viernes, junio 21, 2024
Cultura

El libro de la buena memoria

Por Flavio Zalazar, desde Rosario/El Furgón –

Ramón Alcalde de formación jesuita, cuelga los hábitos y continúa en Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires su instrucción en Humanidades. Allí, en la revista Centro y luego en Contorno, e Imago Mundi emergió como crítico y compilador de saberes clásicos. Co fundador de MALENA (Movimiento de Liberación Nacional); fue funcionario en  Santa Fe, provincia donde ordenó el campo intelectual  de su ciudad más significativa, Rosario. Hace unos años, editado por Conjetural,  circula Estudios Críticos de poética y política. Valgan estas líneas.

Interior de “Estudios Críticos de poética y política”

El volumen, adusto de tapa y solapa, reúne textos de distintos tiempos y diferentes prácticas de escritura del profesor Ramón Alcalde (1922-1989). Los escritos, fragmentarios -inconclusos muchos-, dan cuenta de la enseñanza, el análisis retórico, la traducción, el ensayo literario; resultando de su unión una persistencia: la interrogación crítica de la acción política del hombre. Cuenta León Rozitchner en el prólogo: “Un grecorromano altivo en el suburbio cultural porteño. Profesor primero en la Universidad del Litoral con sede en Rosario, formábamos parte de Contorno con los Viñas. Enfrenta a Frondizi en la silla “intransigente” de la calle Riobamba, antes de que llegara a presidente, donde fuimos juntos a enrostrarle su desvío. Fue luego ministro de Educación de la provincia de Santa Fe hasta que renuncia frustrado por la política radical.  Fundador del Movimiento de Liberación Nacional (MALENA para los amigos) entra en la militancia política de izquierda. Vive durante años, sin acceso a la Universidad en los gobiernos militares, editando él solo, con su mujer Josefina “China” Ludmer, reseñas bibliográficas de psicología y psicoanálisis por suscripción.”

De él Aldo Oliva señaló que fue la persona más inteligente que conoció en su vida. Suman estos versos a los dichos del poeta rosarino.

                                                 En Feacia (de Ramón Alcalde)

Fui esmerado en el pudor, Nausicaa.

“Más quiero ser un porquerizo en las pocilgas augustas

de tu padre, que déspota en los peñascos

de mi Ítaca errabunda”, te decía

No dijiste “¡Vete!”, ni “¡Quédate!” tampoco.

Me quedé porque los dos lo dispusimos.

 

No entiendo, entonces, mi castigo.

¿A qué decoro falté, a cuál Moira sacrosanta?

¿O presumí, excesivo como siempre,

que la belleza podía redimirla?

 

Prefiero sospechar la veraz envidia del Saciado,

el que quisiera, y sabe que no puede,

aprender qué es esto la muerte

Fotos: Marce Rozas