sábado, abril 13, 2024
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El amante doble que todos llevamos dentro

  • La nueva película de François Ozon, que se estrena hoy, juega con la duplicidad y la ambigüedad del deseo encarnado en la actriz francesa Marine Vacth.

Por Fernando Chiappussi/El Furgón – El director de Bajo la arena es muy adepto a las historias de pareja, en particular las que reflejan los secretos y silencios que se tejen entre sus miembros, y cómo esto afecta la relación. Ozon suele ser linkeado con el cine de autor, pero como a su connacional Olivier Assayas esto no lo aleja de los géneros más comerciales, y El amante doble (L’ amant double, 2017) es una de sus más felices incursiones en lo que algunos llaman thriller psicológico o, más simplemente, ficción paranoica.

“Bajo la arena”

Chloé (Marine Vacth) es una joven que empieza a hacer terapia ante la dificultad de los médicos para hacer un diagnóstico sobre los extraños dolores que siente en el bajo vientre. El tratamiento tampoco llega a ninguna conclusión, pero sí da lugar a una relación sentimental con su psicólogo, Paul (Jérémie Renier, conocido por sus papeles en las películas de los hermanos Dardenne). A poco de mudarse juntos, Chloé descubre que existe alguien idéntico a Paul, llamado Louis, y la lógica curiosidad por este sosías secreto pronto se convierte en obsesión. Conviene no decir mucho más, pero es en las diferencias entre los dos papeles que juega Renier que la película juega su carta más arriesgada, y a poco de entrar en esta zona argumental uno comienza a preguntarse cuánto de lo que está viendo ocurre en la realidad y cuánto existe sólo en la mente de Chloé.  De ahí el suspenso, aquí manejado con una mayor riqueza argumental que en los habituales thrillers norteamericanos, y con un brillante diseño visual que parece inspirarse en el Hitchcock más desatado.

“El amante doble”

Con todo, esta es una película de actores y si bien Renier tiene a su cargo la tarea de interpretar dos papeles bien diferentes, prácticamente opuestos, toda la acción es seguida a través de Chloé. La sensual Marine Vacth, a quien ya habíamos visto en otra película de Ozon –Joven y bella (2013)-, es capaz de transmitir misterio y a la vez hacernos sentir las dudas y vacilaciones del personaje, a menudo en escenas sin diálogo o a pesar de éste.  Queremos estar de su lado y a la vez desconfiamos de ella.  La tensión entre verdad, mentira y alucinación se mantiene durante casi todo el metraje, y si bien la explicación final deja más preguntas que convicciones -como ocurría en La piscina (2003), con la que El amante doble tiene algunos puntos de contacto-, el transcurso atrapa de tal manera que uno termina casi perdonándole a Ozon esos últimos minutos.

“Joven y bella”

A veces, una estructura de género permite -a pesar de su énfasis en el entretenimiento- plantear un tema de debate de manera más concreta y efectiva que una ficción de las llamadas “de tesis” (hoy casi en desuso). En el caso de El amante doble, se trata de la relación entre amor y sexo, un tópico habitual en las discusiones de pareja y en el panelismo de todas las televisiones del mundo. Según el libreto tradicional de la polémica, el hombre separa entre amor y sexo, mientras que la mujer reclamaría la unión de ambos como expresión de un amor verdadero y fiable. Paul y Louis, que serán pareja y amante de Chloé en la película, son opuestos entre sí y parecen representar cada una de esas instancias; pero Chloé, al ser atraída por ambos, manifiesta en sí misma una duplicidad habitualmente atribuida sólo al hombre. Hace pocas semanas, Albertina Carri presentó en el BAFICI Las hijas del fuego, una película dedicada a consagrar el goce sexual femenino, algo que los hombres suelen dar por hecho pero que una nueva generación de mujeres reclama como un derecho a conquistar.  Sin la estridencia de la película de Carri, pero también sin el final feliz que ésta le depara a sus protagonistas, el film de Ozon -basado en un cuento de la norteamericana Joyce Carol Oates- parece participar de una posición parecida. Claro que la figura estilizada de Vacth, una ex modelo, responde al canon de la belleza tradicional, y Ozon no duda en explotarla para alimentar la fantasía del voyeur escondido en cada espectador. Lejos de la utopía de Carri -con su libertad de géneros y tipos corporales-, en este mundo canónico que busca la salud pero también premia la apariencia, el deseo primal de Chloé resulta trágico, y la protagonista recibirá su castigo.