sábado, abril 13, 2024
Cultura

La ‘rivoluzione’ de Andrés Rivera: publican en italiano La sierva y El amigo de Baudelaire

Por Juan Ignacio Orúe, especial para El Furgón –

Cuando el escritor Andrés Rivera publicó El amigo de Baudelaire (1991) y La sierva (1992) su carrera literaria estaba en alza, cada vez más lectores devoraban los libros del autor de La revolución es un sueño eterno, que aparecía a menudo en la prensa cultural con su artillería de conceptos -claros, contundentes, de izquierda- en medio del menemismo.

La medalla del Premio Nacional de Literatura lo ubicó como una figura con peso propio, pero en aquel momento la popularidad de su obra no fue suficiente para impulsar traducciones hasta hoy: tuvieron que pasar más de 25 años y casi tres de la muerte del escritor -Rivera falleció el 23 de diciembre de 2016, en Córdoba, a los 88 años- para que la editorial IL Sextante, dirigida por Mariapia Ciaghi, lanzara en coedición con la cordobesa Eduvim (Editorial Universitaria de Villa María) la publicación en italiano de ambas novelas traducidas por Luca de Feo. La sierva, que lleva en portada una obra de la mujer del padre del Che, se distribuye desde abril en toda Italia y El amigo de Baudelaire a finales de 2019.

“La sierva”, de Ana Erra De Guevara

El vínculo entre ambas editoriales se estrechó en los últimos años. IL Sextante, con sede en Roma y el norte de Italia, publica libros para niños, teatro, narrativa, fomenta el multilingüismo y realiza conferencias con foco en temas de género. Junto a Eduvim, dirigida por Carlos Gazzera, edita la colección “Viento Sur” con el objetivo de difundir a escritores argentinos contemporáneos.

“La traducción al italiano de Andrés Rivera fue en el marco de nuestra agencia de derechos Pampa Agency. Ofrecimos la obra de Rivera en ferias internacionales. Una editora se entusiasmó cuando se enteró de que nosotros teníamos los derechos y nos ofreció conectarnos con IL Sextante, que ya había publicado dos obras de Eduvim”, dice Gazzera.

Y agrega: “Nosotros habíamos pensado que era interesante publicar en italiano la novela breve Guido, que habla de Guido Fioravanti, un anarquista italiano y militante socialista que participa de las huelgas del ’20 y ’30 en Buenos Aires y que Andrés conoció. Guido es deportado por la ley de residencia. Nos parecía que este texto era mucho más interesante para una editorial italiana que publicar El amigo de Baudelaire o La sierva. Pero los recorridos de los editores son diferentes y prefirieron la traducción de la obra clásica de Andrés. Ellos piensan que estos libros pueden funcionar muy bien”.

Andrés Rivera

Soja en las banquinas, de Adrián Savino, y La moza, de Sergio Gaiteri, son las dos obras del catálogo de Eduvim que publicó IL Sextante en italiano. Ambas fueron traducidas por De Feo, quien por estos días todas las mañanas se sienta frente al escritorio de su casa en Florencia para darle voz en la lengua de Dante a la sordidez de la política, al amor perverso y a la ciega opulencia de una burguesía en ciernes que destila El amigo de Baudelaire.

Se ha dicho siempre: la obra de Rivera es muy argentina, local, con personajes históricos de un peso inconmensurable -Sarmiento, Castelli, Rosas- que pueden dificultar la lectura a lectores que no dominan la lengua de Cervantes; también su estilo, de frase corta y al hueso, puede perder musicalidad en la traducción. De Feo acuerda con esta idea.

“Traducir La revolución es un sueño eterno es muy pesado y no tiene sentido en el mercado italiano. Tiene muchas referencias a personajes de la historia argentina”, dice De Feo. “Luego llegó la hora de La sierva. Es un libro distinto. Se nombra a Sarmiento, pero un lector europeo puede disfrutarlo. Habla del poder, de las relaciones sexuales, de las diferencias sociales, pero tal vez en Italia sea leído como un libro de bolsillo para mujeres que leen historias de amores, culebrones. También puede ser leído como una situación escatológica, ¿no?”, continúa el traductor.

De Feo conoce Argentina gracias a su trabajo académico. Ha dictado seminarios en la Universidad de Córdoba y de Villa María en 2014. No conoció a Rivera, pero si se preocupó por juntar información sobre él.

Andrés Rivera

“El problema con La revolución es un sueño eterno son los nombres que no te suenan, ni a los lectores. Hay que ponerles sentido a las frases. La profusión de comas, pensé en eso -agrega De Feo-. Leyendo una entrevista que le hicieron a Rivera me dio la sensación de que él hablaba así, hablaba como escribía. Era una manera de escribir que no era fingida, no actuaba. El escribía y hablaba de esa forma. Me gustaría mucho encontrar una forma de imponerlo en el mercado, presentar a Rivera de alguna forma como el “Camilleri” argentino. Algo así. No quiero que sea un libro más”.

Gazzera detalla que tuvo una fuerte amistad con Rivera. La relación comenzó cuando el escritor se instaló en Córdoba junto a su pareja, Susana Fiorito, a principio de los ’90. Lo entrevistó cuando era periodista de La Voz del Interior. El vínculo se agudizó, prolongó y estrechó hasta tener un trato cotidiano.

Manuscrito de “La revolución es un sueño eterno”

“En ese marco nunca soné que iba a fundar una editorial y que iba a tener los derechos de la obra de Andrés. Soy amigo de su hijo y Jorge confió en nuestro trabajo. Hemos dado este pequeño paso y estamos viendo de traducir también la obra al francés, estamos negociando. Creo que él nunca pensó en ser traducido. Rivera escribía muy para los argentinos y te diría que recién en el último tiempo escribía para los porteños”, cuenta Gazzera.

“Me pregunto si el viejo hubiese manifestado su asombro y satisfacción al anoticiarse de la traducción al italiano de La sierva y El amigo de Baudelaire. La respuesta no es única”, dice Jorge Ribak, hijo de Andrés Rivera. “En sus años de intenso prestigio literario, en especial a partir del Premio Nacional de Literatura, conservó su mesura, su humildad, su coherencia ideológica. Asombro, no; cierta satisfacción, probablemente. Me atrevo a ensayar la posibilidad de que dicha noticia es una caricia para su alma. Que Bedoya y Lucrecia hablen en italiano lo hubiese movilizado al viejo, y hubiese ordenado a su hijo y ‘consiglieri’ que le avise a Guido que en breve podrá leer La sierva y El amigo de Baudelaire en su lengua natal”, señala Ribak.