lunes, junio 17, 2024
Cultura

Juan Pablo Meneses “El día que muera el periodismo, alguien tendrá que contarlo”

Juan Pablo Meneses es uno de los cronistas nacido al oficio en los duros años noventa, neoliberales para América Latina. Se formó y contó sus crónicas de viaje por el mundo cuando el Muro de Berlin ya no estaba y todo se convirtió en vértigo. La tecnología lo convirtió en periodista portátil y recorrió países mirando las curiosidades invisibles que hacen la diferencia. Escribió Niños futbolistas y Una vuelta al Tercer Mundo, como quien cuenta las particularidades del fútbol criado en Sudamérica y recoge los restos de imágenes que va dejando la globalización con su paso arrasador, criminal. Fundó la Universidad Portátil.

Por Fabián Kovacic/El Furgón –

El Furgón: -Sos parte de la primera generación de periodistas netamente digitales. ¿Cómo condiciona eso tu escritura?

Juan P. Meneses: -Hoy me cuesta imaginar mi carrera sin internet. No sé qué habría sido. Desde muy joven quería viajar y escribir. Eso era la carrera de escritor para mí y encontré el periodismo sin saberlo. Creía que periodista era alguien que esperaba fuera de los Tribunales para grabar una cuña, como decimos en Chile, un testimonio como movilero. Después me di cuenta que hay toda una tradición de periodismo narrativo en América Latina, una tradición de no ficción que es de la que yo me siento parte y continuador y tiene que ver con los viajes. José Martí y Rubén Darío escribieron hace cien años sus historias y sus viajes. Yo lo empecé a hacer cuando descubrí internet y ya nunca me separé. Mi primer libro que se llama Equipaje de mano, está hecho completamente en cibercafé. Cuando yo lo empecé a hacer, el cibercafé era una locura. No ha pasado tanto tiempo pero ya los cibercafé están en retirada: los locales que ocupaban esos cibercafé son tiendas de venta de repuestos de celulares porque la gente tiene ahora la redacción en su computadora y en el teléfono móvil y puede hacer distintas cosas. Soy un periodista y escritor muy dependiente de la tecnología.

EF: -¿Qué significa entonces la tecnología para un periodista hoy?

JPM: -Trato de transmitir a mis alumnos en la universidad, que la tecnología es apenas una herramienta. Si decimos que tal autor maneja la mejor tecnología y sólo tiene tecnología sin contenido, ese autor va a terminar cuando esa tecnología quede obsoleta. Y la tecnología suele terminar muy rápido. A mi se me terminaron los cibercafé y ahora escribo en mi iphone. Por eso hay que tener contenido. Hay que tener algo para decir. Y en Latinoamerica tenemos mucho para decir.

EF: -Tu obra recorre y mira los lugares que otros pasan por alto. Pienso en esa frase que acuñaste: “nadie se fija en el pensamiento globalizado del Tercer Mundo”. ¿Por ahí pasa el contenido que podemos contar los latinoamericanos?

JPM: -Esa frase es del libro de Una vuelta al Tercer Mundo. Era parte de un proyecto online que venía trabajando hace mucho. Me tocaba viajar y de repente llegaba a un país africano donde veía gente con la polera del Che Guevara o manifestaciones de cosas que eran muy cercanas a nosotros. He llegado a países de Asia o Africa, donde el tránsito del aeropuerto a la ciudad era muy parecido a países latinoamericanos. Entonces empiezo a ver esa conexión y preguntarme ¿por qué estos referentes son del Primer Mundo y no del Tercer Mundo?. Y sobre todo  a sentir desde una mirada Latinoamericana. Nosotros a Africa la hemos contado a veces desde el Primer Mundo y hasta lo hemos hecho con la misma Latinoamérica. No olvidemos que antes de las series de Netflix todas las historias de los narcos eran contadas por los gringos. La Patagonia fue contada por Raymond Chandler antes que la contara un latinoamericano. Entonces había una necesidad de contarla de manera latinoamericana. El problema que enfrentamos hoy es que también hay mucho latinoamericano que está replicando los cliches gringos, de que todas las series norteamericanas sean de narcos y todos los latinoamericanos sean mexicanos con la versión mexicana de los gringos.

EF: -¿Cuál es el ADN latinoamericano para contar nuestro propio continente?

JPM: -Para mi la desigualdad es el sello de Latinoamerica. Me pasó muchas veces, por ejemplo cuando estuve en Etiopía haciendo un reportaje sobre el restaurante más caro y después al día siguiente volar de Addis Abeba a París y sentir que no me eran tan lejanos ni Etiopía ni Paris. En la ciudad que estuviera y en muchas ciudades latinoamericanas yo podría encontrar un rincón de ese y un rincón del otro. Cosa que a los gringos nos les pasa. Durante la última década el tipo más rico del mundo era un latinoamericano. Y a la vez venía de un país  donde están los bolsones más grandes de pobreza como es ciudad de México. Ese hombre rico es Carlos Slim.

EF: -Esa característica ya estaba presente también en la generación del llamado boom literario latinoamericano de las décadas del sesenta y setenta.

JPM: -Es cierto. La historia del boom tiene que ver con que ellos podían hablar de igual a igual en Europa pero con más calle porque tenían un nivel cultural que otros no tenían. Lo escritores del boom soñaban con ir a Europa, ser europeos, pero contando historias latinoamericanas. Y terminaron siendo exportadores de una narrativa que nos sigue hasta el día de hoy.

EF: -¿Cómo impactó el concepto de diversidad cultural en tu generación literaria en cuanto a la temática de la escritura? 

JPM: -Siento que la narrativa de las generaciones más nuevas está vinculada a historias locales, muy locales, con la exacerbación del yo, con toda esta historia de creer que lo que me pasa a mi le pasa al mundo. Y no es una mala manera de tratar de conectar con el mundo, pero claro, terminan siendo historias más mínimas y no tanto de querer descubrir algún fenómeno. En mi generación la tecnología produjo un cambio muy fuerte. Piensa que hace unos cinco años la revista Babelia del diario El País puso que la crónica latinoamericana era el nuevo boom después del boom. Tanta gente empezó a decir que la crónica no era un boom que finalmente se convirtió en boom y uno ve que hay muchos autores de ficción. El último premio Alfaguara, Patricio Prol, que en todas las entrevistas cuenta que las cosas que están en su libro son reales, que las estadísticas de sus novelas son reales tanto como los lugares que marca en esos textos. La realidad se terminó imponiendo.

EF: -¿Podríamos decir que el nuevo boom tiene más de contenido genuino que de mercado?

JPM: -En la medida que sigamos hablando del boom, el boom de los nuevos autores va a seguir existiendo y ganando lectores. En los últimos meses me puse a analizar el trabajo de no ficción que hicieron muchos autores del boom y es crónica latinoamericana. Siento que hay un trabajo pendiente, de buscar nuevos afluentes a esta nueva forma de contar.

EF: -¿Esa desigualdad latinoamericana es parte constitutiva del realismo mágico?

JPM: -Es algo que sigue presente. Creo que ese realismo mágico se agarró de esa desigualdad y eso tiene  mucho que ver con lo económico, las corrupciones, con las historias generales. Si se encuentran dos latinoamericanos y empiezan a contar historias parecen divertidas porque finalmente dentro de lo descabelladas son divertidas. Pero también dan cuenta de una historia muy cruel, triste y sin salida. Yo lo vi con la gira europea que hice con mi libro Niño futbolista. A los medios europeos les parecían increíbles las historias que yo contaba. Los futbolistas europeos que están triunfando allá, pienso en los del Barcelona, como Arturo Vidal, Luis Suárez y Lionel Messi que son tres niños futbolistas clásicos, para ellos llegaron desde una nave espacial y jugaron. Desconocen todo el proceso anterior, los que fueron quedando en el camino, como llegan representantes de Europa ahora para llevarse al nuevo Suárez, pensando que es llegar a una escuela de fútbol y comprarse a cuatro niños a cuatro mil dólares y que en siete o diez años cuesten 15 millones de euros.

EF: -Hablando del boom de la crónica, que no deja de ser un género periodístico, ¿crees que el periodismo existe o ya fue enterrado definitivamente?

JPM: -El día que se muera el periodismo alguien va a tener que dar esa noticia. O sea, nunca va morir. Lo que estoy seguro que murió en América Latina son los medios. Sobre todo los medios tradicionales, oficiales, los grandes diarios latinoamericanos que eran todos de familias conectadas entre sí, en grupos de intereses. Todo eso se murió. El periodismo como industria está en una precariedad absoluta. Soy un convencido de que si no cambia, los periodistas van a terminar pagando por publicar.

EF: -Eso cambia la ecuación entre empresa periodística y lectores?

JPM: -Tiene que cambiar porque los medios más fieles a su historia y tradicionales tienen una ventaja porque tienen una identidad y un público que los sigue pero necesitan adaptarse a una nueva realidad.

EF: -¿Apunta a lo que hoy está en boga que es el emprendedor?

JPM: -Cuando llegué a la Universidad de Stanford y pregunté qué se entiende por periodismo, me dijeron, que era emprendimiento. Era lo que yo venía haciendo pero nunca lo había visto tan abiertamente. Y si tu dices emprendimiento en muchas universidades latinoamericanas te matan. Y lo ideal sería que eso no ocurriera. Y si te fijas en los últimos grandes medios exitosos en Latinoamerica en los últimos años no son liderados por periodistas, sino por publicistas, diseñadores, ingenieros, economistas o políticos. Pero no periodistas porque estamos acostumbrados a sentarnos, que nos manden a cubrir una conferencia de prensa y que nos paguen. Esa es la vieja idea de los medios periodísticos. Pero la clave siempre es el contenido de fondo. Vender por vender no es la solución.

EF: -¿Recuperar el concepto de contenido legado por anteriores generaciones pero adaptado hoy a las nuevas tecnologías como herramientas de trabajo, sería la clave?

JPM: -Exacto.

EF: -¿Creés en los medios autogestivos?

JPM: -Creo mucho, si. Pero que sean genuinos. No montar un medio y que te lo vengan a financiar. Uno tiene que hacer lo que quiere y le gusta. Y eso incluye pasarla bien. Siento que hoy en las redacciones no lo están pasando bien y eso se nota.

EF: -Los últimos despidos en el diario Clarín aquí en Argentina lo demuestran…

JPM: -Claro que sí. Estoy acostumbrado a que cada vez que hay despidos masivos todos en redes sociales escriben: lamentamos la situación de nuestros compañeros despedidos. Y yo en cambio estoy en una campaña a la que nadie se suma porque mi planteo es: nuestro apoyo solidario para los compañeros que se quedaron dentro del medio porque ellos van a tener que trabajar el doble o el triple con el menoscabo de seguir trabajando en un lugar del que otros se fueron y en peores condiciones. Nadie lo puede pasar bien en esas condiciones dentro de un medio. Hoy el paria es el periodista de la sala de redacción porque no puede salir y se pasa encerrado haciendo periodismo karaoke: es decir, cuatro tipos en una redacción mirando pantallas de televisión y escribiendo lo que ven como si fueran coberturas propias.

Juan Pablo Meneses. Fuente: @menesesportatil en Twitter

EF: -¿Qué influencias reconocés en el periodismo y en tu escritura?

JPM: -Tengo varios autores pero trato de reducirlos a unos pocos. Como soy chileno, tengo el tema de la poesía. Pero no se trata ni de Pablo Neruda ni Gabriela Mistral, si no de una dupla que me influyó mucho: Nicanor Parra y Enrique Lihn. Cuando yo estaba en el colegio nos hacían leer solo clásicos de poesía y de repente aparece un poeta que habla de groserías y te cuenta cosas del bar de la esquina, como Parra, y te das cuenta que la cultura no es necesariamente una cosa del gran salón con sillones Luis XVI. Y Enrique Lihn porque era alguien que apostó mucho a contar sus viajes con su poesía. Ganó la beca Guggenheim y se la gastó viajando. En Argentina admiré, conocí y trabajé con Tomás Eloy Martínez, quien fue capaz de hacer una narrativa ligada a la no ficción y con la manera de mezclarla con la literatura siguiendo una tradición antigua que viene desde José Martí e incluso mucho antes. Pero él lo hizo de una manera que me estimuló a seguir ese camino. Y en literatura los autores del boom siempre me atrajeron. No soy alguien que los odie. Y dentro de ese boom Juan Carlos Onetti es uno de los que más me llamaba la atención, aunque reconozco que lo que me resultaba curioso es que siempre estaba tendido en una cama.

Portada: Foto de Francisco Kovacic