sábado, abril 13, 2024
Cultura

Western: Los colonos globales

Este estreno alemán, entre la ficción y el documental, aporta una original mirada al tema de las migraciones internas y los nacionalismos en la Unión Europea.

Por Fernando Chiappussi/El Furgón – Hace ya unos años que una nueva generación de cineastas viene renovando el cine alemán y posicionándolo entre los mejores de Europa, con nombres como los de Christian Petzold, Thomas Arslan, Ulrich Köhler y Maren Ade.  Entre los varios nombres femeninos que brillan en la llamada escuela berlinesa está el de Valeska Grisebach, que con su tercera película Western confirma las esperanzas que despertaran sus títulos anteriores, Be mystar (2001) y Longing (2006).  Grisebach se toma su tiempo para filmar, pero el resultado es superlativo: Western es una película como casi ninguna otra.

Plantar bandera en tierras extrañas.

Durante sus dos horas de proyección, registradas casi íntegramente en exteriores y escenarios naturales de Bulgaria, seguimos la convivencia de unos obreros alemanes que ha llegado hasta allí para la construcción de una obra de ingeniería en un paraje boscoso. El tema son las relaciones entre ellos y con los habitantes de un pueblo vecino, con quienes mantienen una disputa por la provisión de agua pero a los que necesitan para orientarse y conseguir algún entretenimiento. Si bien por momentos la película tiene una estructura coral, siguiendo personajes a ambos lados de la frontera cultural, hay un protagonista: Meinhard, un obrero lacónico de mediana edad, de quien nada sabemos más allá de lo que cuenta a compañeros y a los búlgaros que lo miran con cara de pocos amigos. Algo diferente de sus compatriotas, Meinhard servirá de puente entre los dos grupos. Ninguno entiende el idioma del otro: la comunicación se basa en gestos y sonrisas de peligrosa ambigüedad, y hay por ahí una sobrina que sabe inglés y es llamada para traducir cuando las papas queman. Todo el tiempo fluye una doble corriente de simpatía y a la vez desconfianza. Con el correr de los días, vemos cómo Meinhard cuenta diferentes versiones de sí mismo en su intento por caer bien a los otros: si bien pertenece al bando de los alemanes, se nota que en el fondo es un marginal.

Si bien los diálogos están subtitulados, el único que entiende todo lo que se dice es el espectador.  Más allá de los papeles, la UE se muestra un rejunte de culturas obligadas a interactuar por la tendencia a tercerizar obra pública en empresas extranjeras, habitual en tiempos de globalización. El choque de civilizaciones es inevitable, y la única manera de sobrevivir es adaptarse a las costumbres del grupo vencedor. Pero no hay grandes tragedias en Western: todo se da a un nivel microscópico y cotidiano, como en una suerte de Historias mínimas donde el neorrealismo a la italiana ha sido reemplazado por una atención supina al detalle: aquí también los actores profesionales han sido reemplazados por lugareños, es decir los protagonistas reales de los acontecimientos.

Meinhard Neumann

Para emprender su particular terapia actoral, Grisebach puso patas arriba el procedimiento para hacer una película. Lo tradicional sería escribir un guión, luego buscar locaciones y actores. En los últimos años, el cine independiente se apoyó en las locaciones naturales como manera de ahorrar costos, generando y corrigiendo guiones a partir de lo que había disponible (y así se llenó de post-adolescentes rumiando en departamentos). Grisebach empezó por la locación, buscando una zona de frontera donde se dan este tipo de conflictos: la encontró en el sur de Bulgaria, cerca de la frontera griega, por donde a menudo aparecen quienes escapan de la tenaza financiera en la Acrópolis (por no hablar de la omnipresente migración siria). Luego se dedicó a entrevistar lugareños a la manera de un documental, en busca de algo que le sugiriera un nudo dramático. Una vez descubierta la obra civil con expertise germánico, que existía en la vida real, el documental devino casting filmado y sus entrevistados más maleables, los actores que darían cuerpo a la historia que Grisebach escribió posteriormente. Un juego que puso a los participantes a una distancia mínima de su vida real, lo que se percibe todo el tiempo en pantalla: de alguna manera, sentimos que estamos ahí.

Valeska Grisebach durante el rodaje

La pregunta inicial de la cineasta fue: ¿dónde encontrar el género en la actualidad europea? En otro tiempo, la actualización del western fueron las roadmovies, donde el automóvil reemplazaba al caballo y los protagonistas ya no huían de la Ley sino de la alienación urbana.  La película de Grisebach, en cambio, está encajonada en un solo espacio: los obreros transplantados son como nuevos colonos y el único llanero solitario, Meinhard, deberá acomodarse a las reglas de la mayoría.  No hay lugar donde escapar.

*A último momento, la distribuidora pospuso el estreno de Western para próximo 12 de julio