lunes, abril 22, 2024
Cultura

Un ciego en el cine

Juan Bautista Duizeide/El Furgón – Debemos a la conjunción feliz de una provisión desmedida de láudano, las noches inclementes de Villa Diodatti junto al lac Leman, y la lectura de cuentos fantásticos alemanes, el desafío lanzado por Lord Byron a Percy Bysse Shelley, su joven y díscola esposa Mary Wollstonecraft, y el médico John Polidori. “A ver quién de nosotros puede escribir el mejor cuento de fantasmas”. Un momento fundamental de la literatura fantástica, y quizás un momento fundacional de la ciencia ficción, que tuvo como consecuencia más notable la escritura, a cargo de la única niña de aquel remoto y desquiciado pijama party, de Frankenstein o El Prometeo moderno -publicado en 1818).

Resulta una tentación pensar que Borges y Bioy Casares, tras ver la película The thing, dirigida por Howard Hawks, pese a lo que afirman sus títulos, perpetraron un pacto análogo al de aquellos ingleses aburridos en su retiro montañés.

Borges Bioy

Los relatos There are more things y El calamar opta por su tinta no se niegan a esta conjetura. Ambos incluyen como personaje a un ser presuntamente arribado del espacio exterior y que está siempre fuera de campo, como el del film de Hawks.

El título de Borges, que contiguo al de Hawks se revela como una alusión pícara, es cita parcial del príncipe Hamlet y preludia un ejercicio lovecraftiano. Oportuno, ya que la novela En las montañas de la locura fue una de las fuentes de Hawks. Borges ambienta su relato en una especie de Nueva Inglaterra de origen ferroviario: Lomas, Glew, Turdera. La pieza de Bioy Casares, más que transcurrir en algún pueblo de la provincia de Buenos Aires, transita su habla.

Borges

El ser alienígena de Borges se halla decididamente del lado de la monstruosidad, del misterio, acaso del mal. El de su amigo tiene un aspecto algo ridículo, es vulnerable, quizás porte una ingenua sabiduría y una aún más ingenua vocación redentora. Un solo ser humano, por curiosidad no exenta de coraje entra a los dominios del alienígena y lo mira cara a cara en la versión de Borges. El grupo que pinta Bioy Casares ni se anima a acercarse al bicharraco. Y quienes en un principio lo habían cobijado lo abandonan y lo dejan morir, en una especie de puesta al día de la pasión de Cristo en clave costumbrista.