lunes, abril 22, 2024
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Carlos Jáuregui en la pantalla grande

El Furgón – “El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui”, es una película de Lucas Santa Ana que este jueves se estrena en el cine Gaumont, avenida Rivadavia 1635, ciudad de Buenos Aires.

La película, que ya recorrió varios festivales internacionales, se centra en una figura clave en la historia de la defensa de los derechos del colectivo gay en Argentina: Carlos Jáuregui, gestor de la primera Marcha del Orgullo, que vivió una vida corta e intensa.

En El Furgón dialogamos con Santa Ana, quien relata que “en 2013 Gustavo Pecoraro, amigo íntimo de Carlos, me ofrece crear un cortometraje para las Jornadas Jáuregui que él mismo organizaba. En ese momento no sabía quién era”.

“Yo salí del closet en 1996 recuerda el director de la película-, el mismo año que Jáuregui muere, y todavía no lo puedo creer. En 2015 se acercaban los 20 años de su fallecimiento y no había ningún material acerca de él, que había sido la punta de flecha a la hora de obtener derechos para nuestro colectivo”. De esa forma, comenzaron los encuentros entre Santa Ana y Pecoraro, quienes comenzaron a escribir el guión y luego presentaron el proyecto al INCAA.

-¿Qué te parece que genera la película cuando es vista?

-Al que no conoce a Carlos le genera una gran empatía porque era simpático. También una gran emoción, porque es una persona que falleció y que no pudo ver lo que generó su lucha. No apelé al golpe bajo, pero sí me interesa que la información pase por la emoción y no por la inteligencia. A veces los documentales pecan de intelectuales.

-¿Cómo ves la situación de los derechos LGTBIQ por estos días?

-Hay que recordar a Jáuregui ahora y siempre porque hizo de su vida una lucha para que tengamos las leyes de identidad de género y matrimonio igualitario. Él dio un paso en la lucha antidiscriminatoria y en los derechos civiles para el colectivo LGTBIQ. Vivió en carne propia el no estar casado y no poder acceder a una herencia cuando su pareja murió. Hay que estar alerta, porque los derechos ganados se los puede perder si no se cuidan. El gran paso es la educación en la diversidad, eso hace falta. Actualmente hay un libertinaje de la violencia y la discriminación que puede verse en las personas homosexuales que se besan en un subte o que van por la calle de la mano y son atacados.

-¿Ves cambios en la Marcha del Orgullo Gay?

-Siempre tuvo consignas. Eso se sigue manteniendo. Incluso el espíritu político está, aunque se baile y se festeje. Creo que la misma marcha fue una utopía. Jáuregui la vio en París y quiso traerla. En 1983, cuando recuperamos la democracia, nuestro colectivo pensó que iban a estar dados los derechos, pero pronto se dieron cuenta de que había que salir a buscarlos a la calle.