Vivas nos matan y muertas nos siguen juzgando: La lealtad corporativa del patriarcado
El cuerpo descuartizado de Agostina Vega, de 14 años fue hallado el sábado 30 de mayo por la tarde en un descampado en Ampliación Ferreyra, Córdoba luego de una semana desaparecida. La autopsia reveló que la causa de la muerte fue asfixia mecánica luego de ser violada por Claudio Barrelier quien tenía antecedentes penales y era empleado municipal en Córdoba.
El cuerpo de Dulce María Beatriz Candia, de 17 añosfue hallado el jueves 28 de mayo en la cámara séptica de una construcción abandonada, en el barrio El Tucán, Misiones. El detenido y principal sospechoso; un remisero.
El cuerpo de Noelia Carolina Rivero, de 30 años fue hallado el sábado 30 de mayo en un departamento en Temperley, partido de Lomas de Zamora. La joven había sido asesinada a puñaladas por su novio.
Tres nuevos femicidios en una semana trágica nos siguen interpelando e inquietando: ¿Por qué las alertas y protocolos demoran en activarse? ¿Por qué las denuncias no se toman a tiempo? ¿Por qué un hombre con antecedentes penales puede trabajar en la municipalidad de una provincia? ¿Por qué el foco está puesto en nuestra ropa, nuestras conductas, en nuestros mensajes o formas de actuar cuando nuestros cuerpos son los sojuzgados, mutilados, violados y asesinados?
¿Por qué resulta casi imperioso para gran parte de la sociedad realizar esta inversión de la culpa y responsabilidad como si de alguna manera nuestras vidas, formas, ropas, cuerpos o actitudes pudieran justificar algún femicidio? ¿Por qué seguimos replicando con este relato la conducta del femicida moralizador del que habla Rita Segato? ¿Por qué nos permitimos preguntarnos e interpelar a la víctima que ya ni muerta puede descansar en paz?

Rita Segato describe al femicida como un moralizador, un disciplinador que se percibe como alguien que va a imponer un orden de respeto a la figura masculina. El femicidio, explica la antropóloga, es un crimen de poder y agrega que está más relacionado con el vínculo corporativo entre pares que con la propia víctima. Es un crimen que los posiciona ante la fratria y que se replica en las instituciones.
Pues bien,esta es una manera de explicar o comenzar a dilucidar la batería de preguntas antes mencionadas. Si este hombre (ni demonio ni loco) lo que se propone es ubicarnos y mostrarnos el lugar que debemos ocupar para que la cofradía así lo vea y lo entienda como conducta, lo logra porque luego de un femicidio aluviones de voces juzgándonos emergen; si era puta, si se vestía provocativa, si salía mucho, si se pintaba demasiado y estos cuestionamientos no hacen más que replicar el lugar en el que el femicida nos posiciona. Si nos corremos, rebelamos y modificamos el orden patriarcalnos convertimos en malas víctimas o de alguna manera en merecedoras del castigo del poderoso.
Entonces, ¿cómo esperamos un cambio, una modificación si los medios, las instituciones y los gobernantes responsables de políticas públicas bailan al son del mandato disciplinador del femicida? Vivas nos matan los femicidas y muertas la fratria que repite, de alguna forma, su accionar.
Urge generar una conciencia de género social, un planteo profundo, de raíz y comenzar a mirar y plantear una sociedad equitativa. Para que esto suceda la Educación Sexual Integral como una manera de ver y habitar el mundo es fundamental. Como herramienta para ir desmenuzando este caldo de cultivo, estos cimientos que sostienen a los femicidios. Comprendiendo que la ESI es para todos y todas, en todos los espacios que transitemos.
Debemos entender a estos crímenes como construcciones culturales y sociales en lugar de hacer hincapié en el acto punitivo sobre el que se basa el sistema judicial. El femicidio es la punta de un iceberg, es lo visible en la cima de una gran construcción subjetiva de años de patriarcado, mandatos y machismo que nos sojuzgan, nos someten y nos matan.
Debajo de este iceberg, los cimientos que lo mantienen y sostienen son los actos cotidianos, las micro violencias invisibilizadas y naturalizadas. Las que hasta nos causan gracias y deberían avergonzarnos. Estas que transitamos día a día y que ni sorprenden ni espantan.
Ni locos, ni animales hombres criados y productos del sistema patriarcal que piensa que nuestros cuerpos son objetos a someter y violentar para disciplinar. Si los transformamos en monstruos los corremos del mapa y no generamos la hiancia y espacios necesarios para entender que la muerte de una mujer cada 31 hs. no es un hecho aislado sino una conducta cotidiana.
A 11 años del primer “Ni Una Menos”, el Estado y el sistema de justicia tienen la responsabilidad ineludible de actuar con debida diligencia: prevenir las violencias, garantizar protocolos de búsqueda inmediatos ante denuncias de desaparición, investigar con perspectiva de género y niñez, y asegurar protección efectiva para quienes se encuentran en situación de riesgo. Cada demora, cada denuncia desoída y cada intervención insuficiente es otra forma más de violentarnos.
Escuchando a Dora Barrancos me gustaría terminar esta columna pensando en transformar la inmanencia en trascendencia para poder ir más allá de los límites que esta cultura de dueñidad patriarcal le impone a nuestros cuerpos.
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Carla Elena. Autora del libro “ESI, haciendo camino al andar”. Editorial Sudestada. Autora del Capítulo “ESI como forma de prevenir diferentes formas de violencia” del libro “Tratado sobre Violencia” Editorial Raíces. Autora del capítulo se “De ESI si se habla” del libro sobre los 15 años de la ESI, compilado por la Legislatura Porteña. Coautora del capítulo “Bullying, una deconstrucción necesaria” del libro “Malestar en las escuelas, violencia de género, abordaje interdisciplinario». Ediciones Ricardo Vergara. Autora del capítulo “Abordar la ESI desde el arte, una oportunidad que no nos podemos perder» del libro “Escuelas en movimiento”. Ediciones Ricardo Vergara y autora del capítulo “Violencia una historia sin fin” del libro” Violencia de género, un abordaje interdisciplinario». Ediciones Ricardo Vergara. Autora del artículo: «ESI una deconstrucción social necesaria”. Revista Actualidad Psicológica. Compiladora del libro “Feminismos y adolescencias” Editorial Sudestada. Autora del prólogo del libro “Adolescencias y ESI”. Editorial Bonum. Psicóloga Social. Posgraduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. Diplomada en “Violencia Familiar y Género”. “Derecho de Niñez y Adolescencia”. “Discapacidad”. «Educación en Contextos de Encierro» “Despatologización de las Diferencias”, «Psicopatías», “ESI en territorios” y “Discapacidad y sexualidad”. Miembro de Forum Infancias.
