domingo, abril 21, 2024
Cultura

Entre el periodismo libre y la farsa

Una reflexión sobre el oficio de periodista, el coraje y el compromiso

Por Jorge Ezequiel Rodríguez/El Furgón – Porque así estuvo y está la cosa. Entre veredas que sienten diferente y que entienden o no de vocación y trabajo. Porque de operaciones de interés se desprende la información o se silencia, se la distorsiona, se la ejecuta o se la sienta a esperar en una silla con olor a humedad. Pero también el compromiso se calza de coraje y no duda en desafiar a los monstruos que intentan borrarlo. Y entre ideales y convencimiento se ponen sobre la mesa las informaciones que nadie cuenta, que a pocos les importa, y la alternativa de periodistas dispuestos a dar todo de sí para hacer honor a su oficio, ponen en jaque al periodismo “blanqueado” de billeteras gordas y maletines de colores cambiantes. Porque ya no son uno o dos, ni siquiera diez o quince, se multiplican los pensantes de la verdad, los asumidos subjetivos de la opinión, aquellos que sin ganar un mango pasan toda la noche para contarnos la realidad que ven, que sienten, sin que nadie con dedo patronal les indique el camino. Porque así está la cosa. Porque todo es periodismo, y poco queda de periodismo, o mucho, según para donde apunte el viento. Porque de tres que salen a embarrarse los pies y lagrimear entre cuadernos y gritos de lucha, dos mil se ponen los zapatos y en una redacción de calefacción y paredes blancas repasan el libreto de lo que hay que decir.

El oficio y la vocación no entienden de dinero y de especulaciones, de intereses y de ordenamientos. Porque el periodismo es libre o es una farsa.

Porque del silencio cuando hay que gritar, y de la palabrería cuando el silencio pide respeto, se desnudan las maneras de unos y otros, de cientos o de dos. Porque los medios hegemónicos siempre serán el cuarto poder, y los medios alternativos su piedra en el zapato, una que cada vez duele más, y que incluso en el avance no los deja caminar. Porque mientras el ejército adoctrinado camina, en las trincheras se sabe bien por qué disparar. Y a la agenda sistemática se le van creando grietas que ellos tendrán que manipular, pero no les será fácil. Porque en la opereta no hay ideal, pero en la coherencia sí. Porque a las palabras cualquiera las reúne para decir algo, pero ese algo puede o no enamorar. Porque la verdad nunca será verdad absoluta, y la decisión de asumirse a cara lavada nos coloca de un lado o del otro, de la mano de nuestros propios ideales, o de la mano del patrón de turno. Porque eso es y no es periodismo. Porque así de frivolizado está el asunto. Porque se replican los panelistas con maquillajes fantasmales, y también las columnas de zapatillas gastadas. Porque mientras algunos pasan toda la vida tratando de llegar alto con sueños individuales, lamiendo botas y besando anillos, otros trabajamos sin descanso por la vocación elegida sin pensar en ninguna grandeza personal. Porque el periodismo no es pegarla, ni vivir de ello.

El oficio y la vocación no entienden de dinero y de especulaciones, de intereses y de ordenamientos. Porque el periodismo es libre o es una farsa. Y a la vez que la verdad se instala desde una vereda con sólo un cuadernito y la convicción de mostrar la realidad, los soldaditos con obediencia debida embarran la cancha, eso sí, sin jamás pisar el barro. Y nos dicen mil y una vez, en repetidas maneras de picar sesos, que las luchas no sirven, y nos tildan de subversivos, de golpistas, de violentos, o de tristes fracasados. Y así nos persiguen, nos matan, nos cagan a palos en una esquina, nos amenazan con llamados y cartitas, y se ponen siempre detrás de los azules que también entienden cómo ser serviciales. Y no entienden cuando nadie afloja, cuando después de una apretada nace la respuesta, con más coraje del que ellos tuvieron toda la vida. Y mientras ningunean nuestro trabajo, nos demonizan e intentan silenciarnos, se les doblan las rodillas al ver que las luchas sirven y ganan batallas. Porque si no fuera por esta parte del periodismo, la del periodismo real, Santiago, Rafita, Luciano, Diana, Facundo, Julio, Mariano, Darío, entre cientos y cientos, quedarían silenciados por una orden, por un mandato, por ese no-periodismo que marca agenda y que opera para llenarle el bolsillo a otro y a ellos mismos. Porque así está la cosa. Porque sólo nos queda luchar, como supimos aprender, y como decidimos cada vez que salimos a la calle a tratar de cambiar el mundo y las realidades que lastiman, sin sentirnos menos por no tener un nombre en la marquesina, ni veinte departamentos sucios desde la puerta hasta la almohada. Porque así está el periodismo hoy, y lo seguirá estando. Entre la farsa de operadores, y la libertad de las trincheras más multiplicadas que nunca.

Fotos: https://pxhere.com