lunes, abril 22, 2024
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Argentina fuera del Mundial: El tiro del final

Por Roberto D. Fernández, desde Kazán/CCCPMundial

Es posible que los resultados del fútbol sean consecuencia de estados emocionales pasajeros. En una idea que se me cruza menos de media hora después de que el referí iraní Alireza Faghani determinara la finalización del encuentro en esta ciudad habitada por tártaros modernos, herederos de aquellos que vivieron y murieron defendiendo su dignidad.

Los argentinos de Messi y Mascherano pelearon para defender su dignidad, qué duda cabe, y, en apariencia, fracasaron. Igual que aquellos tártaros de épocas idas. No habrá cuartos de final para ellos.

Que no hay equipo es una verdad irrefutable, perdón si suena pedante, pero así se han manifestado quienes defendieron desde siempre a este grupo y aquellos que hicieron un minuto de silencio prematuro. Tan prematuro, de paso, como quienes hoy lloraron antes de tiempo esta derrota frente a los franceses que al cabo quedó confirmada.

A falta de equipo, a falta de juego coordinado, a falta de socios que dieran la altura al lado de Messi, los argentinos, luego de la inocentada de Marcos Rojo que derivó en el 0-1, se plantaron para devolver palo con palo, como gustan decir los comentaristas de boxeo. Y eso de suplir la cabeza con el músculo impactó a los franceses. Máxime cuando el que los embocó fue Di María con un gol de otros días (suyos). Justo él, estrella del París Saint Germain, malquerido en su propio país porque dejó de ser el que era. Ingratitud del tiempo transcurrido.

Algo flotaba en el ambiente, en esta caja de resonancia que es el Arena Stadium, abarrotado de argentinos venidos de todos lados. Y pasaron cosas grossas.

El cese del fuego marcado por el descanso fue apenas un detalle. En la reanudación un hecho fortuito sirvió para dar vuelta el resultado. Paradoja, Mercado pretendió dominar una pelota y lo que ocurrió es que esta desvió su camino y se metió en el arco. ¿Quién dijo que la habilidad siempre define?

Un amigo que de esto sabe mucho dijo sin eufemismos: “los franceses están cagados”. Es posible que así fuera. Lo que no parecía posible era continuar con esa política del palo a palo, porque para los más grandes no hay fuelles que aguanten.

Francia, dueña de una respetable flota de trenes de alta velocidad, hizo estragos con su juego de recuperar y salir rapidísimo de contra; y entonces sí, no hubo equivalencias. En esos fatídicos once minutos que corrieron entre los 57 y los 68 se definió todo, o así pareció.

El verdadero termómetro lo dieron los hinchas vestidos de azul: solo se atrevieron a cantar, a festejar, a los 89, pero el que puso otra mano fue Agüero. Y mirá si salía bien esa última jugada armada más con el corazón que con las piernas…

La línea divisoria suele ser finita como un hilo. Por eso es que los juicios terminantes son tan cuestionables.

Se va, o se irá poco a poco, la generación de Leo Messi, Mascherano, Di María, poco estimada porque apenas cosechó un subtítulo del mundo y dos segundos puestos en sendas copas América. Los de apenas tiene sorna, que se entienda.

¿Nos daremos cuenta que el resultado fue 3-4 contra una de las selecciones marcadas a priori como candidatas a ganar el título?

ccccpmundial.com