jueves, febrero 19, 2026
Cultura

Hugo Francisco Rivella: La voz de Cosquín

En un escenario lleno de voces, fue la del poeta Hugo Francisco Rivella la destacada. “El político que se cree león, pero es apenas una rata”, sigue ensordeciendo en el escenario de “la Próspero Molina” y retumba -cual caja de resonancia- en todo el país. Un acto, el del poeta, que resume una vida dedicada a las formas, pero también al contenido.

Hugo Rivella es un tigre con muchas rayas -podemos tomarnos la licencia-; tantas, que empardan a sus versos. Su primera juventud la desarrolló en los setenta, en una ciudad sitiada por los esbirros del general Luciano Benjamín Menéndez: Córdoba. Había llegado de Rosario de la Frontera -Salta-, atraído por los influjos de la universidad y acompañado de un puñado de poemas. Luego vino la música, la edición y los reconocimientos: Ha compuesto canciones con Carmen Guzmán, Ramón Navarro, Alberto Oviedo, Ica Novo, Chato Díaz, Mario Díaz, Ernesto Romero, Rubén Cruz y Diego Massimini. Participó de numerosos Festivales internacionales de lecturas. Entre los últimos libros editados pueden mencionarse Caballos en la Lluvia, La Canción del Cosmonauta Ebrio y La Ecuación del triste; y de los tantos premios en su haber se destaca el del Fondo Nacional de las Artes, Concurso Nacional de Literatura (Fomento 2001, Argentina).

Hoy, la vida lo ubica en un plano mediático/estelar, arriba de un escenario conocido: el de la lectura, la canción y la contestación; en el medio de este vasto apagón cultural. Pero vayamos a su encuentro, sin tantos ambages, al igual que lo oímos endosar verdades a puños, hace solo unos días…

—Hugo, pertenecer a una de las tradiciones más fecundas de la poesía argentina -la salteña-, y a la vez, por generación, ser un setentista: ¿cómo coexisten en la producción, la lírica depurada del objeto poema con la acción política de la palabra?

Cada uno de nosotros es parte de la eternidad, sobre todo aquellos que dejaron una huella en el tiempo. Decía Leda Valladares que en América latina es más lo que nos han ocultado que lo que nos han destruido. Estar parado ahí es lo que nos define. Los ideales se mantienen. La estrategia de sostenerlos y avanzar es distinta. Se adecúa a los campos de batalla. Y si la batalla es cultural en ese medio tenemos que defenderla.

La Palabra designa al mundo, lo hace visible. Por eso uno busca la palabra que nos defina y nos haga visible. Toda palabra es política y en cada uno de nosotros es lo que nos impulsa a ser. Despierta imaginación. Cada palabra nos lleva a comarcas inimaginadas, por eso, los gobiernos autoritarios, persiguen a los intelectuales, queman sus libros…En definitiva quieren apropiarse de la palabra para esclerosar el pensamiento.

La palabra fuera de uno toma la dimensión del que la escucha, vive, incluso se apropia. La palabra fuera de uno no nos pertenece. Es una rosa invisible en los ojos de Dios.

La poesía es flor de la tierra que se nutre de las vibraciones telúricas y el poeta es la expresión del hombre que habita allí”, decía Rubén Galán en el Manifiesto del Grupo La Carpa. Tu voz en Cosquín, es decir tu poema último ¿recrearía ese sentir?

“La poesía es un arma cargada no solo de futuro si no de “presente”. Nosotros somos lo que hemos vivido y lo que hemos leído. La sombra de un jaguar en la espesura, la niña violada en los andenes, la madre desafiando la intemperie, las calles incendiadas en Vietnam, el mayuato desafiando al Mojotoro. Somos la expresión del hombre y la mujer, de la Humanidad, lo que habremos de aprender cuando desnudos enfrentemos a la tormenta.

Algo pasó en Cosquín.

Algo pasó en Cosquín y nos obliga a preguntarnos, ¿cuál es la razón por la que un ignaro poeta sacuda el corazón de tanta gente y se expanda su voz, y deje de pertenecerle? O en todo caso, ¿fui el poeta que se apropió de lo que fue un rugido?

Obliga a decir la Poesía sigue viva.

Hay una chispa en la oscuridad.

¿Tuviste alguna intimidación por tu lectura en el festival? Sabemos que estamos bajo una democracia, cuanto menos, de baja intensidad. ¿Esperas algún tipo de represalia en los diferentes ambientes que recorres? (En Córdoba a Milei lo votó más del 75 por ciento de su población).

En absoluto. Si no le hacen nada a Santiago Cúneo, que les llama pedófilos, narcotraficantes, gobierno de ocupación, vendepatrias.

¿Una metáfora puede herir más? ¿Ni siquiera una metáfora, si no apenas una descripción sacada de contexto?

Cuando andaba por las calles de Cosquín un montón de gente se paraba para felicitarme, sacarse foto, decirme gracias por lo que dije.

Me emocionaron, incluso ayer una poeta con ideas diferentes a las mías me pidió el poema y lo subió a su muro.

¿Se puede vivir en poesía dentro de sociedades desiguales e injustas como la nuestra?

No se podría vivir sin Poesía. Cada uno de nuestros actos son actos poéticos, acariciar a un perro, ayudar a cruzar la calle a un no vidente, alzar al hijo y besarlo en la frente, conmoverse por el que no tiene para comer. Pensar.

Pensar de qué modos derrotamos a tanta injusticia.

Creo en mi patria, en sus hombres, sus mujeres. Saber que siempre hay una mano tendida para llegar al sol.

Que la Utopía es posible porque existen personan que nos acompañan cada día

La Poesía es el acto de mayor reflexión, tenemos una responsabilidad moral de descifrar lo que nos pasa.

Es una herramienta de liberación.

La Palabra es la más barata de las herramientas comunicacionales. Cada uno de nosotros la tiene. Debemos defenderla. Es el reaseguro de nuestra libertad.

—¿Se enseña a ser poeta como en la antigua Grecia se hacía con los aedas?, ¿se aprende con la gente como en el romanticismo o se siente desde el giro lingüístico? 

La Poesía es un desafío a romper las reglas. Seguramente los talleres dan herramientas y conocimientos para escribir y desarrollar nuestras capacidades, pero creo, respetuosamente, que no nos hace poeta, aunque sí un avezado lector. Necesario lector. El conocimiento amplía nuestra sensibilidad y entonces nos gusta Manuel Castilla y Borges y Rimbaud y Whitman y Perse y Almafuerte y Tupac Shakur

Cierro con esto de Edgar Mosisoli, poeta de La Pampa, un amanecer en el campo estaba cantando la diuca, un pajarito chiquito. Se acerca a un paisano que estaba ensillando su caballo y le pregunta:

-¿La diuca canta al amanecer?

-No. Le respondió:
Canta para que amanezca

 

Y por si no les pareció bueno el final, lo cerramos con la poesía que abrió la segunda luna coscoína:

“Abrir el corazón

arrojar la primera piedra

no es lo mismo que hacer la primera pregunta.

Hoy necesito que nos miremos dentro

que miremos en dónde estuvimos

cuando esta patria que es una herida

que va del norte al sur de los olvidos

Envejece el niño tirado en la vereda.

Pero regresen las rondas que hombres y mujeres construyen

para derrotar sin pausas a la muerte.

Esta plaza en Cosquín, este pueblo

es un ejemplo de lucha, identidad y resistencia.

Hoy debo confesar que he traicionado

más de una vez lo que pensaba.

Que arrojé contra el espejo una piedra

y se quebró mí corazón.

Porque vi arrugas y sombras en mí rostro

y me vi en los restos del espejo sollozando.

He sido conmigo tan exigente como soy con los demás

uno falta el respeto a los que nos sostienen.

Si es con el hijo pareciera que tenemos el derecho a levantar la voz,

humillar sus primeros pasos y después intentar lavar la culpa

cuando lo acariciamos o ponemos en sus manitos una moneda.

Y si es con la mujer que es cómplice y amante y es torrente,

y es madre, y es música y es sosiego y es ternura, y digo más:

palabra inteligente, remolino, quietud, desasosiego.

¿No hemos sido con ella más de una vez intolerantes,

por no decir soberbios, atrevidos, machistas, ordinarios, mentirosos?

Abrir el corazón como si estuviera hecho de pétalos,

y soplarlo sobre el niño inocente.

Soplarlo sobre el corazón del juez, del traidor, del narcotraficante,

del político que se cree un león y es apenas una rata gritando desaforado.

Abrir el corazón, que pasen los ríos con sus sueños de peces,

y pasen las abuelas, y pasen los travestis, y pase el indignado y pase el diferente,

y pase la calesita con todos sus caballos.

Y al último pasemos nosotros a cara descubierta.

Hoy quiero caminar sin sentirme culpable

de no haber hecho lo que tenía que hacer.

Mirar a los ojos a la mujer que amo

y pedirle perdón por tanta furia de papel que llevo adentro.

Mirar a los amigos y abrazarlos

sentir que juntos prolongamos el sueño de sabernos más limpios.

de saber que es posible compartir secretos y romper murallas.

Sentir que la poesía viene de la rosa más simple del planeta,

que la palabra amor aplasta al poderoso y salva al desahuciado.

Abrir el corazón, impedir la injusticia,

y no se desmorone Dios sobre la cruz del Hijo.

Arrojar la piedra es hacernos la primera pregunta

y también darnos la primera respuesta.

¿He amado al otro como a mí mismo?

¿He sido lo que soy o lo que imagino?

¿He compartido el pan, mis alegrías?

Que lo que diga hoy en esta plaza

no sea el rostro de Judas que aún sigue traicionando

la voz que lo ha salvado.

Abrir el corazón y no arrojar la primera piedra.

Esa es la cosa, abrir el corazón.

Portada: Foto de Uner Noticias