirante y talentosa,  los shows pueden ser íntimos como también viscerales y punks. Con Beatrice Inferno estoy por editar mi primer disco que se va a llamar Moramonos Todos y estimo que va a salir por el sello S-music en mayo y lo presentamos en Santos 4040 el 12 de ese mes”. Y Gastón agrega: “Son diez canciones separadas en dos lados, uno más íntimo y otro más rocker-punk, producido por Sebastián. Ahora me encuentro haciendo videos,  fotos y todo lo que se me ocurre para el mundo de Beatrice Inferno, y  girando con Los Pericos sin parar”.

Gastón calla, y la tía toma la forma de Beatrice Inferno, pero antes de su presentación, a modo de entrada, le cede el espacio a Bianchini, con su Proyecto Volador, un viaje que desde el primer momento nos transporta a mundos fértiles y espaciosos por recorrer, porque no es visto ni escuchado en estas tierras un músico tan versátil que usa como instrumento principal el stick, un instrumento que abarca rangos de guitarra y bajo, conectado a loops y multiefectos que incluyen voces, grabaciones y ambientes que lo acompañan.

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Sebastián es volver a una época en la que se experimentaba, sin abusarse del oyente, y por momentos bien podría ser un Les Luthiers en el arte de dominar un instrumento poco frecuente y letras de humor como Mi papá se fue a comprar cigarrillos a la esquina…, un drama de lo más gracioso.

Bianchini también se comunica con el mundo a pesar de su condición de marciano y cuenta su historial artístico: “Formé parte de varios grupos de rock, siendo el más destacado Árbol (1998-2011). Varias canciones que compuse para este grupo fueron cortes de difusión, obteniendo discos de oro y de platino por Guau y de oro por Chapusongs. Con Árbol grabamos cinco discos y dos dvd’s, giramos por todo Argentina y muchos países de Latinoamérica.
Compuse la música de las películas Aire Libre (2014) y Por Tu Culpa (2010) de Anahí Berneri, la música de la obra de teatro infantil La Hora de (NO) Dormir (2011), de la obra Nelidora (2008) y de ¿Qué te he hecho para que me trates así? (2015).

“Actualmente me encuentro armando mi proyecto solista –continúa Sebastián-, produciendo artistas (como es el caso del disco de Beatrice Inferno a punto de salir editado), tocando con otros músicos, y presentándome con nuestro grupo Oliucanit. También estoy dictando un taller de composición de canciones”.
Sobre su proyecto solista, Bianchini dice: “Busca rescatar las pequeñas cosas de la vida, el azar, el mundo de fantasía, la inocencia, la nostalgia, el adulto que se siente niño, el valor sentimental mediante una estética singular con un humor sutil, además de la reutilización de objetos obsoletos por la cultura del consumo, dándoles un nuevo sentido y obviando las computadoras y los celulares. Mi intención este año es poder registrar en un DVD las canciones de este proyecto”.

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Y cuando el proyecto volador aterriza es el turno de Beatrice Inferno. Gastón y su ukelele, acompañado de bajista, corista, y otra vez juntos, los superhéroes, porque Sebastián es el productor de la banda, además de tocar guitarra y cantar. Se suma, claro, Martín Millan, el otro marciano multi-instrumentista que completa el trío, y que toca la batería y hace coros con el mismo swing, un hallazgo poco frecuente en un baterista.

Martín tiene una vida de música que en vano intenta resumir: “Soy músico, productor, multi-instrumentista, además de haber sido baterista y cantante en la banda Árbol. Actualmente me encuentro con varios proyectos, uno es Pachabeat, proyecto electro-mántrico con raíces autóctonas, acompañado por Tito Losavio (Man Ray) y Corina Laurence. El otro es Oliucanit y éste, Beatrice Inferno, donde somos un colectivo musical de canciones propias, en donde toco teclado y batería, acompañado por varios músicos amigos. Paralelamente hago trabajos como sesionista, grabando baterías para diversos discos de varios intérpretes y compositores”.

Y a disfrutar, Beatrice Inferno tiene un repertorio propio que se las trae, y alterna con covers como Leaozinho, de Caetano Veloso. Y para el final, el rescate de una joya de Los Twist -con Melingo y Cipollati en su esplendor-, el tema Viéndolo, donde Beatrice repite: “Yo lo vi, me sonrió y se volvió a marchar, soy feliz. Ahora sé que soy inmortal”.

No  amigos, no estamos en la Esquina del Sol en 1980; tampoco en el Café Einstein ni en el Parakultural de la década de 1990; y tampoco Charly García está grabando Piano Bar. Esto es Buenos Aires 2017, y los tres marcianos han aterrizado para quedarse.

Y no sea ortiba amigo, si los ve por la calle ofrézcale un vaso de agua, los marcianos la necesitan, y quién les dice que por ahí se quedan, y nos siguen regalando buena música.