lunes, junio 17, 2024
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Un viaje a Lampedusa para retratar la inmigración africana

Marcelo Massarino/El Furgón* – El artista plástico Néstor Favre-Mossier comenzó un trabajo de campo para una próxima serie de pinturas al óleo que titulará Destierro, sobre el movimiento inmigratorio hacia Europa desde África y Asia, y de los latinos que buscan cruzar la frontera hacia Estados Unidos desde México. El comienzo de esta labor exploratoria fue en Lampedusa, Italia, la puerta de entrada para los africanos que cruzan el mar en condiciones precarias.

Este argentino que ya hizo muestras sobre la Guerra de Malvinas, los derechos del niño, el Mal de Chagas y la enfermedad del sueño provocado por la mosca Tsé-Tsé, entre otros temas, comenzó la primera etapa de una investigación que busca mostrar el padecimiento de miles de emigrantes.

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-¿Cómo se relaciona con el tema de los desterrados?

-Me tropecé con el tema de los inmigrantes de manera azarosa. A principio del siglo XXI, en el aeropuerto de Atlanta, Estados Unidos, cuando las autoridades le negaron el ingreso a una persona de color que estaba absolutamente desprotegida. La otra sucedió por 1998 cuando en una terminal italiana vi a migrantes montenegrinos y kosovares durmiendo sobre los autos y apretadas entre ellos para resistir el frio invernal. Llegaban corridos por la Guerra de los Balcanes, por el hambre y la miseria. Ahí entendí el significado de arrancar a alguien de su tierra.

-Entonces la cuestión se instala entre sus preocupaciones…

-Y uno piensa en Latinoamérica y las dictaduras militares, en el tipo que se tira a cruzar el Mediterráneo en una balsa, o en el que salta una alambrada en la frontera entre México y Estados Unidos. Luego me pregunté por los inmigrantes asiáticos que vienen de una cultura preparada para la guerra con ideales tan lejanos a los nuestros, pero que los entiendo como gente fuerte. Ahora, el que más me interesó fue el movimiento migratorio africano, sobre todo el que proviene desde África Negra, con personas ligadas a la naturaleza en condiciones de vida muy precarias. Entonces, me propuse el inicio de este trabajo en Lampedusa. Hasta allí fui en octubre del 2016 para instalarme en ese pedazo de África en el Mediterráneo, donde alguna vez funcionó una base militar norteamericana. La gente no va a Lampedusa, la llevan en barcos, que no sabes cómo cruzan el mar que se ve hermoso, pero que es furioso y golpea con todo sobre la costa. Uno ve las imágenes y hay que imaginarse cómo es viajar en una barcaza de madera por esas aguas. Recordemos que en 2013 hubo un naufragio en el que murieron más de trescientas personas.

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-Hay tragedias colectivas y también individuales.

-Ver la historia del africano, un hombre completamente desterrado, quitado de sus raíces, que estaba en cuclillas sentado a la sombra de un árbol comiendo un mango y, de repente, está vendiendo relojes en Nápoles, Rafaela, Santiago del Estero o Salta… ¿Cómo llegaste hasta acá, hermano? Ese es mi interés. Y algo que me subleva es que hay funcionarios, legisladores y políticos que están puestos para que eso no suceda. De una manera u otra, a esta gente la entregaron sus propios dirigentes.

-¿Cómo será el resultado final de su obra?

-Con el trabajo de campo armo ideas para una serie de óleos sobre tela que se llamará “Destierros”. Será una tarea con poca prensa porque no trabajo para decorar livings. El número de pinturas no será menor a catorce ni mayor de treinta. La idea es alternar la investigación con la elaboración de los cuadros, además de una bitácora de viaje con textos y fotografías.

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Transcribimos un fragmento de la “Bitácora de viaje” de Néstor Favre-Mossier, titulado “Lampedusa, un pedazo de roca africana ‘ganada’ por Italia

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Destierro. Era casi una obligación comenzar mi trabajo aquí, en Lampedusa. Si bien mi primer acercamiento al desgarrador dolor que significa ser vomitado por su propia tierra data de fin del siglo pasado, cuando Europa del este arrojó miles de sus hijos fuera de sus fronteras, solamente con el afán de sobrevivir a las guerras civiles –y no tan civiles- de los Balcanes. Fue frente a estas cosas, desde las que hoy miro y pinto, donde se produjo el 3 de octubre de 2013, por lo menos para mí, un hito: el hundimiento de una barcaza con 518 inmigrantes africanos, subidos literalmente en masa a ese pedazo de madera, cuya sobrecarga hacía imposible que pudiera doblegar a este mar, de apariencia calma, pero cuya fuerza haría temer al mismísimo Neptuno. Se partió. Murieron 366 personas. Hombres, mujeres y niños, con un solo deseo. Dejar atrás a la miseria; al hambre, a las guerras, al exterminio. A la dominación del hombre por el hombre. Sobrevivir a aquellos que en su codicia comen más de lo que pueden cagar. Esta agua, azules, verdes, no son más que uno de los accesos a esa idea loca que significa “dignidad”; en sus extremos, las mafias lucran con el deseo. Mientras que aquí, en mi vehemencia por preguntarme más de la cuenta, pienso si este destierro, el más significativo de los últimos 70 u 80 años, no es otra cosa que el producto de un plan macabro de las grandes potencias para polarizar, aún más, el esquema mundial, para lo que necesitarían debilitar y dividir a Europa; casualidad o no, las guerras en Libia y en Siria, dos puntos tan cercanos y sensibles para Europa; y la “crisis griega” aportan a mi idea. Vaya uno a saber… Pintor, ¡a tus pinturas!

Néstor Favre-Mossier – Lampedusa, Italia – Octubre 11 de 2016 

*Fotos de Néstor Favre-Mossier