viernes, junio 21, 2024
Nacionales

“Equipo Anti Bullying Argentino”. Pasen y vean…

Existe en la Argentina una organización que se denomina Equipo Anti Bullying Argentino, la misma tiene como objetivo combatir el bullying al que los niños/as son sometidos en la escuela. Las imágenes que promueven en la página de la institución son  madres vestidas como súper heroínas, rubias, flacas y poderosas. Por otro lado promocionan una foto grupal en la que manifiesta que la mejor manera de prevenir el acoso es cultivar la amistad.

Al observar la página de esta gente me surgieron varias reflexiones sobre el tema y la manera de abordarlo. Movimientos, inquietudes, pensamientos comenzaron a dar vueltas en mi cabeza.  Me pregunto, ¿por qué la que va en defensa de su hijo/a que padece es una mujer y heroína? ¿Por qué seguimos inmersos en el mandato de esta cultura patriarcal donde esos temas, los hijos/as le corresponden a las mujeres?

Entiendo que la madre o el padre podrían acercarse a su hijo/a sin la necesidad de tener súper poderes. El poder que deberían tener es el de habilitar el diálogo, alojar, sostener, conversar y así percibir el sentir de ese niño/a que está padeciendo y poder acompañarlo.

 

Por otra parte, creo que es fundamental comprender que hay otro ser que está en la situación de hostigar y éste no puede ni debe pasar a ser “El Guasón” o “El Pingüino”, enemigos íntimos de esa madre heroína. Estos infantes son sujetos con una trayectoria, trama y tejido vincular, con una historia a la que también hay que atender mediante el diálogo, la confianza y sobre todo desde un lugar de amor. No condenarlos ni castigarlos.

En relación a la imagen donde muestran a los niños amigos en círculo como la mejor manera para evitar el acoso entiendo que, como dice el eslogan, “Cultivar la amistad para prevenir el bullying” no debe ser la promoción para evitar el maltrato. Los seres humanos somos todos diferentes, distintos, singulares; elegimos y decidimos también de una manera particular nuestras relaciones. La amistad no es lo que evita la persecución, sino el respeto por la diversidad. Si no, de este modo, caemos en un discurso un tanto peligroso en el cual se proponen dos variables sensibles: en la primera se infiere que el bullying y la amistad (o no) están vinculados; la segunda, el intento de querer que todos los niños (y adultos también) seamos amigos. Esto nos pone bajo un halo de igualdad y simetría. En síntesis, una mirada homogeneizadora.

 

Como sociedad tenemos y debemos comprender y aceptar que cada ser es singular, tiene su impronta y mismidad. Por ende, tenemos derecho a no elegir querer ser amigo de un otro. Entender que somos sujetos en movimiento y eso nos hace particulares, distintos y un poco iguales también.

Quisiera aclarar que de ninguna manera estoy en contra de la amistad pero no como método de prevención para el bullying.

Me gustaría terminar con una anécdota: de pequeña sufrí bastante destrato y maltrato de algunos compañeros y me sentí fuera de muchos grupos, fiestas, festejos y cumpleaños. No tenía los objetos que los demás sí y eso de alguna manera me excluía del “grupito selecto”. Es decir que la solución para evitar el bullying no era generar una amistad con esos niños sino que ellos aceptaran y comprendieran, y yo también, que en este mundo había otros diferentes, distintos, que no adquirían lo que ellos sí, ni tenían sus casas, ni sus madres esbeltas (súper heroínas), ni sus viajes, ni, ni… El punto no era la amistad sino la aceptación del otro diferente. La no expulsión de lo distinto.

Byung Chul Han, filosofo surcoreano dice en La Expulsión de los distintos:“Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Además señala: “Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social. Lo que lo enferma no es la retirada ni la prohibición, sino el exceso de comunicación y de consumo; no es la represión ni la negación, sino la permisividad y la afirmación. El signo patológico de los tiempos actuales no es la represión, es la depresión. La presión destructiva no viene del otro, proviene del interior”.

Carla Elena. Psicóloga Social, integrante del Forum Infancias.