lunes, abril 22, 2024
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“Antón pirulero”: La máquina siniestra

Por Jaime Galeano/El Furgón –

El documental Antón Pirulero, del prolífico realizador Patricio Escobar, barre con el imaginario colectivo  que tenemos sobre la desaparición de personas. Tradicionalmente, los desaparecidos están ligados o se vinculan culturalmente con la última dictadura cívico-militar; los rostros de Videla, Massera, Agosti; el Juicio a las Juntas; las imágenes de las Madres en sus históricas rondas a la Plaza de Mayo y también con el Mundial ’78. En este trabajo, “Antón Pirulero” nos recuerda que existen más de 200 casos de desapariciones forzadas, asesinatos y “gatillo fácil” desde que asumió Raúl Alfonsín, en 1983, hasta el caso de Santiago Maldonado.

Cabe recordar que Escobar es el autor del emblemático documental “La crisis causó dos nuevas muertes” (2006) sobre los asesinatos de Maximiliano Kosteky y Darío Santillán. También de “Sonata en mi menor” (2009) y “Bienaventurados los mansos” (2017), entre otros trabajos. En su andar por este formato, podemos advertir que elije el periodismo de denuncia para señalar la responsabilidad del Estado y su rol represivo como eje narrativo.

Trailer Antón Pirulero

Con “Antón” repasamos la barbarie del caso de Luciano Arruga cuyo cuerpo apareció como NN en 2014 en el cementerio de la Chacarita, un hecho que se entrelaza con otros ocho de  características similares, caratulados como “Desaparición Forzada”. Durante gobiernos democráticos y por diferentes motivos, el Estado tiene responsabilidad directa de sus desapariciones. En todas ellas se repite un patrón: las víctimas fueron jóvenes pobres de barriadas marginales; los culpables: integrantes de las policías provinciales.

Durante 70 minutos Escobar y el camarógrafo Finvard, ponen en evidencia el funcionamiento de ésta maquinaria cuyo fin es la Desaparición Forzada de personas. Al comienzo del film explican que “sin el encastre de cada una de las piezas en la cadena sería imposible poder desaparecer a alguien sin dejar huella alguna. “Antón Pirulero” denuncia el funcionamiento de este engranaje desde el Estado, con responsabilidades directas, complicidades y encubrimientos de todas las piezas que lo integran: fuerzas represivas, poder judicial, diputados, senadores y los medios de comunicación. Por ello, el titulo, del audiovisual, dónde cada cual está atento a su juego.

Los casos de Iván Torres, en Chubut; Daniel Solano, en Choele Choel; Miguel Bru y Julio López, en La Plata, ilustran el funcionamiento perverso de la “máquina” de desaparecer que es el Estado. Hay jueces, fiscales, abogados e integrantes de los organismos de derechos humanos que testimonian y explican los dispositivos de la máquina. El epílogo es el caso de Santiago Maldonado que funciona a la perfección como la síntesis de los anteriores atropellos. Es la pieza que encaja perfectamente de este oscuro dispositivo del que todos son víctimas.

Si bien Antón es un documental periodístico de denuncia, se apoya en otro eje narrativo, el performático. Mantiene dos estructuras narrativas paralelas que convergen de manera ágil y atractiva gracias al excelente  montaje. Las declaraciones de abogados, jueces, fiscales y  familiares de las víctimas, se funden a través de un montaje rítmico alternado con performances callejeras, infografías, recortes periodísticos que abundan pero no marean. Reconstruyen las aristas de los diferentes casos y se apoya en el hilo conductor: la responsabilidad del Estado en Democracia para desaparecer a nuestros jóvenes.

Antón recorre la opinión de las partes involucradas y evita los golpes bajos. Trata de darle lugar y voz a los culpables, tantas veces eximidos de responsabilidades, para que expongan su versión de los hechos. Antón es un documental que resulta necesario. Por eso, seguirá recorriendo las salas y espacios culturales de organizaciones sociales que lo requieran.

Por Patricio Escobar. “Encontramos muchos casos similares al de Luciano Arruga”

La idea surgió en 2014, cuando pareció el cuerpo NN de Arruga en el cementerio de la Chacarita. Veníamos pensando en la temática y lo de Luciano nos definió.

De hecho, “Sonata en mi menor”, que trata sobre desaparecidos en las dictaduras militares de la Argentina y Uruguay, la dedicamos a Luciano Arruga y los doscientos casos de desapariciones forzadas en democracia. Tuvimos un año de investigación, nos contactamos con los diferentes organismos de derechos humanos, abogados, familiares, etc.

En realidad iba ser un documental sobre el caso de Luciano y encontramos muchos como él, casos muy parecidos. Nos concentramos en los que se reflejan en el documental porque eran los más representativos y de distintas partes del país. Eran casos de hostigamiento, con participación de la “patota”, idénticos en cuanto al accionar del aparato represivo del Estado, de la máquina.

Este fue un proceso paralelo mientras concluíamos el otro rodaje de “Bienaventurados”, que nos retrasó un poco.

Cuando estábamos en el montaje surgió el caso de Santiago Maldonado. Sinceramente, no lo podía creer porque estaba sucediendo exactamente lo mismo que con los casos anteriores. La diferencia fue que con Maldonado la respuesta social y el rechazo fue masivo. Ahí había una diferencia sustancial con los otros, de pibes pobres y carenciados. Con Santiago se trataba de un militante.

“Santiago Maldonado”, por Repo Bandini

Nos llamó la atención que si no fuera por el enorme trabajo de algunos familiares, como Vanesa Orieta, nadie se entera de nada. Es más, creo que una parte de la maquinaria somos todos como sociedad cuando le damos la espalda a esos casos de desaparecidos. De hecho, hay muchos desaparecidos mapuches t de de excluidos sociales a quienes nadie les da bola. Por otro lado, el caso de Maldonado nos provocó mucha ansiedad para terminar el film y demostrar a la prensa hegemónica que planteaba el caso de Santiago “como uno de los primeros desaparecidos en democracia”. Eso me chocó, era exactamente el modus operandi de los otros casos. Nos planteó la duda de ir a Esquel para hacer un documental sobre Santiago o lo que nos pasó.

Decidimos hacer lo que nos sucedió a nosotros para que el espectador sienta qué nos pasó: que con el último desaparecido que se conoce está confirmando el accionar de la máquina, no se trata de un hecho aislado sino de algo permanente. Por eso, decidimos ponerlo al final porque reproduce la maquinaria tal cual lo habíamos investigado. Confirmábamos todo: lo investiga la propia fuerza que lo desaparece: el juez no quiere tomarlo como un caso de desaparición forzada y después cree que se fue a Chile, a Entre Ríos.

El Gobierno jugó un papel muy importante porque era directamente el responsable, no era una fuerza provincial sino la propia Gendarmería, bajo la doctrina Bullrich, que exacerbó la desaparición forzada. Es todo muy loco porque cuando aparece el cuerpo de Santiago muchos funcionarios, sobre todo macristas, dijeron: “vieron que no fue una desaparición forzada, ahí está el cuerpo…”. Por eso hicimos la entrevista con Verónica Heredia, la abogada de Maldonado. Ella es especialista en desapariciones forzadas y en el film explica por qué esa calificación sigue ya que si el cuerpo aparece la pena se agrava. Como detalle final, contar a quienes no saben, que el cuerpo de Santiago apareció un 17 de octubre, la misma fecha en la que descubrieron los restos de Luciano Arruga en la Chacarita. Es muy loco eso.