jueves, junio 20, 2024
Nacionales

Un mes de gobierno para educar al soberano

Por Eric Calcagno y Maillman*/ El Furgón #UNMESDEAF

En momentos en que el gobierno peronista de apenas treinta días es condenado por los que fracasaron durante los últimos cuatro años, parece necesario brindar una mirada histórica que realce la opinión coyuntural y nos permita distinguir lo esencial de lo accesorio, lo recibido y lo realizado, lo que queda. Y la política.

Fue en el Senado, el 5 de Agosto de 1858 que Sarmiento dijo que “Tenemos pues que fundar el sistema de escuelas comunes, para educar al soberano…”  De allí que luego sea sintetizada en la frase “el pueblo es soberano; hay que educar al soberano”, para caracterizar la impronta sarmientina en la generación del ochenta.

Esta impronta es doble, y marcará para siempre a los “Padres Fundadores” de la segunda mitad del siglo XIX: por un lado la ilustración y la modernidad imperantes desde la civilizada Europa, que desde la Revolución Francesa decía que “la soberanía reside esencialmente en el pueblo”.

Por el otro lado, estaba la necesidad de transformar a los argentinos de entonces (gauchos y bajo pueblo, guiados por caudillos federales), en un sujeto articulado –cuando no sometido- al proyecto del Puerto. Para eso la barbarie de las guerras civiles llevadas a las Provincias, y el no menos necesario establecimiento de un sistema educativo (de avanzada) que permitiera asegurar y replicar en el tiempo un determinado proyecto.

Creemos que, con respeto de tiempo, proporción y distancia, este primer mes de gobierno peronista tiene algo de sarmientino, al intentar educar al soberano. Pero hay que saber que el soberano pleno y real ya no es quién era.

De hecho, nos podemos preguntar si la soberanía aún reside esencialmente en el pueblo, o si nos hemos encontrado el pasado 10 de Diciembre con una soberanía popular de baja intensidad, intermitente, recortada en sus atribuciones por el sector financiero, los intereses agrarios concentrados, la hegemonía mediática. Esos son las factores concretos de poder, y hacía allí queda dirigida la tarea de educación que es ejercida desde el gobierno.

Esta educación es institucional. El error fundamental del pasado gobierno fue considerar al Estado como a una empresa o a una ONG, las organizaciones a las cuales están acostumbrados a manejar los macristas. En ese sentido su práctica legislativa fue arbitraria y confusa.

Arbitraria, cuando por decreto nombraron jueces de la corte suprema, aumentaron la coparticipación del distrito más rico del país, siempre cambiando leyes por decreto, lo que es ilegal. Para mencionar algunos ejemplos.

Confusas, en las pocas leyes que mandaron, rimbombantes en título y abundantes en temas, con el eslogan de “si pasa, pasa”, como fue el intento de modificar la ley de administración financiera en desmedro de los intereses del Estado en materia de negociación de la deuda externa.

Por supuesto, ni la arbitrariedad ni la confusión fueron inocentes.

Hoy la tarea educativa de nuestro gobierno pasa por recuperar las instancias representativas que nos estructuran como Nación, tanto los poderes del Estado como todas las organizaciones intermedias, de los partidos y sindicatos a los empresarios pasando por los movimientos sociales. Apenas hemos comenzado.

La educación también ha de ser económica. La desregulación generalizada de los años macri sólo supuso provecho para su grupo familiar, su pertenencia social y sus socios internacionales. En términos concretos, parece que fueron sólo cuatro años de negocios, desde la baja de retenciones hasta el sobre endeudamiento externo, sin olvidar siquiera los peajes o el blanqueo a parientes.

Volvimos a la parte más vulgar de la “economía del derrame”, que con “lluvias de inversiones”, “precios de pizzas” y “segundos semestres” sólo fue la pantalla de la fuga de capitales. Hubo un consistente regreso al “Antiguo Régimen” de predominancia financiera, de momento que los verdaderos impuestos eran los tarifazos, en manos de las empresas de servicios privatizadas, ya sean propias, familiares o amigas del macrigobierno.

El error fundamental del pasado gobierno fue considerar al Estado como a una empresa o a una ONG, las organizaciones a las cuales están acostumbrados a manejar los macristas.

 

Así pudieron ejercer una regulación neoliberal, a través del ahogo de pymes, clubes de barrio, en prolija esquila de la clase media. El objetivo de valorización financiera estaba asegurado: los amigos en Wall Street deben estar satisfechos. ¿Inversiones? Esperemos la lluvia…

Por eso el congelamiento de tarifas, la negociación de precios, la renegociación de la deuda apunta a la educación económica del sector financiero, que como se dice por ahí, es “un excelente sirviente y un pésimo amo”.

Según Carlos Leyba, el principal bien público que produce el Estado es un Proyecto Nacional. Tiene razón. Y no es posible cuantificar un Proyecto Nacional sin una renegociación de la deuda que deja el macrismo, por dos razones. La primera, es saber con qué recursos será posible contar, y de qué modo se afrontarán los pagos de deuda (quizás una buena idea es que la paguen quienes la contrajeron y se beneficiaron); la segunda es sacarnos de encima la tutela extranjera, tal lo hiciera Néstor al pagarle al FMI y terminar con la incompetencia tanto como la tutela de ese organismo sobre la economía nacional. Eso fue educar con el ejemplo.

Deberíamos hablar de la educación social, donde el pobre no es pobre porque es vago, ni el vago porque es pobre, en la inusitada pero permanente naturalización del hecho social que hizo –y hace- el macrismo, sino como resultado del permanente deterioro de la fuerza de trabajo en la Argentina (recordemos siempre que Thatcher prefería pagar subsidios en vez de salarios).

También merece un párrafo la educación cultural, ya que mérito tiene aquel o aquella que busca sin cesar techo y sustento para su familia; el laburante que trajina a la hora que los macristas vuelven de sus ágapes. Mérito tienen lxs militantes que se organizan. Eso es la verdadera meritrocracia, ya que no hay mérito sino casualidad en nacer en cuna de oro, con herencia y prebenda aseguradas. ¿Es la offshore un mérito? Hemos de revertir esa prédica que transforma los vicios privados en virtudes públicas.

Queda mucho por decir. Quizás en otra nota podamos hablar de la educación política que tanta falta hace a las élites en Argentina. No es un tema menor: la barbarie consiste en creer que los problemas económicos y sociales de la Argentina tienen soluciones técnicas, cuando la civilización indica que esos problemas son de naturaleza política; luego tienen una instrumentación técnica.

Muchos han protestado con la “ley de solidaridad”, apenas el primer escalón en la senda de la recuperación nacional… ¿Impuestos? ¿Actualización de retenciones? ¡Sombra terrible de Sarmiento, voy a evocarte!…

… Y dejemos que conteste el sanjuanino, cuando hablaba de la financiación educativa: “nadie es solícito por el bien ajeno, sino cuando ese interés público es su interés propio” (debate del 27 de julio 1858). En efecto, también tuvo problemas para conseguir impuestos para financiar las escuelas, ya que “la resistencia a aceptarlos” (se debe a que) “las clases más contribuyentes se pueden proporcionar educación en beneficio propio a expensas de todos”. Contra esa idea, proponía en una carta al Canciller venezolano en 1870 un financiamiento “sostenido por la propiedad de todos, a favor de todos”. Luces y sombras.

A un mes de gobierno peronista, destaco el enorme trabajo de educar a esos sectores que jamás quisieron al pueblo soberano, tanto por el ejemplo en el ejercicio del gobierno como por la prédica, que aún precisa ser organizada y difundida para persuadir.

Y si ese soberano realmente existente que son los grupos de poder se resisten al embate educativo, entonces será tiempo, y en buena hora, que el pueblo retome el origen de la soberanía, y lo proyecte en plenitud a la acción política.

* Ex Embajador de la Argentina en Francia, ex Diputado y Senador Nacional.