lunes, abril 22, 2024
Por el mundo

Somalia: Sin lugar para los débiles

Guadi Calvo*/El Furgón – Somalia, desde la guerra civil de 1991 y tras el derrocamiento de Mohamed Siad Barré, se ha convertido en el epitome de lo que se conoce como Estado Fallido, controlada de manera parcial por milicias wahabitas, señores de la guerra, tribus y bandas de traficantes. Los enfrentamientos de todos estos grupos dieron como resultado la actual situación somalí.

En 2006 emergió el movimiento Harakat al- Shabab al-Muyahidín,  mejor conocido como al-Shabbab (Los muchachos), luego de la convulsa desintegración de  la Unión de Tribunales Islámicos, como el sector más radical de aquellos Tribunales.

Al-Shabbab se convirtió, desde entonces, en la fuerza más letal que opera en nombre del integrismo musulmán en el Cuerno de África, y mucho más desde el 2012, cuando juro lealtad a al-Qaeda global. Si bien durante 2015 hubo algunos sectores de al-Shabbab, particularmente los que operaban en el norte de país, que pretendieron pasarse al Daesh, la migración no tuvo éxito y tras una purga sangrienta la organización siguió fiel a la jefatura del heredero de Osama bin Laden, el médico egipcio Aymán al-Zawahirí.

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Frente a las amenazas del nuevo sheriff de la Casa Blanca, el grupo somalí, fiel a sus antecedentes, ante cualquier crisis radicaliza más sus acciones. La envergadura de las dos operaciones militares de la semana pasada han dejado claro que no están dispuestos a ceder en nada, ni a preservarse de las posibles medidas que Trump pueda implementar para exterminar el terrorismo wahabita, como lo ha prometido.

En lo que ya es una marca de estilo, una brigada de combatientes de al-Shabbab penetró en el hotel Dayah, próximo al Parlamento y en pleno centro de la capital somalí, Mogadiscio, después que un suicida se inmolara tras embestir la puerta de entrada del edificio con un vehículo cargado de explosivos.

Aprovechando la confusión, el comando abrió fuego con sus Kalashnikov donde se encontraban reunido un importante grupo de parlamentarios discutiendo el tortuoso proceso electoral que se está desarrollando en el país y que culminaría con un nuevo presidente -si Dios y al-Shabbab lo permiten-, el próximo el 8 de febrero después de 48 años sin autoridades “democráticas”.

El incremento en estos últimos meses de las acciones del grupo wahabita se atribuye justamente al intento de boicotear las distintas fases del alambicado comicio, en el que ya se han elegido autoridades regionales, 275 diputados y 72 senadores.

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El ataque contra el hotel Dayan, que dejó 28 muerto y 50 heridos, ha sido un calco de otros perpetrados por la banda terrorista en diferentes hoteles de la capital somalí.

El 27 marzo de 2015 un ataque contra el hotel Maka al-Mukarama, dejó 21 muertos; en noviembre de ese mismo año, el hotel Sahafi fue blanco del ataque produciendo 18 nuevas víctimas. En enero de 2016, el  Beach View, y poco más de un mes después el SYL, fueron atacados con la misma metodología, dejando casi 50 muertos entre ambos atentados. El último que se había registrado fue en junio de 2016 contra el hotel Ambassador, donde se produjeron otras 16 víctimas mortales.

El grupo al-Shabbab también atacó, con la misma metodología, en octubre de 2016 el hotel Bisharo en la localidad keniata de Mandera, asesinando a 12 personas.

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Pocas horas después del ataque contra el Hotel Dayan, otro comando de al-Shabbab penetró a la base militar de tropas keniatas perteneciente a la Misión para Somalia (AMISON), en cercanías de la ciudad de Kulbiyow, en la región del bajo Juba, fronteriza con Kenia a unos 700 kilómetros al sur de Mogadiscio, algo que revela claramente su capacidad operativa y su poder de fuego.

Según el vocero de la organización terrorista, Abdiaziz Abu Musab, el ataque produjo 57 muertos, además de haber capturado una indeterminada cantidad de vehículos, equipos de comunicación y armamento.

Tornados en el Cuerno de África

Desde que en 2007 la Unión Africana, junto a Naciones Unidas, implementó la Misión para Somalia -en la que desplegó 22 mil hombres de los ejércitos de Kenia, Uganda, Etiopia, Djibouti y Burundi-, que le han hecho perder posiciones importantes, el grupo que con sus siete mil hombres se ha mantenido activo en el centro y sur del país,

Tras la muerte de Ahmed Abdi Godane en 2014, el nuevo líder de al-Shabbab, Ahmad Umar (Abu Ubaidah), ha dispuesto una estrategia de confrontación total contra las fuerzas de la AMISON y particularmente con las keniatas.

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Kenia y Somalia comparten una frontera de casi 900 kilómetros de terrenos pocos controlados y fáciles de transitar, lo que ha permitido que al-Shabbab opere con regularidad y particular saña en Kenia; los hechos más trascendentes fueron la toma de Centro Comercial Westgate, en septiembre de 2013, en pleno centro de Nairobi, por un comando somalí que produjo 67 muertos, y el ataque a la Universidad de Garissa en abril de 2015, donde fueron asesinados cerca de 150 personas, en su mayoría estudiantes.

Son ya incontables las acciones de al-Shabbab en las cercanías de la frontera keniata, donde no sólo ha atacado unidades militares, sino centros vacacionales, trasportes públicos y obradores, en los que han sido asesinadas más de 500 personas.

Frente a la cantidad y espectacularidad de las acciones del grupo somalí, es inevitable preguntarse cómo y quién las financia.

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El año pasado fue denunciada la firma brasileña Taurus Forges, el mayor fabricante de armas de América Latina, por haber realizado una operación de ocho mil pistolas, al tiempo que se negociada otra entrega de 11 mil armas más al el traficante de armas y drogas yemení Mohammed Mana’a, al que se le envió el embarque a Djibouti, aparentemente para la policía de ese país. Es justamente desde Djibouti donde se abren las rutas de tráfico hacia Yemen, en guerra desde 2015, y hacia Somalia.

La investigación sobre la Taurus ha detectado negocios de gran envergadura con Mana’a desde el año 2013, incluido desde 2010 en la lista de Naciones Unidas de traficantes de armas.

Mana’a ha sido acusado por el organismo internacional de ser uno de los traficantes que operan con el grupo al-Shabbab. Otro de los sospechosos de abastecer de armas al grupo wahabita es Eritrea, socio en la región de Israel.

Es justamente en Israel, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes, y hasta hace unos pocos meses en Turquía, donde hay que colocar la atención a la hora de buscar los financiadores no sólo de al-Shabbab, sino de todas las organizaciones terroristas que operan en Medio Oriente y que se extienden desde California al Sudeste Asiático, pasando por África, Europa, Medio Oriente, Afganistán. Son un cumulo de organizaciones que, con diferentes nombres, operan en la misma dirección: atacar fundamentalmente los intereses de los enemigos de sus financistas, como los fue la Libia del Coronel Gadaffi, la Siria de los al-Assad, el chiismo representado por Teherán, Rusia y también China, y así presionar a los países que, en algunos casos, podrían intentar distanciarse de los conflictos, como ha sucedido en Francia o Alemania. De lo que se desprende que el conflicto somalí es una muestra homeopática de lo que sucede en el resto de un mundo sin lugar para los débiles.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central