lunes, junio 17, 2024
CulturaNacionales

Raymundo Gleyzer vuelve en la lucha de los trabajadores de Télam

Por Marcelo Massarino/El Furgón –

La obra del cineasta y documentalista Raymundo Gleyzer -desaparecido el 27 de mayo de 1976 durante la última dictadura cívico-militar- tiene plena vigencia en la Argentina del siglo XXI, dominada por la especulación financiera que genera un gobierno que ajusta y desmantela el aparato productivo. Uno de los sectores que sufre el achique son los trabajadores estatales. En ese marco, hace más de ochenta días que los empleados de la agencia de noticias Télam están de paro y permanecen en sus lugares de trabajo. En solidaridad con la lucha de los periodistas, reporteros gráficos y administrativos se proyectará el próximo sábado a las 16:30 -en la sede porteña de la avenida Belgrano 347- el documental Me matan si no trabajo y si trabajo me matan. Luego Juana Sapire -compañera de Gleyzer- y Cynthia Sabat presentarán el libro Compañero Raymundo (Editorial Sudestada).

En el trabajo, que tuvo una primera edición auspiciada por el INCAA, Sapire y Sabat señalan cómo era la militancia en las décadas del sesenta y setenta de quienes, como Gleyzer y Sapire provenían del ámbito cinematográfico: “A través del cine aportábamos nuestro granito de arena para acercar a la gente temas que dieran pie al debate,  al discusión de ideas. Planteábamos cuáles eran los problemas del pueblo, las distintas formas de resolverlos y también qué soluciones proponía el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). El partido era una forma de darle organicidad a lo que pensábamos. No es lo mismo sentarse en un café a discutir sobre el futuro que soñábamos para el país y cómo concretarlo, que hacerlo en el seno de un partido que puede, por los medios que crea necesario, realizar las acciones concretas para alcanzarlas.”

“El hecho de militar en un partido no cambió la forma en que Raymundo filmaba o actuaba en su vida. Lo que hicimos fue mostrar nuestros films a la gente del PRT, con quienes teníamos muchas coincidencias, y esas películas fueron muy valoradas por ellos. Para Ray no significó ni un cambio ni una restricción creativa el hecho de pertenecer a un partido que tiene una línea ideológica concreta”, añadieron.

Cynthia Sabat

En diálogo con El Furgón, Cyntia Sabat advierte que mostrar Me matan sino trabajo y si trabajo me matan en la sede Télam, ocupada de manera pacífica por sus trabajadores, “es muy significativo”. Agrega que “la película de Raymundo Gleyzer es del año 1974 cuando con sus amigos y compañeros fueron a filmar una olla popular en una fábrica tomada por los trabajadores que se estaban envenenando con plomo; tenían saturnismo. Entonces, el hecho que haya retratado esa situación de lucha y que ahora podamos proyectarla en el ámbito de Télam para visibilizar la lucha de los trabajadores, es una emoción para Juana y para mí. Incluso, Juana donó 20 ejemplares de Compañero Raymundo para contribuir al fondo de huelga”.

Tapa de “Compañero Raymundo”

La obra de Gleyzer es valorada por las nuevas camadas de documentalistas y cineastas. Sabat advierte que “el legado de Raymundo se revaloriza día a día. Cada vez que un joven ve su obra advierte sobre su actualidad y de la rara combinación de lucidez política y belleza, algo muy personal en los trabajos de Raymundo y que sólo tienen los grandes realizadores. Por ejemplo, en Los traidores hay mucha actualidad si lo trasladamos a lo que pasa con la CGT (Confederación General del Trabajo) y la actitud pasiva de los dirigentes sindicales con este gobierno salvaje”.

Gleyzer y Sapira

El consenso que genera el respeto por Raymundo Gleyzer se observa en que el homenaje a Raymundo Gleyer y al grupo Cine de Base del jueves 20 en Caras y Caretas, está auspiciada por todas las asociaciones de documentalistas que, si bien tienen ciertas diferencias, están unidas en este evento porque consideran a la obra de Gleyzer como parte del patrimonio cinematográfico de los argentinos.

¿Cuáles son las claves para entender el cine de Raymundo Glezer? En opinión de Sabat son tres los elementos esenciales: el internacionalismo, el humor y el feminismo.

“Se pensaba como un cineasta internacionalista. El venía del PRT-ERP, de la izquierda revolucionaria, una organización latinoamericanista e internacionalista. Fue a filmar a Brasil y México; hablaba de la Patria Grande y así la pensaba. Tuvo la intención de filmar en Bolivia y Chile, pero no pudo concretarlo”, cuenta la periodista y realizadora.

Respecto del humor “uno puede ver en sus películas toques de humor con los que condimentaba a los documentales políticos. Decía que era una herramienta para empoderar a los trabajadores, que cuando los obreros se ríen de quienes los someten, ahí encuentra un poder”.

Cynthia Sabat

Sobre el feminismo, Sabat explica que Raymundo Gleyzer era un verdadero feminista. Para entenderlo “alcanza con ver los personajes femeninos de sus películas. Por ejemplo, en Ocurrido en Hualfin con esa familia de mujeres que subsisten sin hombres, con la economía familiar apoyada en el trabajo de los telares. Ellas están solas en un mundo de hombres. Y la famosa escena de Los Traidores, cuando las trabajadoras van a una entrevista con un médico y son humilladas. Esa escena es paradigmática. El doctor las hace desnudar, las hace girar sobre si mismas y las deja así, mientras habla con un amigo. ‘¿Vos no serás casada, no tendrás hijos?”, le pregunta a una que está forzada a mentir porque necesita el trabajo. Se nota la tristeza de esas obreras. También lo advertimos en su vida privada, en su relación con Juana. Era el menos machista del mundo, creía que las mujeres estaban a la par y eso se puede ver en sus películas”