sábado, abril 13, 2024
Por el mundo

En Leningrado igual se festeja

Por Vito Amalfitano, desde San Petersburgo/CCCPMundial
Leningrado, Ciudad Héroe. Es lo primero que se lee apenas uno asoma la cabeza a San Petersburgo, a la salida de la Moskovskij Vokzal, la principal terminal de trenes de la ciudad, es decir la entrada a “Peter”, como habitualmente le dicen sus habitantes a este lugar emblemático de la historia de la humanidad.
Al abrir la puerta de la estación, es imposible no ver esa leyenda. Está escrita con letras gigantes a lo ancho de todo el edificio que enfrenta a la terminal, en el punto central de la tradicional avenida Nevsky Prospect, que desemboca hacia un lado nada menos que en el Palacio de Invierno (el que se tomó para concretar la Revolución Rusa) y hacia el otro en una de las ramas del Río Neva.
En la noche del sábado estalló el Mundial más que nunca en la Nevsty. Paradojicamente, cuando los rusos le decían adiós. A lo largo de esta avenida hay cientos o quizá miles de restaurantes (pectobar) y bares y pubs, pero fue imposible encontrar una mesa, siquiera un lugar en una barra, en cualquiera de estos locales que tuviera una pantalla o un televisor. Y el Fan Fest, al borde del Río Neva, para ver el partido con Croacia en pantalla gigante, se cerró por desborde de público. No había forma de cenar y ver el desenlace del último choque de cuartos de final al llegar aquí a la vuelta de Nizhny, dónde Francia había vencido a Uruguay.
Entre el hambre y la resignación, este periodista se sentó a cenar en un restaurant italiano que no tenía televisor. Lo paradójico es que todos allí, de cualquier forma, estaban viendo el partido en sus teléfonos celulares. Se trata de un local con varias galerías, amplio. Por lo cuál se dio la paradoja que los gritos de los goles, o por las jugadas peligrosas, y más en los penales, llegaban en diferentes tiempos, de acuerdo a la velocidad de internet de cada dispositivo.
Al final la decepción duró apenas unos minutos. Tras la cena, otra vez hacia la Nevsty y la sorpresa. Avenida invadida aun más por hinchas, miles y miles de personas con sus banderas, camisetas, bocinas, los autos a paso de hombre. Rusia salió a festejar igual. Pasó con Alemania en su Mundial de 2006, de ninguna manera a Brasil en el suyo, todo lo contrario, después del vergonzante 1-7.
En Rusia lo que se celebra es la nacionalidad, el sentido de pertenencia, la cohexión a través del fútbol después del proceso traumático que fue desde la desintegración de la Unión Soviética a la recuperación política y económica de la Federación a partir de la gestión de Vladimir Putin. También, claro, se aprovecha el sábado de fútbol para beber mucho en una de las bellas noches blancas del verano de San Petersburgo. Igual los rusos no necesitan la excusa de la pelota para ello…
En el fondo lo que aflora es el orgullo por una cultura y una identidad. Esta es la Leningrado que los alemanes cercaron durante cuatro años y dejaron más de un millón de muertos. No solo en batalla. Sino habitantes de una ciudad a la que los nazis le cortaban el gas en ese bloqueo y se morían de frío y de hambre en inviernos con 30 grados bajo cero. Todavía todas las familias tienen un miembro, o antepasado, o amigas o amigos víctimas de aquel encierro criminal.
De todo eso salió Leningrado y la Unión Soviética fue la que ganó la Segunda Guerra Mundial por esa heroica resistencia, antes del triunfo final del Ejercito Rojo.
La mañana después a la noche de los paradójicos festejos (tras el 2 a 2 y derrota en los penales ante Croacia), viaje a Peterhof, la residencia de verano de los zares al que se llega por barco (también se puede por tierra pero no tiene tanto encanto) a través del golfo de Finlandia,  en el Mar Báltico.
Impacta la reconstrucción exacta de Peterhof, de ese palacio, sus jardines y sus fuentes. Los nazis lo destruyeron prácticamente por completo. Quedaron solo algunas paredes. Desde el 46 a los 80 largos, es decir, en pleno período soviético, se procedió a la restauración y reconstrucción completa. No importaba que fuera un emblema de los zares, más bien se trata de un símbolo de la supremacía cultural de esta ciudad. No casualmente fue lo primero que los nazis bombardearon. Quisieron borrar vestigios de una cultura. El pueblo mismo se encargó de la primera etapa de su recuperación. Y hoy Peterhof luce exactamente como hasta antes de la destrucción. Y eso es conmovedor.
San Petersburgo es la capital de la cultura de Rusia y también una de las de Europa toda. Los nazis no la hicieron rendir ni con el hambre, el frío y un millón de muertos. ¿Como no van a salir a celebrar pese a los penales que malograron Smolov y Mario Fernández?. Si esta orgullosa capital cultural fue capaz de recibir y darle un marco de lujo al Mundial de fútbol. Leningrado es la Ciudad Héroe. Y eso vale más que mil mundiales.