lunes, julio 15, 2024
Cultura

El rap argento

Por Patricia Verón, especial para El Furgón – Acusados en el año 2008 de apología del delito por “el ejercicio de la violencia contra la policía, el robo de la propiedad privada, el uso de armas contra la sociedad y el consumo de estupefacientes” los integrantes de Fuerte Apache declaraban, luego de que un juez desestimara la denuncia: “En nuestras letras no bardeamos. Cantamos la realidad, lo que somos, lo que vivimos. No hacemos apología.” Sin dudas, una de las bandas de rap emblemáticas de fines de los 90 había sido “marcada” sustituyendo, como en una metonimia del poder, el todo por la parte.

Es que el rap tiene, desde sus orígenes, una narrativa que birla toda intensión por distanciar el enunciado de la realidad que enuncia (y denuncia en algunos casos); más allá de estilos y diferencias, se proyecta como una representación cultural de lo que fueron los grupos sociales des-enmarcados del capitalismo, el sobrante del sistema que desde afuera supo explicarlo: la población negra del Bronx.

Afrika Bambaata, pionero del hip hop, miembro de la pandilla callejera Black Spade, al alejarse de esta formó la “Nación Universal Zulú”, una asociación que ayudaba a los jóvenes en conflicto a cambiar su situación a través de la práctica del Hip Hop como forma de vida. Cuenta en una entrevista que le hicieran a propósito de su visita a Colombia en 2015: “Como saben, era una época (los 70 en el Bronx) en que la gente que llaman negra o morena, estaba pasando por muchos cambios, luchaban para que se les reconocieran sus derechos, luchaban por ser el pueblo que eran y por enseñar y contar su historia” “La música del hip hop se convirtió en una religión, parte de sentir esa vibración. Al hablar del hip hop nos referimos a todo un movimiento cultural: los DJ, los b-boys, las b-girls, los escritores de grafiti, los MC o maestros de ceremonia y el quinto elemento, que une todo y combina conocimiento, cultura y overstanding”.

Lo cierto es también que del Rap (dicho enérgico y crítico, onomatopeya de “pegar” (rappa), entre otras derivaciones del nombre) en Argentina y específicamente en el Conurbano se está realizando una investigación acerca de esta forma musical y su impacto en los jóvenes que viven en el mismo.

Un equipo interdisciplinario que suma antropologxs, gente de Letras, de arte, comunicadorxs sociales, entre otros, vienen investigando dicha zona desde la década de 1990. Según nos cuenta Martín Biaggini, historiador, documentalista y profesor de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ): “Los primeros trabajos respondían al género de la historia regional o local, y buscaban dar explicaciones sobre los orígenes de las poblaciones primigenias que dieron forma a los actuales barrios. Luego desde la UNAJ, comenzamos a abordar el tema de los consumos culturales de los jóvenes en el conurbano. Ahí nos dimos cuenta que, más allá de las características de dichos consumos, el rap era una de las prácticas que más se repetían.”

La idea de abarcar el conurbano de Buenos Aires, entendiendo a este como un lugar de intercambios y no netamente un territorio geográfico delimitado, los lleva a entrevistar a grupos (Crews) de práctica de hip hop en esa zona. Por ello la noticia se va extendiendo entre los mismos raperxs y es así que aparecen también de capital, de distintos lugares del gran Buenos Aires, y hasta del llamado interior del país.

Aunque el proceso de investigación está en sus comienzos, y aún no analizaron los discursos, la temática central es abordar como el rap llegó a la Argentina y como se estableció. Hasta ahora identificaron cuatro generaciones. Una primera en los años 80s, más vinculada con la vieja escuela, una en los 90s cruzada por los grupos Sindicato Argentino del Hip Hop, 9 mm, En contra del hombre, entre otros. Luego una generación post 2001 y una más actual, que se diversifica en todos los barrios.

También es notable que hay una predominancia de hombres que sostienen esta práctica cultural (sin olvidar al grupo Actitud María Marta de la década de los 90s) pero dado que en esta última década se han sumado muchas mujeres, uno de los ejes de la investigación es la perspectiva de género, en sus letras, en sus prácticas y en sus códigos estéticos.

La investigación está planteada en dos años. Si bien este mes se presenta una ponencia en las 4tas Jornadas Internacionales de Arte, Cultura y Política en la UNAJ, la idea es publicar los resultados en formato libro y artículos en diversos formatos.

Fotos: Martín Biaggini