lunes, junio 17, 2024
Cultura

Cierre del Taller “La lectura de la Historia, la narrativa de Andrés Rivera”

Comenzamos allá  por el mes de enero. Hoy es el día del producido, y de esta manera le entregamos a los lectores de nuestra página una atenta lectura de la progresión del género denominado Novela Histórica y su más perfecta conclusión en Argentina: “La revolución es un sueño eterno”, propuesta por una de nuestras talleristas, Graciela Ocampo, profesora en Ciencias Políticas y militante social de larga data en todo el Valle de Punilla.

También agradecemos la colaboración de Marcelo Massarino y Martín Latorraca, por el aporte del material, invaluable para la lectura del Maestro Andrés Rivera.

Y por último retribuimos la hospitalidad otorgada por el Centro Cultural “La Trinchera”, ícono de la resistencia, la música y el arte, en la ciudad de La Falda, provincia de Córdoba.

Hasta el año que viene.

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LA NOVELISTICA HISTORICA ARGENTINA

Por Graciela Ocampo

El compromiso  y la necesidad del escritor de novelas históricas nos muestra a un Andrés Rivera en su novela “La Revolución es un sueño eterno” sumergido en un pasado histórico popular evidenciando las relaciones de fuerzas, el poder, la posición de las clases sociales, sus intereses y consecuencias, mirando esto desde un presente en el que nos lleva a preguntarnos cuanto ha cambiado y se ha transformado nuestra sociedad.

Esta especie narrativa surgida del Romanticismo (entre los años 1800-1850) tiene como referente a Walter Scott (escritor inglés del Romanticismo). Sus textos difundidos en Europa no tardaron en llegar a América donde más de uno intentó escribir sobre este modelo el cual requería tener abundante información sobre el período, un escenario donde transcurriera la acción con abundantes detalles de color local, con personajes de tipo representativos más que al individuo singular, manifestando esta fidelidad en la pintura de ambientes o rasgos de época, más que en los conflictos centrales, aunque existieran personajes históricos como figuras de fondo y  resortes decisivos de la acción.

El Romanticismo argentino tuvo novelistas históricos de la talla de Vicente Fidel López, Eduarda Mansilla de García y Rosa Guerra.

Tomamos a Vicente Fidel López, novelista nato, y su novela más representativa” La Novia del Hereje”, publicada en 1843 como folletín en Chile (en El Observador Político) y reproducida en 1854 en Buenos Aires.

“La Novia del Hereje” tiene un trasfondo ideológico compartido por casi toda la generación del 37 (Movimiento intelectual argentino de mediados del Siglo XIX) y que produjo sus obras más descollantes en el destierro, situando esta época en el marco de una polarización entre el decadente oscurantismo de España y la pujanza progresista de Inglaterra.

El Romanticismo europeo imprimió características al género que López cumplió puntualmente en su novela, el color local logrado con rasgos certeros, tipos de personajes. Drake es el caballero inglés, valiente y educado, Marcelo Estaca y Ferracarrujaes el inquisidor ignorante enemigo de las ideas nuevas. El Padre Andrés Monje, lascivo y siniestro su imagen es una justificación del anticlericalismo del autor, el Arzobispo de Mongrovejo,  es la excepción a la regla, María, la protagonista es la heroína romántica, pura y dulce ante la autoridad despótica de su padre. Anderson su enamorado es un fiel exponente de valor y nobles sentimientos.

La acción tiene lugar en Lima en 1578, pero, el presente del autor es factor condicionante y en este presente se evoca el pasado colonial.

Los personajes históricos son comparados teniendo en cuenta el contexto del momento. La descripción de Felipe II considera el paradigma romántico del monarca español, pero la imagen de Rosas se interpone en la semblanza de López: “Déspota por instinto por placer, no saborea el gobierno sino aterrando y envileciendo”. Ante esto Mitre dirá “su novela estaba impregnada de opiniones de otro tiempo”.

Tiempo después aparece el folletín, subestimado por los literatos de nota. Pero contradictoriamente este soporte significo un abaratamiento del ejemplar y un aumento de los lectores como forma de sostener su impresión mediante la publicidad. Brota la novela folletín y su popularidad trajo como consecuencia un menoscabo estético a pesar que novelistas como Balzac y Dickens publicaron por este medio algunas de sus novelas inmortales.

El folletín tuvo honda repercusión y representantes genuinos como Eduardo Gutiérrez cuya obra es desdeñada no solo por razones literarias sino por sus ideales de reivindicación popular y por afectar la certidumbre del antagonismo civilización o barbarie. Su vasta obra clasificada por Ricardo Rojas en novelas gauchescas en las que citamos El Chacho, Los Montoneros, El Mataco, La muerte del Héroe, Juan Manuel de Rosas, etc.

A Gutiérrez lo sacudió emocionalmente la figura del Chaco Peñaloza siendo esta fuente de inspiración. El Chacho está visto en la novela más como tipo humano que como fuerza histórica. Su proyección mítica se consolida en torno de su figura en los Cancioneros Populares recogidos por Juan Alfonso Carrizo. Del folletín de Gutiérrez surge la imagen de un Peñaloza bonachón y rebelde ante las injusticias, ingenuo en sus tratos con los grandes (Quiroga y Urquiza), respetuoso del prójimo, enemigo natural de la violencia. Es interesante cotejar esta versión con la apasionada vida del Chacho escrita por Sarmiento, cada una parece describir a un hombre diferente.

La novela por entregas tiene importancia histórico-sociológica, y suele nutrirse de la “otra” historia que subyace bajo la historia oficial y sobrevivió en el gusto popular.

Con la aparición del realismo artístico que requirió de severos conocimientos y aval documental, la novela histórica sufrió modificaciones en su concepción y factura. En la novela Salambó de Flaubert confluyen la objetividad del realismo, el positivismo filosófico y el cientificismo, entonces no se concebirá la novela histórica sin el aparato erudito que la respalde lo cual conspira evidentemente contra su condición de creación artística. En Argentina, Roberto Payró, escritor realista, autor de El Mar Dulce y El Capitán Vergara,  las escribió con el propósito de componer un ciclo abarcador de la evolución argentina y brindar al pueblo argentino la conciencia de su índole y su destino singular.

El Modernismo (corriente literaria de finales del siglo XIX y principio del siglo XX) irradió desde Buenos Aires a todo el mundo hispanohablante, e influyo en la opción temática y recursos expresivos de muchas novelas históricas. El distinguido profesor Amado Alonso, ubica las huellas del modernismo en  La Gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta.

También el influjo modernista se ubico en otra novela de este siglo: La Guerra Gaucha de Leopoldo Lugones, despliegue estilístico, exuberancia léxica, es ante todo una obra de orfebrería verbal.

Otro escritor de esa generación, Manuel Gálvez, quien se definió más como novelista que historiador, aunque sus novelas evidencien lo contrario, dado el modo de narrar histórico con escasa caracterización psicológica y lingüística  de personas y notoria presencia del narrador con opiniones, sentimientos y militancia; es influenciado por una vida de oscilantes vaivenes de conciencia, a veces libre pensador, otras ortodoxo, socialista o simpatizante con los movimientos de extrema derecha. Claramente revisionista en sus biografías de Rosas, Quiroga, Sarmiento, no disimula su atracción hacia el dictador teocrático del Ecuador Gabriel García Moreno y así, contrariamente, para desmentir su predilección por los autócratas, escribe la biografía de Francisco Miranda, o del caudillo blanco del Uruguay Aparicio Saravia . No pudo evitar la crítica en general que recibió por sus proclamadas adhesiones al fascismo o al franquismo. En la biografía más difundida, la de Hipólito Irigoyen, intento ser imparcial, entrevistó a muchos testigos (Lisandro de la Torre, Ex. Senador Fernando Saguier, Víctor Juan Guillot, José Emilio Crotto, etc.), resultando un libro de gran interés elogiado por distintas banderías y vapuleado por conservadores (Reynaldo Pastor) y por antipersonalistas (partidarios de Alvear) ubica la importancia de su biografía en la “modificación del juicio sobre  Hipólito Irigoyen”.

Siguiendo con el narrado, no se pone en duda que lo fundamental de la obra histórica es su fidelidad a los documentos clasificados con espíritu crítico, mientras que la obra literaria solo debe fidelidad a sí misma. Modernas novelas históricas entre otras como Polvo y Espanto de Alberto Arias; Juana Manuela, mucha mujer de Marta Mercader, toman episodios históricos, engarzándolos con otros puramente verosímiles. Es decir, ponen al lector en un lugar donde se sienta llevado a preguntarse, a interesarse por ese acontecimiento histórico nunca desnudado en todos sus aspectos políticos, sociales, culturales, religiosos, humanos de nuestra historia. Una narrativa cruda, sin dobleces, que va afilándose hasta encontrar el filo de Andrés Rivera. Su incansable cuestionar a través de Castelli, personaje histórico debelador de la corrupción de la riqueza, la doble moral de la Iglesia y la justicia corrompida por el poder económico.

El discurso literario de Andrés Rivera en La Revolución es un sueño eterno nos hace reflexionar desde el presente hacia un pasado histórico, aún no develado en toda su magnitud, en toda su crueldad hacia jóvenes revolucionarios e idealistas que eran alimentaron utopías y sueños de liberación e igualdad para todos. Fueron juzgados y perseguidos por una justicia de hace algo más de doscientos años al igual que hoy son juzgados ex funcionarios y funcionarios en gestión por una justicia corrupta y obediente a los poderosos intereses económicos de nuestro país.

El lawfare  es parte de nuestra historia, la persecución hasta su extinción de dirigentes políticos que no se dejan amedrentar con el  poder real de turno.

Andrés Rivera nos lleva a pensar si el pasado y el presente han tenido un hilo conductor donde se han cambiado las formas de condenar a quienes tienen ideales humanistas, pero siguen presentes a través del sistema judicial como una horda indisciplinada, violenta y  oscura que no nos da tregua.

Jornada de cierre del taller que tuvo como invitado al poeta Eduardo Valverde.