lunes, junio 17, 2024
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La Vía Orgánica: ecología, arte y revolución

  • A diez minutos de la rambla marplatense, nace una experiencia diferente de gestión de un espacio público. Sobre los terrenos fiscales que dejó libre la vía del tren, se levanta un centro cultural agroecológico que propone arte, educación y trabajo.

Por Paola Galano, desde Mar del Plata/El Furgón – El espacio público ocioso se ocupa, se acondiciona, se transforma y se comparte. La cosa pública es también la cosa comunitaria. Lejos de ser privado, pertenece a ciudadanos y ciudadanas. Con estos conceptos como base ideológica, nació La Vía Orgánica, una experiencia comunitaria que se desarrolla desde 2010 en Mar del Plata, en un barrio de clase media y a solo diez minutos de los tradicionales Lobos Marinos de la popular rambla.

Feria en La Vía Orgánica

Los escasos cien metros de tierra que dejó liberados, hace tiempo, la vía del ferrocarril que llegaba hasta la ciudad de Miramar, entre las calles Garay y Castelli, fueron suficientes para que un grupo de militantes del frente Votamos Luchar empezara a construir este proyecto social y cultural. Proyecto, realidad concreta ahora y futuro, porque  las ideas de mejorarlo y agrandarlo nunca cesan entre los participantes.

Primero se armó la huerta orgánica que da sustento a quienes la trabajan. Luego, vino la construcción de una vivienda para que compañeros y compañeras que necesitaban espacio para vivir pudieran utilizarla y, de paso, cuidaran las herramientas que se guardaban en el obrador. Más tarde nació la biblioteca popular y un sitio de usos múltiples donde se realizan hoy las clases de arte. Y ya se arma una imprenta y un aula para talleres y para mudar la comisión del Fines que se reúne en la biblioteca. Las jornadas de trabajo voluntario se realizan todos los sábados.

Pero antes, antes de todo esto, en una suerte de prehistoria de La Vía Orgánica, estuvo la limpieza del terreno. “El trabajo de limpieza fue, en realidad, una desratización, porque esto era un nido de ratas”, recuerda Germán Carboni (38), uno de los integrantes. “Era un basural, un cementerio de perros y un espacio abandonado por el Estado, estos son terrenos fiscales y estaban abandonados también por la comunidad barrial”, agrega Margarita Menna (27), miembro del equipo que lleva adelante gran parte de las actividades.

Espacio comunitario

Tal como ocurre con todo espacio desatendido, antes del nacimiento de La Vía Orgánica ésa era una zona oscura: ambos militantes cuentan que hubo varios robos y casos de violaciones a mujeres que caminaban por el lugar, que está a escasas cuadras de la sede central de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Por eso es que no son pocos los estudiantes universitarios que trabajan en La Vía. Menna era estudiante de Biología cuando se acercó  a militar.

¿Apropiación del espacio? Desde una mirada marxista, Carboni asegura que ésa no es la palabra correcta. “Este era un lugar abandonado por el Estado y nosotros decidimos recuperarlo, recuperar la tierra para uso comunitario. No fuimos innovadores, éste es un método que se usó a lo largo de la historia”, comenta y recuerda experiencias anarquistas en este mismo sentido. “Para nosotros no es una apropiación, denunciamos que el Estado no hace nada con estos espacios”.

“Sentimos la necesidad de posicionarnos políticamente con respecto al uso de los espacios públicos, entendemos que no tiene que haber un dueño de la tierra o un dueño de los espacios, tiene que entenderse desde lo comunitario –sigue él-. Sabemos que hay muchos lugares en la ciudad y en el país” con esta misma impronta.

La Vía Orgánica también apareció como una urgencia de Votamos Luchar, un frente de izquierda dentro del que habitan colectivos artísticos y agrupaciones como Fogoneros, Amaranto, Juventud Guevarista, Barrios Unidos en Lucha, el Movimiento Teresa Rodríguez, la Agrupación Docente Roberto Santoro y el FACA (Frente de Acción Cultural y Artístico). “Nuestra organización necesitaba un espacio artístico en una zona donde no lo había o, si lo había, era con otras características”.

Después de ocho años, los militantes definieron cuatro ejes de trabajo para estructurar las acciones: lo agroecológico, la educación, el arte y el uso de la tierra, detalla Menna, quien ya es profesora de Biología. “Lo agroecológico se da a través de la huerta, que es para consumo de quienes la trabajen. Es una huerta comunitaria que sirvió para integrar a los vecinos y para hacer un trabajo territorial. Nos asesoró el Programa Pro Huerta, del INTA, que se especializa en la autoproducción de alimentos”.

Espacio para la huerta

“Para nosotros el arte es un derecho, una forma de expresarnos y un eje para la liberación”, indicó y narró que hay talleres de cerámica y de guitarra, todos a la gorra, y clases de yoga. Además, ya se hicieron recitales al aire libre y espectáculos de murga. Lo mismo ocurre con el eje educativo: la biblioteca se armó con donaciones de libros y la imprenta está casi lista para empezar a funcionar: será parte de la cooperativa de trabajo del espacio y se formará a los interesados en el oficio.

Murga en La Vía Orgánica

En el aspecto vinculado al uso de la tierra, Menna cuenta que ya entablaron relación con otros espacios de Mar del Plata que también fueron recuperados o que tienen una gestión comunitaria. Uno de ellos es la Asamblea Verde Mundo que desarrolla su accionar en las playas del sur marplatense. Otro sitio es la huerta Bordabehere, cercana al Puerto. Y por último, se relacionaron con los y las militantes que llevan adelante un trabajo cooperativo en ocho hectáreas recuperadas que están en el Monte Varela, en el oeste de la ciudad balnearia.

Es un eje que busca poner en cuestión el tema de la propiedad de la tierra y aprender de esas otras experiencias similares, aunque no iguales. “Queremos unirnos en las similitudes sin perdernos en las diferencias, tenemos la oportunidad de trabajar juntos”, expone Carboni, quien fue parte de una toma histórica en 2006 en Mar del Plata: la de un edificio público en el que hoy se levanta el centro cultural América Libre.

Pizarra con actividades

-¿Qué impacto tuvo La Vía Orgánica en el barrio?

Menna: – A lo largo de los años pudimos conquistar a los vecinos, hay un acercamiento, de hecho antes no pasaban y hoy sí. Todos pasean a sus perros por La Vía  Orgánica.

Carboni: – Hasta hace tres o cuatro año pasaban por la esquina y miraban y no entraban, parecía un territorio privado lo que habíamos planteado, lo sentían externo.  La cuestión política muchas veces se entiende como algo de lo que no hay que hablar, medio oscura. Hace tres años este lugar fue prendido fuego. Esa noche había una compañera durmiendo acá, fue terrible.

Menna:- La salvó la pared de adobe y el perro. Supimos por el peritaje que fue intencional.

Carboni: – Y recibimos un pedido de desalojo, que finalmente quedó sin efecto. Ahí entramos en contacto con los vecinos e hicimos varias asambleas, en la más grande participaron ciento cincuenta personas, recibimos abrigo de gente que no pensamos que se iba a acercar. Muchos se acercaron porque reconocieron el trabajo que hacemos día a día.

Menna: – Después de cada ataque que recibimos salimos con más fuerza.

De esa fuerza comunitaria dan testimonio los murales que están pintados en las paredes de La Vía Orgánica: los rostros amerindios –imágenes de algunos de los murales– invitan a pasar y dicen que la transformación es posible.

Mural en La Vía Orgánica

Fotos: La Vía Orgánica