sábado, abril 13, 2024
Nacionales

Central, dos Antonios y un Peugeot 504

Por Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino/El Furgón – Corre el año 1973. Juan Domingo Perón asume por tercera vez la presidencia, tras un exilio de 18 años y la posterior renuncia de Héctor Cámpora, pero el país está en un estado de ebullición que preanuncia lo que va a suceder a partir de marzo de 1976. Rosario Central es uno de los protagonistas del Campeonato Nacional y sus simpatizantes sueñan con la conquista de una nueva estrella para sumar a la que en 1971, y por primera vez en su historia, le habían podido adosar a su amado escudo. Entre esos hinchas, que se habían cansado de gritar aquello de “Lo dijo el Tío (por Cámpora), lo dijo Perón: hacete canalla que sale campeón”, están los hermanos Antonio Víctor y Antonio Luis Tovo, oriundos de la localidad santafesina de Pérez.

El certamen se define con la disputa de un cuadrangular y los de Arroyito llegan al último partido con grandes chances de campeonar, ya que les alcanza con empatar ante San Lorenzo de Almagro. En las tribunas del estadio Monumental, y aunque ninguno sabe que el otro iba a asistir, Antonio Víctor, que por ese entonces reside en Mar del Plata, y Antonio Luis, se encuentran. Y celebran, en tierras porteñas y hasta el hartazgo, la consagración del equipo que dirige técnicamente Carlos Timoteo Griguol y al que la prensa bautizó Los Picapiedras.

El 22 de abril de 1979, por la octava fecha del Metropolitano, Rosario Central recibe, vaya paradoja, a San Lorenzo en Arroyito. En una de las populares del Gigante, y a pesar de la clandestinidad, está Antonio Luis, quien se abraza con su hermano para celebrar el tanto del pampeano Félix Lorenzo Orte. El duelo, al igual que aquel de 1973, termina empatado en 1. Pero la felicidad de ver al club de sus amores, aun poniendo en riesgo su vida, es infinita.

El clásico rosarino del Metropolitano de 1980 se juega, curiosamente, un miércoles por la noche. Con un formidable disparo de tiro libre de Jorge Chiquilín García que se cuela en el ángulo izquierdo de Víctor Civarelli, y en el arco que da espaldas al Hipódromo, Central se da el gusto de vencer a su eterno rival en condición de visitante. Nadie imagina que deberán pasar 22 años para que el Canalla vuelva a triunfar en el Parque Independencia. Y nadie imagina que Antonio Luis Tovo, a quien su padre y su hermano están esperando para ir a la cancha, no va a aparecer nunca más con vida.

A Pascual, tal como lo conocen sus compañeros, lo secuestran el miércoles 4 de junio de 1980, en el marco de la contraofensiva de la agrupación Montoneros. Cuando se dirige a su trabajo en la concesionaria de autos Reutemann, a bordo de su Peugeot 504 color bordó, dos coches lo interceptan en la intersección de las avenidas Las Palmeras y Godoy, en la localidad de Pérez, a unos 15 kilómetros de Rosario. De su destino, al igual que el de su Peugeot 504 bordó, no se sabrá nunca más nada.