viernes, junio 21, 2024
Por el mundo

“Antes de dos, tres, muchos Vietnam”, por Daniel de Santis

La Carta del Che a Fidel está fechada en La Habana el 26 de marzo de 1965, poco antes de partir hacia el Congo. En esos días vemos a un Che encendido en su producción intelectual: 29 días antes había pronunciado un contundente Discurso en Argel y en simultáneo acabó “estas notas en viaje por el África”, que le envió al Director del semanario Marcha de Montevideo bajo el título: El socialismo y el hombre en Cuba. Estos trabajos conforman una trilogía en que se manifiesta la intención de volver a los campos de batalla.

Por Daniel De Santis* para Especial #CubaHoy/ El Furgón.-

En la Carta el Che dice que Marx no se dedicó a estudiar el período de transición, salvo en la Crítica al programa de Gotha. Marx veía que el socialismo se daría en los países de capitalismo desarrollado en los que crecía la gran industria y el número de obreros ocupados. Una vez producido el movimiento revolucionario, la clase obrera lideraría una sociedad que estaba madura para la socialización de los medios de producción. Por eso habla de dos períodos: El primero, que llama socialismo o primer período del comunismo, en el que está completamente extendida la producción social y la apropiación se realiza socialmente, por lo que la ley del valor –ley fundamental del capitalismo– prácticamente no tiene vigencia, pero como hay que luchar contra la consciencia individualista impuesta por el capitalismo, la máxima del socialismo es: “De cada cual su capacidad y a cada cual según su trabajo”. Y una segunda etapa, de comunismo plenamente desarrollado, donde ya se abolieron todas las reminiscencias tanto económicas como ideológicas y sociales del capitalismo, en la que se hace realidad la consigna del comunismo “a cada cual según su necesidad y de cada cual según su capacidad”.

Pero la revolución no triunfó en los países de capitalismo desarrollado, sino en la atrasada Rusia y los demás países que integrarán la Unión Soviética recién salidos del feudalismo.

Entonces, llegó Lenin con “su teoría del desarrollo desigual, su teoría del eslabón más débil” e incorporó un primer período anterior a los previstos por Marx, que se ha llamado período de transición del capitalismo al socialismo o de la construcción socialista.

Al triunfar la Revolución, a los bolcheviques en el poder les correspondió concertar los acuerdos de paz. Lenin planteó que debían llegar a un acuerdo costara lo que costase, y fue muchísimo: Entregaron vastos territorios y no porque las masas de esas regiones estuvieran con el capitalismo. Previo a la Revolución, Lenin caracterizaba que el proletariado de vanguardia era el de Petrogrado, la capital del imperio; el de Riga, un puerto muy importante del Mar Báltico, capital de Letonia; y el de Varsovia, la capital de Polonia. Es decir que las pérdidas que tuvieron en el acuerdo de paz que se firmó en Brest-Litovsk el 3 de marzo fueron devastadoras: se trató del 30% de su población, de sus tierras cultivadas y del 75% de sus zonas industriales. Simultáneamente comenzó la guerra civil, que se extendió hasta el año 1922, en la que al inicio los contrarrevolucionarios contaron con el apoyo de 14 naciones que habían estado guerreando entre si. Por las urgencias, se implantó lo que se llamó el “comunismo de guerra”, en el que los campesinos producían y se le confiscaba ganado y cereales para el frente y no se les pagaba, por lo que dejaron de producir.

El sistema productivo de Rusia había quedado devastado, dos millones de personas murieron por el hambre y las ciudades se despoblaron entonces Lenin, desde fines de 1920, en una actitud similar a la aplicada para logar la paz de Brest, consideró que había que “dar un obligado paso atrás”, porque “el paso directo a formas puramente socialistas de economía, a la distribución puramente socialista, era superior a nuestras fuerzas”[1]. Esta táctica se llamó Nueva Política Económica (NEP), y consistió en volver a formas de capitalismo: que los campesinos vendieran en el mercado, se diversificaron los salarios y se otorgaron incentivos a la producción. Se permitieron las pequeñas y medianas empresas y la inversión de capitales extranjeros, mientras que el Estado siguió controlando el comercio exterior, los bancos y las grandes industrias. Tuvo un éxito extraordinario al recuperar en siete años la producción de preguerra, pero posibilitó el surgimiento de una burguesía comercial (los “nepmen”) y de campesinos ricos (los “kulaks”). En 1929 fue sustituida por la estatización forzosa.

El Che pensaba, aunque no tenía elementos para asegurarlo, que leyendo muy atentamente y entre líneas los escritos del Lenin de esos años 21 al 23, “se observa una gran tensión” ante los hechos que generaba la NEP. Y “aunque sea algo absolutamente subjetivo, me da la impresión de que si Lenin hubiera vivido [falleció en enero de 1924] para dirigir el proceso del cual era el actor principal y que tenía totalmente en sus manos, hubieran ido variando con notable celeridad las relaciones que estableció la Nueva Política Económica”[2]. Pese al enorme reconocimiento que tenía el Che por Lenin, como su más alta preocupación era descubrir las leyes y palancas para que la construcción del socialismo fuera exitosa, encontró que: “En el curso de nuestra práctica y de nuestra investigación teórica llegamos a descubrir un gran culpable con nombre y apellido: Vladimir Ilich Lenin. Tal es la magnitud de nuestra osadía. Pero quien tenga la paciencia de llegar hasta los últimos capítulos de esta obra podrá apreciar el respeto y la admiración que sentimos hacia ese culpable y hacia los móviles revolucionarios de los actos cuyos resultados últimos asombrarían a su realizador”[3]. La obra a la que hace referencia son los escritos preliminares de un libro sobre la historia y la economía política marxista que Guevara estuvo preparando en los años 1965 y 1966 en Tanzania y Praga, después de la experiencia en el Congo.

Guevara constata que en la Unión Soviética no se creó la economía política del período de transición al socialismo en la época de hegemonía estalinista. Se tomaron como “presuntas leyes que rigen la vida de la sociedad socialista” hechos evidentes de la economía rusa y se los elevó a categorías que servían para cualquier país del mundo y en cualquier circunstancia. Guevara asumía que para la transición los revolucionarios no tenían teoría, por lo que era una tarea por hacer. Más aún: consideraba que “la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente”[4]. Pero la crítica a Stalin y al stalinismo no lo confundía ni tampoco le hacía el juego a los imperialistas, por eso en diálogo con Nasser le dijo: “No somos felices con el stalinismo, pero no aceptamos la reacción al stalinismo de los soviéticos”[5].

Según Guevara, los problemas de la Unión Soviética y de los países del Este tuvieron su origen en la NEP, porque echó “las bases del desarrollo de la sociedad soviética hasta nuestros días”[6] y no se modificaron nunca. “Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo”[7].

La capacidad analítica de Guevara, apoyada en su valentía para pensar con libertad, lo llevó a constituirse en, quizás, el principal teórico del socialismo del período en el que le tocó actuar. Él nos decía que entre el capitalismo y el socialismo había una extraordinaria diferencia a favor del primero en ese entonces (1965). Tomaba como ejemplo el de la automatización, que en los países capitalistas avanzaba a ritmos vertiginosos mientras que, en los socialistas iba mucho más lento.

Los dos sistemas

A mediados de 1961 funcionaban en Cuba en el área de la producción dos organismos con rango similar: el INRA (Calculo Económico) y el Ministerio de Industrias (Sistema de Financiamiento Presupuestario). El primero se ocupaba de la reforma agraria y la producción agrícola y estaba a cargo de Carlos Rafael Rodríguez, un destacado dirigente proveniente del Partido Socialista Popular (comunista). El Ministerio de Industrias tomaba toda la producción industrial incluyendo los centrales azucareros. En cada uno de estos organismos se llevaron adelante dos sistemas distintos desde el punto de vista del trabajo, de la producción y de la construcción del socialismo. Los partidarios de ambos sistemas protagonizaron una polémica sobre la economía del período de transición en los años 1963 y 1964.

Junto a Carlos Rafael se alineaban cuatro o cinco economistas cubanos a los que se sumó Charles Bettelheim, un destacado economista del Partido Comunista francés. Del lado del Che había otro grupo de economistas y a nivel internacional estuvo el belga Ernest Mandel, principal dirigente de la Cuarta Internacional, con cuyo liderazgo experimentó un acercamiento a la Revolución Cubana. Mandel explicaba que se discutieron cuatro cuestiones: dos de orden práctico y dos de orden teórico, que estaban íntimamente relacionadas.

Las de orden teórico fueron: “El papel exacto de la Ley del valor en la época de transición del capitalismo al socialismo” y “la naturaleza estricta de los medios de producción estatizados en esa época, ¿son o no son mercancía?, ¿representan una propiedad social o, son sólo en parte socializados, permaneciendo parcialmente como propiedad de las empresas?”[8]. Mientras que a las de orden práctico las resumía en: Cómo se organizaban las empresas industriales, si por medio del “Cálculo económico” o por el “Sistema presupuestario de financiamiento”. Y cuál era la importancia relativa de los estímulos materiales y de los estímulos morales en la construcción del socialismo.

Cálculo económico  y Sistema de Financiamiento Presupuestario

Por un lado, toda la actividad económica del INRA y sus empresas se organizaban de acuerdo con un sistema que se llamaba “del cálculo económico” e implicaba la autonomía financiera de las empresas. “En este sistema, la empresa tiene personalidad propia, debe cubrir sus gastos con sus ingresos y obtener utilidades, que se aportan al presupuesto del estado. Las empresas socialistas intercambian entre sí los artículos producidos y los servicios prestados, sobre la base de la compraventa de los mismos”[9], es decir que funcionaba la ley del valor. Se estableció una suerte de emulación socialista entre las distintas empresas, cuya palanca impulsora al nivel del trabajador eran los estímulos materiales. Estos consistían en sueldos diferenciados: pagar un “plus” por producción, etc.; un estímulo basado en la idea de que si se gana más, se trabaja más. El Che les respondió que eso era precisamente lo que se hacía en el capitalismo: en ese sistema para que el obrero trabajara más les daban incentivos materiales, en salario, ropa, viajes, recreación para él y su familia, etc. La autonomía financiera de las empresas tenía varias décadas de aplicación en la Unión Soviética y demás países del este europeo.

En cambio, “después de un profundo análisis, el Che elaboró un sistema presupuestario, según el cual no había fondos particulares de las empresas y, por consiguiente, un fondo centralizado y común regía todas las finanzas del conjunto económico empresarial. El Che partía para esto de la experiencia de las grandes empresas y consorcios capitalistas, que le permitía manejar un conglomerado disímil de empresas como si fuera una sola entidad”[10]. Es decir, organizaba todas las empresas de una misma rama de la producción como una sola, a la que llamaba empresa “consolidada”, por ejemplo, del azúcar, textil, etc. Entre las distintas plantas de cada consolidada, y entre ellas mismas, no había compra-venta, sino intercambio, lo cual se asentaba en los libros para llevar el control y el financiamiento se hacía sobre la base del presupuesto estatal. Entendía el Che que de esta forma estaba luchando conscientemente contra la vigencia de la Ley del valor, ya no la dejaba actuar libremente. Guevara no rechazaba la necesidad de un cálculo económico estricto, pero no a nivel de las empresas individuales sino en el conjunto del Plan.

La cuestión acerca de cómo debían organizarse las empresas –si por medio de la autogestión financiera o con el sistema presupuestario de financiamiento– partía de un presupuesto teórico acerca de si los medios de producción en el período de transición al socialismo eran mercancías o no lo eran, si regía la ley del valor o no, o si lo hacía parcialmente y qué política asumir ante ello. Los partidarios de una mayor autonomía de las empresas, del cálculo económico y los estímulos materiales, partían del supuesto teórico de que los medios de producción en la transición socialista seguían siendo mercancías o que “la circulación de los medios de producción en el interior del sector del estado constituye una serie de operaciones de cambio en el sentido real del término”[11], es decir, capitalista. Por lo tanto, sostienen que la ley del valor continúa reglando la producción, aunque no fuera la única en hacerlo. Su acción reguladora operaba junto a la del Plan y mediante su intermedio. Además de que esta ley regía en las relaciones entre las empresas.

En cambio, para Guevara, las categorías mercantiles supervivían en la medida en que el desarrollo insuficiente de las fuerzas productivas no permitía aún satisfacer todas las necesidades fundamentales de los productores, aunque esa supervivencia no implica que sea la ley del valor quien regla la producción. Ella está reglada por el plan, que puede y debe utilizar el cálculo en valor, pero cuya lógica está fundamentalmente en contradicción con la ley del valor.

Para los partidarios del cálculo económico, las fábricas tenían que organizar toda la producción de acuerdo con la ley del valor y la empresa autónoma tenía que dar ganancia porque si no era ineficiente. En cambio, los partidarios del sistema presupuestario se planteaban no dejarla funcionar libremente, luchar contra sus efectos. Para eso, entre las empresas de un consolidado tenía que haber intercambio, y entre los distintos consolidados ese intercambio se tenía que hacer a través de los ministerios, pero no había que permitir la compra y venta porque, como ya dijimos, la ley del valor es la ley fundamental del capitalismo.

El humanismo del Che

Gran preocupación del Che era encontrar el hombre nuevo en la vida monótona del trabajo, por lo que intentaba despertar la heroicidad en la jornada de trabajo, buscaba el sustituto de la palanca impulsora del capitalismo, la ganancia, por la palanca impulsora en el socialismo y la encontraba en el desarrollo de la conciencia socialista. En esta dirección impulsó el trabajo voluntario que si bien es una cuestión de orden práctico, deriva de implicancias filosóficas porque en el capitalismo “el hombre muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía”[12]. Y, desde el punto de vista teórico, buscaba la ley fundamental del socialismo. En el capitalismo es la ley del valor. En el socialismo, dice Guevara, “la ley en la cual creo, y de la cual se derivan todas las otras leyes en el sistema socialista, es una ley sociológica, y no una ley justa y económica. Esta ley básica no se ha descubierto todavía. No aceptamos lo que ha sido llamada ley fundamental del socialismo”[13] en la Unión Soviética. Che piensa que tiene que ver con la planificación. En medio de esa búsqueda es quien promueve la polémica en Cuba porque, digámoslo nuevamente, fue el Che el primero en el campo socialista en combatir en la práctica la enajenación y la ley del valor y proponer un sistema distinto al cálculo económico de la Unión Soviética.

El Che vio más lejos

Al concluir que se caía el socialismo real, no podía quedarse a terminar el libro explicando porqué iba a ocurrir. Esta compresión está en la base de su decisión estratégica de volver al campo de batalla ir a Bolivia y dar un gran combate. Gracias a su grandeza, a su entrega y a sus aportes teóricos, es la luz más potente para la recuperación del socialismo como ideal de futuro y para poner en pie las organizaciones políticas y revolucionarias para dar las nuevas batallas por las mujeres y los hombres socialista, como él quería.

[1] Lenin, V.I. Problemas de la edificación del socialismo y el comunismo en la URSS. Citado por Guevara en “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”. El gran debate sobre la economía en Cuba. P. 73. Ocean Sur. Cuba. 2006.

[2] Guevara, Ernesto Che. Carta a Fidel.

[3] Guevara, Ernesto Che. Apuntes críticos a la Economía Política, Págs. 30 y 31.

[4] Guevara, Ernesto Che. Apuntes críticos a la Economía Política. P. 30.

[5] Taibo II, Paco Ignacio. Ernesto Guevara también conocido como el Che. P. 517. Planeta. Buenos Aires. 1997.

[6] Guevara, Ernesto Che. “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”. El gran debate sobre la economía en Cuba. P. 71.

[7] Guevara, Ernesto Che. Apuntes críticos a la Economía Política. P. 31. Ocean Sur.

[8] Guevara, Ernesto Che. El socialismo y el hombre nuevo. P. 247. Edición preparada por José Aricó. Siglo XXI. México. Primera edición 1977. Sexta edición 1986.

[9] Fernández Font, Marcelo. Prólogo a El gran debate sobre la economía en Cuba. P. 11. Para describir ambos sistemas hemos tomado el resumen de Fernández Font, que en el debate estuvo alineado entre los defensores del cálculo económico, quién demostrando gran honestidad intelectual los presenta adecuadamente.

[10] Fernández Font, Marcelo. Prólogo a El gran debate sobre la economía en Cuba. P. 12.

[11] Mandel, Ernest. “El debate económico en Cuba durante el período 1963-1964”. El Socialismo y el hombre nuevo. P. 253.

[12] Guevara, Ernesto Che. El Socialismo y el Hombre en Cuba. El socialismo y el hombre nuevo. P. 11.

[13] Guevara, Ernesto Che. “Entrevista al periódico El-Taliah de El Cairo”. Apuntes críticos a la Economía Política. P. 427.

* Dirigente e historiador guevarista. Ex miembro de la Comisión Interna de Propulsora Siderúrgica y miembro del Comité Central del Partido Revolucionario de los Trabajadores desde 1975 hasta la división del Partido. Realizó el trabajo de selección de documentos del PRT  publicado bajo el título A vencer o morir (Eudeba), y escribió La historia del PRT por sus protagonistas (Estación Finlandia) y Un partido de la clase obrera (Estación Finlandia) .