martes, julio 16, 2024
Cultura

Praga, según la poesía de Juan Pablo Bertazza

Por Gustavo Grazioli/El Furgón – A través de la poesía los sentidos tienen la posibilidad de arribar a una ciudad como Praga, capital ubicada en la Republica Checa y destacada como patrimonio de la humanidad desde principio de los 90’. Si habría que definirla a grosso modo, lo primero que podría aparecer sería: postal que venden para hacer dedicatorias o decorar los interiores de los hogares. Destacada por ser alucinante, hermosa e inalcanzable. Ahora bien, las distancias con esta capital del país checo han logrado acortarse por obra y gracia del periodista y escritor Juan Pablo Bertazza (Buenos Aires, 1983). En su último poemario – el quinto – llamado La revolución de terciopelo (EDULP, 2017), acerca todos los detalles de una ciudad histórica por intermedio de versos que se comprometen con las sensaciones. Se revelan imágenes poéticas que están a la altura de la ciudad que lo ha cautivado.

Bertazza escribe desde el ojo de un cronista, pero por fuera de toda normativa que signifique tomar nota para después contar. El autor se vuelve protagonista de cada palabra y de cada motivación. Desempolvá los ojos/ afiná los oídos/ incliná la espalda/ estás llegando a Praga/ estás cruzando el umbral de la belleza insalubre, indica en su primer poema Práh. Deja en la superficie del texto los olores, los paisajes deslumbrantes, la arquitectura y los nombres de aquellos escritores de nacionalidad checa que fueron tejiendo un entramado de imágenes, hasta llegar al corazón de una ciudad netamente kafkiana. Praga es víctima de Kafka/ y culpable de Paulo Coelho. La revolución de terciopelo, como bien dice Andrés Neuman en el prólogo, se vuelve un merodeo que va construyendo una suerte de hipervínculo cultural, que aspira a leer una ciudad al mismo ritmo que se camina un libro.

“La revolución de terciopelo”, de Juan P. Bertazza

Lo cuenta todo y con un arma que afila los costados de algo indefinido. Bertazza se saca de encima los estereotipos de poetas y sin coquetear con lo florido, apunta hacia los sinsabores y las alegrías de una ciudad inabordable. Praga es un texto/ que no da puntada sin hilo/ una enorme costura/ que no deja ver nunca/ sus lados ilesos. Al ras de lo esperable, tranco a tranco va renovando los escalafones de una belleza que nunca parece quedar estándar. Cada pisada, cada verso se asoma a una inconstante intriga de los recovecos que definen fronterizamente a Praga. Las alturas de las calles de Praga/ son tatuajes hechos de polvo/ que sangra el reloj astronómico/ mientras susurra el último/ enigma de los ahogados. Este poemario encierra una (no) guía turística y lo reemplaza por un mapa de aventuras que no saben decir adiós. Esta es la ciudad de las bienvenidas hostiles y las despedidas desgarradoras.

La ciudad del autor de La Metamorfosis tiene su libro y no precisamente, esta vez, por Kafka sino por un apasionado viajante que se adentró a lo largo y a lo ancho de una historia que comprende uno de los hechos revolucionarios más destacados tras la segunda guerra mundial: La primavera de Praga. En este poemario no resuena una música belicosa ni se ven de cerca los tanques de la Unión Soviética. El pasaje directo de estos textos, que se mechan con algunas ilustraciones de Pei-Hsin Chen, anida en las calles de un lugar abrazado por la modernidad y en búsqueda de un pasado que estalla poesía. Las palabras en Praga no dejan de significar/ donde empiezan las otras/ la Ciudad Vieja no se opone a la Ciudad Nueva/ Malá Strana no resiste a ninguna megalópolis/ En Praga nada es relativo.