lunes, junio 17, 2024
Nacionales

Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 y la igualdad de género

Por César R. Torres*, desde Estados Unidos, especial para El Furgón

Seneca Falls es un pequeño pueblo en el estado de Nueva York. Hace ciento setenta años, en julio de 1848, se celebró allí la primera convención sobre los derechos de las mujeres, que culminó con la aprobación por sesenta y ocho mujeres y treinta y dos hombres de la “Declaración de sentimientos”.  Este documento denunciaba la opresión a la que estaban sometidas las mujeres y, modificando la Declaración de la Independencia de Estados Unidos en la que se basaba, comenzaba proclamando: “Mantenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y las mujeres son creados iguales; que están dotados por el Creador con ciertos derechos inalienables”. Muchas personas consideran que la convención en Seneca Falls marcó el inicio del movimiento por los derechos de las mujeres que se manifestó rápidamente en las reivindicaciones sufragistas.

Cartel que recuerda la primera convención sobre los derechos de las mujeres celebrada en Seneca Falls en 1848.

Hace pocos días visité Seneca Falls donde desde 1980 funciona el Parque Histórico Nacional por los Derechos de las Mujeres. Recorriendo sus edificios y exposiciones pensé en las luchas feministas –pasadas y presentes– en Argentina, en el colectivo Ni Una Menos y en el reciente rechazo en la Cámara de Senadores al proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Y también pensé en el énfasis con que los organizadores de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 (JOJ 2018), que se realizarán en Buenos Aires en octubre, resaltan que será el primer evento de la historia Olímpica en el que se logrará la igualdad de género.

Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA) y del Comité Organizador de los JOJ 2018 (COJOJ 2018) y miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), ejemplificó este énfasis durante la ceremonia de encendido de la llama de los JOJ 2018 realizada el mes pasado en Atenas.  Enunció en dicha ocasión: “Estamos orgullosos de nuestros Juegos.  Ayudarán a que el Comité Olímpico Internacional guíe al Movimiento Olímpico hacia nuevos horizontes. Buenos Aires 2018 será la primera competencia Olímpica con igualdad de género. Gracias a mis colegas del COI, de las Federaciones Internacionales [FI] y de los Comités Olímpicos Nacionales [CON], la tercera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud de verano hará historia por haber cerrado la grieta en términos de género”.

Es de remarcar que el dossier de candidatura de Buenos Aires para los JOJ 2018 presentado al COI en 2012 no hacía referencia a la igualdad de género.  Cuando al año siguiente el COI eligió a Buenos Aires como sede para los JOJ 2018 por encima de Glasgow y Medellín, quienes estaban a cargo de la candidatura porteña tampoco mencionaron que la igualdad de género fuera uno de sus objetivos. El cambio se produjo como consecuencia de la aprobación por el COI a fines de 2014 de un programa de reformas conocido como Agenda 2020, que incluye la promoción de la igualdad de género. Menos de un año más tarde, en agosto de 2015, el Comité Ejecutivo del COI determinó que la misma cantidad de hombres y de mujeres competirían en los JOJ 2018, lo que se lograba por primera vez en la historia Olímpica. Desde entonces los organizadores de los JOJ 2018 lo enfatizan.  Valga un ejemplo: el año pasado, Leandro Larrosa, director ejecutivo del COJOJ 2018, declaró que el programa competitivo se expandía “asegurando mantenerlo como los primeros Juegos Olímpicos con igualdad de género”.

Mascota de los JOJ 2018.

Es comprensible que los organizadores de los JOJ 2018 resalten y estén orgullosos de que, como dijo Werthein en abril de este año al recibir en Buenos Aires a los/as jefes/as de misión de los equipos que participarán, “son los primeros Juegos de la historia que van a tener igualdad de género” y que “50 por ciento será hombres y 50 por ciento mujeres”. Indudablemente se trata de un logro laudable. Sin embargo, es conveniente señalar que en este contexto, la igualdad de género se circunscribe estrictamente al porcentaje de deportistas que competirán en los JOJ 2018. Si se tuviese en cuenta el porcentaje de entrenadoras, médicas, jefas de misión y árbitras, por tomar solo algunas funciones como indicadores de igualdad de género, de cada equipo participante, se verá que el panorama no es tan alentador. Lo mismo sucede cuando se tiene en cuenta el porcentaje de mujeres que ocupan posiciones de liderazgo en el COI, los CON y los comités organizadores de los Juegos Olímpicos. Aquí valdría preguntar cuál es el porcentaje de mujeres que ocupan posiciones de liderazgo y trabajan en el COJOJ 2018. Desafortunadamente, la página web del evento ni siquiera incluye su organigrama. Asimismo, valdría también hacer las mismas preguntas en relación al COA así como indagar si la igualdad de género ha mejorado en la institución desde que Werthein asumió como presidente en 2009.

En una entrevista de septiembre del año pasado, Werthein afirmó que “[e]sto de que los Juegos tienen que ser con igualdad de género me parece una reivindicación importante”. Dicha reivindicación debe extenderse a todas las áreas del Movimiento Olímpico. El COI lanzó hace casi un año y medio un ambicioso proyecto de revisión del estado de la igualdad de género en el Movimiento Olímpico. El proyecto resultó en veinticinco propuestas para mejorar la igualdad de género en cinco áreas (deportes; imagen; financiamiento; gobernanza; y recursos humanos, monitoreo y comunicación), las cuales fueron aprobadas por el Comité Ejecutivo del COI en febrero de este año. Esta aprobación implica un saludable reconocimiento de que la igualdad de género en el Movimiento Olímpico excede largamente la paridad en el porcentaje de hombres y mujeres que compiten en los Juegos Olímpicos.

Para ser consistentes con las propuestas del proyecto de revisión del estado de la igualdad de género en el Movimiento Olímpico, el COJOJ 2018 haría bien en sincerar el alcance del discurso prevalente al respecto. Al relacionarla exclusivamente con el porcentaje de hombres y de mujeres que competirán en el evento, dicho discurso reduce la igualdad de género a ese logro, ensombrece la verdadera situación de las mujeres en el Movimiento Olímpico y dificulta la reflexión sobre el tema. Al movimiento sufragista estadounidense que emergió de la primera convención sobre los derechos de las mujeres en Seneca Falls en 1848 le tomó setenta y dos años obtener el derecho al voto femenino. Por su parte, desde su fundación en 1894, le tomó al COI ciento veinticuatro años para que el mismo número de hombres y de mujeres compitan en uno de sus Juegos.  Este tipo de logros son notables y bienvenidos, pero, parafraseando a Werthein, no son suficientes para “cerrar la grieta en términos de género”.

¿Cómo será cuando los hombres y las mujeres sean verdaderamente iguales?

En este aspecto, una parte sustancial del legado de los JOJ 2018 podría ser la invitación a seguir preguntándonos, como lo hace un cartel en el Parque Histórico Nacional por los Derechos de las Mujeres de Seneca Falls, “¿Cómo será cuando los hombres y las mujeres sean verdaderamente iguales?”. Los JOJ 2018 no serán la primera competencia Olímpica con (plena) igualdad de género, aunque significarán una mejora estimable respecto de sus antecesores. Habrá que seguir interrogándose cómo sería un evento Olímpico con esas características. Y no dejar que pasen otros ciento veinticuatro años para materializarlo. Lo logrado no debería ocultar lo que todavía es necesario lograr, ni disuadir que soñemos con su posibilidad.

* Doctor en filosofía e historia del deporte.  Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport).

Foto de portada: Turismo Buenos Aires