lunes, abril 22, 2024
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Política y Ajuste ► De la ilusión a la crisis

“Veníamos bien, pero de golpe pasaron cosas”

Mauricio Macri a Jorge Lanata, sobre la crisis financiera.

17-06-18

Por Jorge Montero/El Furgón

El paro general del lunes 25 de junio fue contundente. Era previsible tras el torbellino que viene azotando al país desde hace meses. Devaluación, retracción económica, disminución del consumo, caída del salario real, aumento del desempleo y la pobreza. La intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) con un préstamo excepcional de 50 mil millones de dólares pretende la consolidación, en el menor tiempo posible, del plan de recomposición que encaró el capital desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia.

Mientras el Gobierno cambia ministros y produce rectificaciones de último momento, incapaz de evitar la caída económica del último trimestre, sabe que el panorama es poco alentador para los meses por venir, más recesión con alta inflación. En contraposición, aumento de la tensión social, los actos y movilizaciones, cortes de calles y hasta un paro decretado por la cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT). El saldo neto: conflictividad, temor y una gran confusión.

Hacia fines de abril el capital financiero internacional promovió la detonación de la crisis que había alimentado por todos los medios. Ellos determinaron la corrida del dólar, articularon una intensa campaña mediática, extremaron presiones externas e internas.

Al margen de algunas tensiones y matices, la clase dominante se posiciona, por ahora, como un frente amplio con acuerdos sustanciales en mejorar las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo.

El aumento de las tasas de interés en Estados Unidos fue letal para una economía cuya base está puesta en el endeudamiento constante; esto se combinó con una abrupta caída de los ingresos por exportaciones cerealeras. Es demostrativo el derrumbe sojero, cuando se esperaban 21 millones de toneladas para la campaña 2017/18 y sólo se cosecharon 14,9 millones tras la peor sequía de los últimos 44 años.

El FMI asumió el comando directo de la economía argentina

Se acabó el tiempo de las correcciones graduales y en calma social. El bloque burgués, con la iniciativa política en sus manos, se acomoda a las nuevas exigencias y profundiza el ajuste en perjuicio directo de las mayorías. Al margen de algunas tensiones y matices, la clase dominante se posiciona, por ahora, como un frente amplio con acuerdos sustanciales en mejorar las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo.

Eliminar los subsidios estatales, restringir o liquidar planes sociales, limitar jubilaciones, reducir impuestos patronales y el costo político, sostener un tipo de cambio alto, profundizar la flexibilización laboral, bajar los salarios impidiendo que se ajusten según la inflación, debilitar el derecho de huelga, abaratar los despidos, suprimir las corrientes sindicales combativas (el ataque a los metrodelegados es ejemplar). Todas y cada una, son las reivindicaciones que levantan empresarios y voceros de la industria, el comercio, la minería, el agro, el transporte, la banca y demás instituciones financieras.

Mientras tanto, la cúpula de la desprestigiada CGT decreta un paro sin movilización, que en el actual contexto no significa un escalón en la acumulación de fuerzas para emprender una estrategia de cambios genuinos, sino una válvula de escape para el malestar general. “Un paro no soluciona nada, pero es un desahogo para la gente y un mensaje de que las cosas no están bien”, expresó Carlos Acuña, miembro del triunvirato que conduce la CGT.

Carlos Acuña, tríunviro de la CGT

Los trabajadores hace mucho que no confían en dirigencias ostensiblemente ajenas a sus intereses y la mayoría tiene la certeza de que un paro de 24 horas, sin continuidad, sin programa y sin perspectiva política, no cambiará en nada la realidad actual de los asalariados. La desconfianza en las cúpulas se combina con el temor a la desocupación y el saldo no puede ser otro que más espacio para el Gobierno.

Sin embargo la paralización de la producción industrial, estatal y de servicios, es un duro golpe para el conjunto de las patronales. El ‘superministro’ Nicolás Dujovne lo dijo sin ambages: “El paro de hoy le va a costar a los argentinos casi 29 mil millones de pesos. La única manera de sacar adelante nuestro país es trabajando”. De paso, contribuyó a proporcionar una sencilla explicación sobre la “plusvalía”: Si el país cuenta con 6.277.000 trabajadores registrados -datos del Ministerio de Trabajo- y podríamos suponer que hay otro tanto de no registrados; un total de 12.554.000 trabajadores producen una riqueza diaria de $2.310 cada uno. Si el jornal promedio del trabajador argentino es de 600 pesos, ¿quién se queda con los $1.700 restantes, sino los capitalistas?

En las cúpulas que encabezan las formidables movilizaciones de estos días no hay en juego proyectos de país, ni convicciones ideológicas, ni programas de redención nacional y social. Hay elecciones.

El paro general dimensiona el peso político de todos aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para poder sobrevivir. Aún fragmentada, desorganizada, sin perspectiva socialista, ni conciencia “para sí”, la clase trabajadora es capaz de paralizar el país.

La sociedad argentina, confundida, continúa atrapada entre el gobierno de Cambiemos, frente amplio burgués, unido por el espanto tras el ensueño de recomposición del sistema; y una oposición multiforme, hegemonizada por lo más corrupto del aparato peronista, hoy con peso singular de la Iglesia Católica y bajo formato de “frente anti-Macri”, igualmente procapitalista.

En las cúpulas que encabezan las formidables movilizaciones de estos días no hay en juego proyectos de país, ni convicciones ideológicas, ni programas de redención nacional y social. Hay elecciones. Y aprovechamiento de las angustiosas necesidades de millones impactados por los efectos demoledores del sistema capitalista.

Cuando aún faltan 15 meses para las presidenciales de 2019, la encerrona comienza a cimentarse. Las mayorías, una vez más, se muestran atrapadas entre la plutocracia de Cambiemos y el aquelarre peronista.

Foto de portada: https://www.casarosada.gob.ar