jueves, junio 20, 2024
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Un encuentro con Jakobson

El éxodo del lingüista ruso no tuvo parangón. De su país natal, corrido por la revolución de los soviets -en su carácter de noble-, pasa a Europa Central donde conoce al conde Ferdinand de Saussure, el padre de todo lo que podríamos denominar el campo de las Ciencias del Lenguaje. Luego vira hacia la Alemania pre nazi. Allí, condicionado por su heredad judía, escapa a Francia, para refugiarse luego, ante el estallido de la Segunda Guerra, en los Estados Unidos ¿Quién dijo que la vida de un profesor de Lengua es aburrida? Especial para El Furgón, rescatamos uno de los últimos reportajes otorgados por el controvertido intelectual, en este caso, a la inefable revista Selecciones Reader’s.

Hay vidas que pueden sintetizar los hechos más salientes de un siglo, ésta sería la de Roman Jakobson. De cuna noble, moscovita, formado en la tradición aristócrata de la universidad zarista en estudios de Filología y Lenguas Orientales; de manera intrépida y siendo muy joven encuentra la razón de sus investigaciones concibiendo a la literatura desde su “Literalidad”. Así, junto a un grupo de jóvenes profesores, que la historia dio en llamar “Formalistas” proclama el punto de partida de toda poética: “Si los estudios literarios quieren llegar a ser una ciencia, deben reconocer en el procedimiento su personaje único”. La ebullición del momento, el ascenso de las huestes leninistas con el comisariado de Trotski a la cabeza, sumado a su título de nobleza, lo hacen partir rumbo a Alemania, primer destino de los emigrados rusos.

Asentado en Berlín, la ciudad que romantizó Benjamin, se vincula en reiterados viajes a Ginebra y Praga con los discípulos de la primera ola de Ferdinand de Saussure. Poseedores de los apuntes de los tres cursos de lingüística general dados por el maestro entre 1906 y 1911, logran sacarlos a la luz años después, en una editorial francesa con el nombre de Curso de lingüística general, acompañados del todavía joven Jakobson. La vuelta a Alemania fue una complicación, el Partido Nacional Socialista se había presentado a elecciones obteniendo una considerable cantidad de votos. Se estaba cociendo el caldo para la irrupción del Nazismo y sus políticas segregacionistas.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo encuentra impartiendo clases en diferentes profesorados de Oslo, Copenhague y París, donde fija residencia. Por esos años se interesa en el análisis fónico -los sonidos del lenguaje- y la rítmica en la poesía del colosal Mayakovski  –herencia Formalista, sin lugar a dudas-. Dos años después, ante el paso redoblado del ejército alemán en la mismísima “ciudad sol”, Jakobson huye despavorido, tomando un vapor en los puertos catalanes hacia la costa este de los Estados Unidos (pasaje que Walter Benjamin no completó, descerrajándose un tiro en los Pirineos).

Ya en el país del norte, soporta un tiempo de privaciones y negreos varios en distintas editoriales de mala muerte, hasta que logra incorporarse al dictado de los propedéuticos en Universidad de Harvard. Y allí comienza su ascenso, del que dicen las malas lenguas mucho tiene que ver la CIA, en plena Guerra Fría. Cátedras en la Universidad de Columbia, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), financiación de las más importantes empresas a cuanta investigación se abocara. De esos tiempos forman parte los estudios acerca de la comunicación humana y las funciones del lenguaje, temas que supieron colonizar los programas escolares argentinos.

Entronizado en el sitial del “Patriarca de la Lengua”, Roman Jakobson recibe a SeleccionesReader’s en marzo del año 1971, dándole la nota que transcribimos a continuación:

Uno de los problemas más apasionantes que el hombre contemporáneo se plantea es el de la comunicación, y, por lo tanto, el análisis del lenguaje. El profesor R. Jakobson, uno de los máximos especialistas en la materia, nos ofrece una síntesis de su pensamiento.

-¿Es el lenguaje el único medio de comunicación humana?

-Edward Sapir, el gran Lingüista de nuestro siglo, caracterizaba la comunicación como el aspecto dinámico de la sociedad humana. No existe sociedad sin “una red, intricada en extremo, de comprensiones parciales o totales que se establecen entre los miembros de unidades organizadas de cualquier tamaño o complejidad”. De acuerdo con el juicio preciso de este mismo investigador, el lenguaje, “el tipo más explícito de comportamiento comunicativo”, sería “el proceso de comunicación por excelencia en toda sociedad conocida; y es extraordinariamente importante observar que, cualesquiera que sean las limitaciones de una sociedad primitiva vista desde la privilegiada perspectiva de la civilización, su lengua es tan exacta, completa y potencialmente creadora de simbolismos referenciales como la más alambicada de las lenguas que conozcamos”.

El lenguaje es el medio fundamental de la comunicación, aunque no el único. La ciencia de los signos, repetidamente enunciada y planteada por filósofos y lingüistas, denominada semiótica (o semiología), se está desarrollando rápidamente en nuestros días; investiga los rasgos comunes de todos los sistemas de signos, su interrelación y las características específicas de cada uno. Es natural que los temas fundamentales de la semiótica sean el lenguaje, su estructura y su influencia sobre los otros sistemas de signos, pero sería un error ignorar o subestimar los restantes sistemas de signos humanos y atribuirles propiedades que son específicas del lenguaje.

Al considerar el lenguaje como un instrumento de comunicación, hay que recordar que su función primaria, la comunicación interpersonal, que salva el espacio, se complementa con otra, no menos importante, que se puede definir como comunicación intrapersonal. Este último tipo de comunicación se desarrolla gradualmente durante la adquisición del lenguaje y origina procesos mentales tan importantes como el lenguaje interior, con sus monólogos internos.

Frente a la comunicación interpersonal, que salva el espacio, la comunicación intrapersonal aparece como el medio básico para salvar el tiempo.

Me gustaría citar la penetrante afirmación de otro excelente lingüista de nuestra época, Emile Benveniste: “Si enunciamos que sin lenguaje no existiría posibilidad de sociedad ni de humanidad, es porque lo característico del lenguaje es, fundamentalmente, significar”.

-¿Cuál es la relación entre los signos y su significado y qué problemas plantea la relación significante-significado?

-Es más que obvio que los signos en general, y los signos verbales en particular, no pueden ser tratados sin tener constantemente presente su significación. En consecuencia, el estudio de la significación, la investigación de los diferentes tipos de significados y sus interrelaciones, es decir, lo que se denomina generalmente semántica, es un componente decisivo de la ciencia de los signos verbales, la lingüística, y de las ciencias de todos los signos posibles, la semiótica.

Desde la época más antigua, los más aptos investigadores de los signos verbales vieron la esencia de su estructura en la relación entre el signans y el signatum, para utilizar la traducción de San Agustín en los términos griegos introducidos por los estoicos (significant y signifié en la adaptación francesa de Ferdinand de Saussure). Signans significa lo perceptible y signatum lo inteligible, el aspecto traducible del signum (signo). La ciencia del lenguaje, en todas sus facetas, necesita inevitablemente de la semántica. En otras palabras, si la lingüística se olvidara del significado, no tendría sentido, ella misma lo perdería.

La poesía se basa en el signo verbal como tal. Esta característica de la poesía está centrada en el sonido, el significado y su interrelación. La semántica es un constituyente vital de la poesía y, por lo tanto, de su análisis científico, que se denomina poética.

Cualquier rama de la lingüística se preocupa por la búsqueda de constantes en relación con las variables existentes. Todas las aplicaciones de este principio tratan principalmente con el valor semántico de los signos verbales, cualquiera que sea el rango de tales signos en el sistema del lenguaje. Por lo tanto, la visión semántica debe ser cuidadosamente considerada en lo que atañe a los componentes fonémicos, morfemas, palabras, estructuras sintácticas, frases y, por último, en la segmentación del discurso. La diferencia esencial entre significados gramaticales y léxicos, que fue intuida en la ciencia del lenguaje medieval, tiene que sufrir un profundo desarrollo en la lingüística.

-¿Cuál es la misión fundamental de la lingüística?

-La labor esencial de la lingüística, en todos sus planos, tiene que desarrollar en la época actual consiste en el esclarecimiento de la relación entre el significado general de un signo verbal y su contexto, ya que la “dependencia contextual” es la propiedad decisiva de nuestras lenguas, y es previa a la creatividad. La diferencia entre las lenguas naturales, dependientes del contexto, y las lenguas formalizadas, independientes del contexto, es un factor importante en el terreno de la investigación en semántica comparada.

El uso del criterio de “dependencia contextual” abre el camino para una nueva interpretación lingüística de la larguísima experiencia contenida en la retórica tradicional, con toda su doctrina de tropos y figuras.

A la luz de la semántica verbal muchas áreas, hasta ahora ignoradas por la teoría y metodología lingüísticas, como el metalenguaje, la paráfrasis, la circunlocución, la traducción, el bilingüismo, el multilingüismo y la amalgama de lenguas, comienzan a dar ya una rica cosecha en las tarea del análisis de la lengua en todas sus variedades.

La investigación semántica de la gramática y del léxico puede aún hacer uso eficaz del legado hecho por uno de los más ingeniosos lingüistas, Sánchez de las Brozas, cuya obra titulada Minerva: seu de causis linguae latinae, de 1562, ya trata del más profundo problema de la dialéctica lingüística, es decir, de la tensión entre dos extremos: el carácter explícito y la elipsis.

Portada: Imagen incluida en https://blogs.ugto.mx/rea/clase-digital-3-funciones-del-lenguaje-propuestas-por-roman-jakobson-aplicadas-para-el-analisis-de-imagenes/