jueves, junio 20, 2024
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Fernando Báez Sosa, a tres años de un asesinato en patota

El crimen de Fernando ocurrió en la madrugada del sábado 18 de enero de 2020, entre las 4.40 y las 5. Esa noche había ido a bailar con sus amigos al boliche Le Brique en el centro de Villa Gesell, donde tuvieron una discusión con otro grupo por lo que fueron expulsados del lugar por los empleados de seguridad.

Luego de casi tres años de su asesinato ha comenzado, el 2 de enero, el juicio oral en los Tribunales de Dolores por el crimen del joven de 18 años. Está previsto que, durante cuatro semanas, declaren unos 100 testigos.

En los primeros días se expresaron los padres del fallecido y diversos amigos quienes pudieron identificar a los asesinos de Fernando. También en las dos primeras semanas atestiguó la mujer que le realizó RCP a Sosa la trágica madrugada.

Otro punto fundamental fueron los policías quienes contaron cómo fue el momento de la detención y la situación de los imputados en ese instante.

Fernando Báez Sosa

La segunda semana del juicio estuvo marcada por las precisiones, dado que los informes periciales dieron cuenta de las huellas que quedaron de la brutal golpiza proporcionada a Sosa la cual le causó la muerte; los reportes médicos, la identificación facial de los imputados en las imágenes fílmicas y el análisis a los teléfonos celulares fueron algunas de las pruebas que se expusieron ante el tribunal de Dolores.

Por otra parte, la inesperada declaración de Luciano Pertossi, quién manifestó no ser él el que está en la escena del crimen, movió el avispero y dejó la puerta abierta a un cambio en la estrategia de los 8 acusados por el “homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas”.

En estas dos semanas finales se espera que los imputados den su versión de los hechos. Cómo fue el fatal ataque en la puerta del boliche Le Brique.

Algunas preguntas circulan en mi cabeza mientras escribo las primeras líneas de esta columna: ¿Cómo es posible tanta brutalidad, tanta saña, tanta crueldad? ¿Somos los seres humanos así por naturaleza?  ¿Cuál es la incidencia de la cultura y el contexto?  ¿Qué será de la vida de estos pibes cuando el juicio concluya? ¿Esta sociedad patriarcal y machista influye en la conducta de los hombres imponiéndoles un mandato de masculinidad hegemónico?

Luego de esta catarata de interrogantes, entiendo que no se puede intentar comprender este crimen sin contextualizarnos ni situarnos por lo que es preciso pensar en diferentes conceptos y nociones que pudieron influir en el comportamiento de estos jóvenes.

Comenzando por aseverar que el sujeto no nace ni malo, ni perverso, ni asesino: somos los seres humanos racionales productos de una construcción social y cultural que nos atraviesa y nos moldea. Entonces, es preciso y urgente pensar cuál es o fue el contexto de estos muchachos, su educación, su relación con los otros, su relación con el deporte, con el mundo externo, su familia, sus amigos. Es decir: su relato, su historia.

Intento reflexionar sobre la sociedad actual donde la violencia pareciera estar flotando en el aire, tanto en la calle, en un estadio, en un recital, en un boliche. La violencia nos transita diariamente y la muerte de un ser, a veces, parece convertirse en un trofeo.

Por otro lado, entiendo fundamental traer el concepto de “Patriarcado” como constructo clave, ya que no solo es un punto de partida sino de llegada sobre esta temática que atraviesa las diferentes culturas del mundo hace décadas y parece ser muy complejo deconstruir.

Madre y padre de Fernando Báez Sosa

El patriarcado no es solo un sistema de opresión de varones hacia las mujeres: sojuzga a todos los cuerpos y las identidades de género que escapen al esquema de cis (concordancia integral sexual) normatividad y heterosexualidad obligatoria (es decir, varones que nacen con genitalidad de varón, se sienten varones, se comportan socialmente como varones y eligen relaciones sexo afectivas con mujeres, y viceversa). Es más, los privilegios no son detectados por la totalidad de los varones cisgénero y heterosexuales, a esa figura se le deben sumar las relaciones de clase, de raza y de edad, por lo que la figura ideal del patriarcado es la de un varón cisgénero, heterosexual, blanco, rubio y adulto.

Rita Segato, antropóloga y especialista en la temática, menciona un concepto muy interesante que es el de “Dueñidad”, es decir, el hecho de que este sea un mundo de dueños, donde hay señores de la vida y de la muerte con gran concentración de la riqueza. La antropóloga indica que el orden patriarcal también es un orden de dueñidad y es funcional al capital de una forma en que nunca lo fue.

Otro concepto fundamental es el de “Mandato de Masculinidad” que en palabras también de Segato actúa en forma de corporación con dos reglas esenciales: la lealtad y la jerarquía. El hombre macho cis y hétero necesita mostrarle al alfa de la cofradía que puede pertenecer al “grupo” de leales al mandato patriarcal y rendirle tributo a esta fratría.

En este sentido no podemos dejar de pensar en la noción de “Masculinidad” que está inmersa en nuestra sociedad. ¿Qué es ser varón? ¿Qué implica la masculinidad? ¿Se nace o se construye?

La masculinidad es un concepto complejo para definir, pero es preciso mencionar lo que la masculinidad NO es. La masculinidad no es un hecho biológico, no depende de los genitales con los que hayamos nacido, no es la manifestación de una esencia interior, ni está determinada por el alma ni por las energías. La masculinidad tampoco es un conjunto de atributos propiedad de los varones, no es algo que se tiene o que se posee. La masculinidad se construye subjetivamente por ende, la misma es particular, única y singular.

La masculinidad es un concepto relacional, ya que existe solo en contraste con la feminidad. Se trata, además, de un concepto moderno, no ha existido desde siempre ni en todas las culturas. Es un conjunto de significados, dinámicos, que construimos a través de nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros y con nuestro mundo. La masculinidad no es estática ni atemporal.

Si sabemos que el género es un dispositivo de poder, un guion para la socialización de varones y mujeres, la masculinidad es esa dimensión del dispositivo y del guion destinada a la educación de los varones en ciertos mandatos y prácticas. Algunos autores hablan de masculinidades en plural, para dar cuenta de que pueden existir diversas formas de ser varones, e incluso, diversas identidades masculinas, sean varones o no.

Por ejemplo, personas no binarias, lesbianas o mujeres que se identifican y expresan desde una apropiación singular de la masculinidad. Si bien esto es así, es imprescindible que problematicemos “La Masculinidad” como un dispositivo que produce y reproduce relaciones desiguales de poder. En ese sentido, la masculinidad en singular es un mandato, un conjunto de normas, de prácticas y de discursos, que de ser asumidos de forma más o menos “exitosa” asignan a los varones (cisgénero y heterosexuales, sobre todo) una posición social privilegiada respecto de otras identidades de género.

Todos los conceptos abordados hasta ahora dan cuenta de que estamos frente a un sistema, un engranaje que está aceitado y que para frenarlo lo punitivo no es suficiente. Al ser un sistema regido por un Mandato de Masculinidad inmerso en un Sistema Patriarcal donde La Masculinidad está impuesta es muy complejo quebrarlo, fisurarlo y deconstruirlo.

Ahora bien, volviendo al inicio de la columna y el crimen de Fernando, entiendo que podemos observar este pacto y tributo para la fratría del que habla el “Mandato de Masculinidad” hoy en el transitar del juicio donde al parecer existe un pacto entre los imputados, un alfa del grupo y un trofeo conquistado que da muestra de la pertenencia al grupo. Luego, el silencio que los sostiene. Hasta ahora.

Creo que es esencial entender que, para abordar la punta del iceberg, es preciso hondar en las pequeñas violencias, en estas micro violencias cotidianas, en los mandatos, en los estereotipos, en la cultura. Es urgente que podamos penetrar en la capilaridad de esta cultura patriarcal que es el caldo de cultivo que va generando y conformando a estos seres que lejos de ser “locos y monstruos” son parte de esta sociedad y la transitan junto a nosotras/os. Estos seres son producto de un contexto y una educación.

Si los transformamos solo en monstruos los sacamos de la escena y es justamente lo que no debemos hacer sino entender que son una consecuencia. Con esto no quiero asegurar que todo hombre en esta sociedad se transformará en un asesino, pero sí que está atravesado por el orden que nos rige.

Fundamental creo es pensar a la Educación Sexual Integral como un instrumento urgente y necesario para penetrar esta capilaridad e interpelar la cultura hegemónica y dominante de este mundo capitalista donde aparentemente existen seres dueños de la vida de otros y todos parecemos ser una mercancía.

La ESI plantea y propone un cambio de mirada, de paradigma. Quebrar con la cultura patriarcal dominante y romper con los estereotipos de género que nos han inculcado. Esta es una de las herramientas con las que contamos para poder ir desmenuzando este caldo de cultivo, estos cimientos que sostienen al iceberg. Entendiendo por supuesto que la ESI es para todos y todas, en todo espacio en el que transitemos.

La Educación Sexual Integral para prevenir diferentes formas de violencia impulsa y difunde el conocimiento de los derechos humanos internacionales y de las políticas, leyes y estructuras nacionales, a la par que defiende los derechos a elegir y la participación ciudadana. Además, plantea entre sus objetivos el disfrute de la sexualidad y cuestiona las barreras sobre el erotismo que limitan la sexualidad a la mera función reproductiva. La ESI plantea y propone un cambio de mirada, de paradigma. Un quiebre.

Para concluir me gustaría compartir unas palabras del filósofo inglés Davis Hume :“Los seres humanos llegamos a la vida sin saberes previos ni esquemas de pensamiento que delimiten cómo debemos concebir la realidad. Todo lo que llegaremos a saber será gracias a la exposición, a las experiencias”.

Carla Elena. Autora de “Esi, haciendo camino al andar” y capítulos varios de diversos libros. Psicóloga Social. Diplomada en “Violencia Familiar y Género”. “Derecho de Niñez y Adolescencia”. “Discapacidad”. “Psicopatías” y “Educación en Contextos de Encierro” y “Esi en Territorios”. Posgraduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. “Despatologización de las Diferencias” y “Adolescencia, Suicidio y Autolesiones”. Miembro de Forum Infancias. Docente. Columnista de Sudestada y El Furgón. Participa en Radio Tinkunaco y Radio Gráfica en temas sociales. Trabaja en la CONADI. Tw: @Carla_Elena5. Instagram: @carlaelena5. Mail: carlaelena74@hotmail.com