jueves, julio 18, 2024
Cultura

David Kohon, un cineasta de la calle

  • Uno de los cineastas argentinos más injustamente olvidados, David José Kohon hizo apenas siete largometrajes. Todos están disponibles en YouTube.

Por Fernando Chiappussi/El Furgón – Una serie de imágenes en blanco y negro de la capital, gente en sus trabajos, perfiles edilicios de la gran urbe. Entre estos se van colando otros de calles precarias, casas humildes con techos de chapa, chicos descalzos. Al final, los trabajadores de la gran ciudad vuelven a esas casas, posan frente a ellas, miran a cámara y dicen: “Sí señor, yo vivo acá”. Apenas 12 minutos bastaron para hacer del documental Buenos Aires (1958) un acto de ruptura: por primera vez, el cine mostraba una villa porteña. Contemporáneo del santafesino Tire dié de Birri, pero mucho menos conocido que éste, el cortometraje fue realizado de manera independiente por David José Kohon (1929-2004), uno de los nombres más destacados –pero menos conocidos- de la generación que vino a renovar el cine argentino en los años ‘60.

Esa generación, con nombres como los de Rodolfo Kuhn, Manuel Antin, Leonardo Favio o Lautaro Murúa, aprovechó el clima de apertura surgido con la creación del Instituto Nacional de Cinematografía (1957) para hacer sus primeros films con ayuda financiera estatal y por fuera del escalafón industrial. Pero ese primer impulso estatal sería efímero, y a continuación vendrían los vaivenes políticos y económicos de una época donde los golpes militares eran la única constante. Crisis, desidia y censura irían esmerilando el ímpetu de unos jóvenes cineastas que diez años después ya estaban llamándose a silencio, o acudiendo a esa industria complaciente que habían querido rechazar, para poder sobrevivir. El caso de Kohon es uno de los más duros, precisamente por su intransigencia: decidido a hacer un cine personal, pudo completar apenas siete largometrajes en algo más de dos décadas, y un infarto lo decidió a alejarse prematuramente de la actividad en los años ochenta.

Ana María Picchio y Alberto Fernández De Rosa, en “Breve cielo”

Su primer largo, el extraordinario Prisioneros de una noche (1960), pudo estrenarse recién después del éxito del segundo, Tres veces Ana (1961). El tercero, Así o de otra manera (1964), quedó inédito por insolvencia del productor. El cuarto, Breve cielo (1968), consiguió dos premios en el Festival de Moscú a pesar de que el Instituto, bajo Onganía, se negaba a presentar películas argentinas en el evento (la patriada estuvo a cargo de Isaac Vainikoff, el dueño del cine Cosmos 70, quien envió una copia por su cuenta). La falta de apoyo del Instituto significó que nadie estaba presente para recibir los galardones. Toda una marca de época. Las películas del nuevo cine argentino eran recomendadas por la prensa especializada pero sistemáticamente ninguneadas por un sistema de exhibición que privilegiaba los tanques de Hollywood (¿te suena?) y un control gubernamental del tipo “siga siga”, cuya gestión criticara abiertamente Leopoldo Torre Nilsson, otra víctima y el padre espiritual de esa generación.

“Prisioneros de una noche” (1960)

Es cierto que el cine de Kohon, como el de sus coetáneos, estaba influenciado por las corrientes europeas del momento, que a veces imitaban con descaro: Con alma y vida (1970), por ejemplo, parece una remake del Pierrot le fou de Godard. Pero estos cineastas igual estaban a años luz del cine argentino tradicional, y se preocupaban por discutir el estado de cosas. Cierto existencialismo y pesimismo podían quitarles espectadores. Pero ¿cómo no ser pesimista en uno de los períodos más nefastos de la historia argentina? Movido por el inconformismo y el cuestionamiento, el nuevo cine salía de los estudios y buscaba nuevas formas para acercarse a lo que ocurría en la calle. Y Kohon fue tal vez quien más sacó la cámara a la calle. Nadie filmó Buenos Aires como él. Ver cualquiera de sus films es asomarse al pasado de la ciudad, atisbar la actividad del viejo Mercado de Abasto y el parque del Retiro (en Prisioneros…), las callecitas de San Telmo y el microcentro (Breve cielo), o la construcción del nuevo barrio Catalinas (¿Qué es el otoño?, 1977). La vitalidad que aún hoy respiran esos momentos, filmados en típicos contrapicados, más que compensa el efecto de algunos diálogos literarios o el uso de un en vías de extinción, sobre todo en los primeros films. Además, los personajes de Kohon abarcan todo el espectro social y pueden pasar por pensiones, villas y conventillos, representados con un realismo nada habitual. No obstante, la actitud de los protagonistas, siempre retraída y reconcentrada, permite adivinar al hombre cosmopolita pero solitario que fue Kohon. Alejado de las opciones partidarias -nunca fue peronista-, el cineasta demuestra valentía y lucidez en su análisis de la realidad de esos años. Basta ver ¿Qué es el otoño?, la película que dedicó a sus compañeros de generación, y una de las pocas que logró romper el cerco de la censura en los años de plomo. Como la historia transcurría en el período inmediato anterior, el del enfrentamiento entre dos peronismos, pudo estrenarse pese a que mostraba la represión paraestatal en un clima de crisis y desesperanza que también era el de la dictadura. Pero la rebeldía de Kohon iba más allá de lo ideológico, tocaba lo familiar y aun lo sexual: “toda nuestra vida era represión” dijo alguna vez, refiriéndose a sus años de formación.

“Así o de otra manera” (1964)

Salvo Tres veces Ana y, en su momento, Con alma y vida, las películas de Kohon no tuvieron el respaldo del público, y su revisión no ha trascendido el ámbito académico. Hoy se las encuentra fácilmente en YouTube, en precarios transfers televisivos. Algún día, en Argentina Año Verde, el Estado va a preocuparse por restaurar y difundir el cine de David José Kohon.