lunes, junio 17, 2024
Nacionales

Malvinas: La memoria elige lo que olvida

“Grita ¡Devastación! …y suelta a los perros de la guerra”

                                                        William Shakespeare / “Julio César”

Por Jorge Montero/El Furgón – Pensar la guerra que vivió el país durante 74 días no es tarea fácil. Implica cruzar sentimientos respecto de una historia reciente llena de interrogantes, contradicciones e incomprensión. El apoyo masivo a la Junta Militar en la Plaza de Mayo el 2 de abril, es un claro ejemplo de esta dificultad. ¿Cómo explicar las imágenes que muestran “al pueblo argentino” reunido para alentar una guerra conducida por una dictadura, que lo había reprimido salvajemente sólo tres días antes?, ¿cómo entender a los argentinos que participaron en los diferentes programas televisivos para donar fondos para esta guerra, motivados por una orgía nacionalista?, ¿cómo dar cuenta del éxito de campañas y convocatorias de apoyo que generaban los medios de comunicación, en el contexto de un régimen genocida que estaba dando sus últimos estertores?

Multitud de gente frente a la Casa Rosada entonando canciones futboleras: “Vamos, vamos Argentina, vamos, vamos a ganar”. Galtieri sale al balcón con los brazos en alto y saluda al pueblo reunido. “Ay ay ay ay, que risa que me da, si quieren las Malvinas que las vengan a buscar”. Las banderas celestes y blancas, “el que no salta es un inglés”. Carteles pintados a mano sobre tela blanca que dicen “Malvinas. 150 años pirateadas por fin recuperadas  firmados por Reservistas de la Marina.

La Plaza de Mayo del 2 de abril es parte del ‘teatro de operaciones’, se ha logrado por fin la unidad nacional sin precedentes. “Los tres comandantes en jefe no hemos hecho otra cosa que interpretar el sentimiento del pueblo argentino…” -atruena el “¡Viva la patria!”-, continúa Galtieri “…yo les agradezco en nombre de las Fuerzas Armadas que son de ustedes, no son nuestras, pertenecen al pueblo de la Nación, esta manifestación de sentimiento y alegría que hoy todo el pueblo argentino comparte”. El “majestuoso general”, como lo definió Félix Luna, sonríe. “¡Argentina, Argentina!”.

Magnánimos militares convocan por primera vez desde 1976 a la dirigencia política. El ministro del Interior general Alfredo Saint Jean los recibió afectuosamente y manifestó su “complacencia por tener en la casa a los más altos dirigentes políticos de todos los partidos para informarles de la situación del país”. Cinco días después, agolpados en un Hércules, viajaron para estar presentes en la asunción del general Mario Benjamín Menéndez como gobernador de Malvinas. El vuelo chárter trasladó entre otros al ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, al peronista Deolindo Bittel, el radical Carlos Contín, el federalista Alberto Robledo, el cirujano René Favaloro, los sindicalistas Jorge Triaca y Saúl Ubaldini, que hacía sólo una semana se estaba detenido. Infaltable, el obispo de Lomas de Zamora Desiderio Collino, afirmó en el aeropuerto que la iglesia se sumaba así a este viaje histórico ya que la recuperación de las islas Malvinas era un “acto de justicia”, fundamento de la verdadera paz.

El mundial de fútbol de 1978 y la guerra de Malvinas de 1982 son dos momentos claves y representativos de la función de la televisión como medio masivo de difusión de un relato optimista, festivo y triunfalista, exacerbando el formato del entretenimiento.

El gran espectáculo alcanzó su clímax con “Las 24 horas por Malvinas”, emitido entre 8 y 9 de mayo en vivo por ATC, una semana después del inicio del bombardeo británico sobre Puerto Argentino.

La idea original fue del reconocido locutor Jorge ‘Cacho’ Fontana con el propósito de juntar recursos para donar al Fondo Patriótico Islas Malvinas. Se alternaron en la conducción con Lidia ‘Pinky’ Satragno, y la emisión televisiva, producida por Santos Biasatti, alcanzó más de 52 puntos de rating.

“Un episodio inédito en la historia de la televisión argentina, como inédito también es el momento que transcurre en la vida de todos los argentinos”, afirmó el conductor en el inicio del programa. Mientras miles de personas se acercaban a las puertas del canal o a los móviles que en diferentes puntos de la Ciudad de Buenos Aires o el interior del país, para aportar sus donaciones o presenciar el evento.

“No han sentido ustedes impotencia, angustia, ansiedad ante los acontecimientos de los que somos protagonistas, pero de los que son protagonistas todos los hombres de armas de nuestro país, de allí nace entonces la posibilidad de compartir a partir de este momento, 24 horas consecutivas con todos ustedes”, aseveró Fontana en la presentación.  

La ceremonia inaugural mostró a Pinky y a Cacho realizando una entrada triunfal por el pasillo principal del canal, rodeados de ciudadanos, al son de “Argentinos a vencer” cortina musical para el programa y las propagandas institucionales de apoyo a la guerra.

Inmediatamente presentaron las distintas alternativas para que todos colaboren, el aporte publicitario de 240 minutos será destinado enteramente a la recaudación, igual que el desfile ininterrumpido de artistas como Arturo Puig, Cristina Alberó, Andrea del Boca, Libertad Lamarque, Norma Aleandro, Haydeé Padilla, Jorge Porcel, Ricardo Darín. También hubo deportistas que como Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón, Diego Maradona y Daniel Pasarella. Intérpretes de folclore y tango, los géneros representativos de la nacionalidad, Mariano Mores y “Así es mi Argentina” o la voz de Lolita Torres entonando “La hermanita perdida”.

Allí estuvo la diva Susana Giménez contribuyendo con una pulsera para la subasta, emocionándose hasta las lágrimas, Pierina Dealessi donando en vivo sus aros, o Mirta Legrand: “esta es una cita de honor, siempre me sentí muy orgullosa de ser argentina, pero en estos momentos siento un orgullo muy fuerte, muy grande por mi nacionalidad, realmente esto que estamos viviendo quedará en los anales de la historia”, en un arranque de nacionalismo exacerbado.

“Pero aquí participa todo el mundo –anunció la conductora-, usted que está en su casa también”, para esto están las líneas telefónicas que se encuentran en el estudio. Para recibir las “llamadas de los patriotas” donde se pueden realizar donaciones y participar de las subastas.

La emoción es un recurso abundante en “Las 24 horas por Malvinas”. La aparición de la esposa del suboficial mayor Ramón Barrios, víctima del hundimiento del crucero General Belgrano, en el estudio, es un ejemplo. Trae un tapado que le regaló su pareja para donar en la colecta. Cuenta que no tiene noticias de su marido, desde atrás de las cámaras un hombre grita “está entre nosotros”. Un aplauso sostenido invade el estudio mientras la cámara recorre en un paneo general a todo el público presente que se pone de pie al grito de “Argentina, Argentina”. El primer plano de ‘Pinky’ con los ojos llenos de lágrimas y sus palabras completaron el cuadro: “Quizá, Dios lo quiera así, el esposo de la señora Barrios esté aún con vida y vuelva a pisar el suelo de su país, el último regalo que le hizo a su mujer es este abrigo de piel, que no tiene precio…por favor nuestros teléfonos están esperando su llamado”.

Todo tiene su tiempo en la dinámica del programa. Se pasa, sin solución de continuidad, del llanto a la euforia, de los silencios por los caídos a los shows musicales o a eventos deportivos, de las imágenes de las urnas llenas de billetes a la imagen de un busto de la Virgen de Luján, “la custodia de todos los argentinos”, que se llevará a Malvinas para que proteja a nuestros soldados.

En el cierre del programa, el Himno Nacional, cataliza toda la emotividad gestada a lo largo del espectáculo. “Lloraba todo el mundo…el público rebalsa las tribunas y en los escenarios muchos de los artistas que acompañaron a los conductores se encuentran agrupados para entonar las estrofas del himno”, comentaban trabajadores de ATC.

Fontana describía las imágenes: “esto es televisión señores, imágenes que nos permiten apreciar cuál es el fervor, cuál es el sentimiento, cuál es la hermandad que en este momento nos acompaña en el estudio”. Y Lidia Satragno lo complementó mirando a cámara, hace partícipe a la audiencia, “aunque esté solo en su casa, póngase de pie, éste es su Himno…”. La imagen final remata con imágenes de una multitud en las puertas del canal agitando banderas argentinas.

El mito refundacional de las Malvinas estaba lanzado.

Entre abril y junio de 1982 el Fondo Patriótico Malvinas, manejado por el ministro de Defensa de Galtieri, el mendocino del Partido Demócrata Amadeo Frúgoli, recolectó unos 54 millones de dólares. Fueron tres meses de donaciones continuas, dinero, inmuebles, alimentos, cigarrillos, ropa, artefactos del hogar, vehículos, joyas. Con mujeres que tejían bufandas y sweaters para proteger a las tropas del frío austral.

Un fraude a la solidaridad. Nada de eso llegó a los soldados que combatían aquel 8 de mayo en Malvinas. Sólo hambre y frío en el archipiélago, mientras en el continente se evaporaba lo recaudado a manos de los jerarcas de la dictadura.

Una puesta en escena. Demostración de cómo el poder militar utilizó los medios de prensa en general -y a “24 horas por Malvinas” en particular- como cortina de humo para ocultar la realidad del país. Un mecanismo eficaz para entretener a la población, exaltando la unidad nacional, mientras banalizaba la guerra narrada a través de las “estrellas del espectáculo”.

Pero el humo se disipa. El 14 de junio el patriotismo exasperado, la confusión interesada, y las generosas y no en pocos casos impensadas complicidades, cedieron paso al estupor y el desaliento. Una sensación de derrota que no se limitó solamente a los avatares de una guerra. Un país devastado, donde no sólo la victoria es de los otros, ya ni siquiera la derrota parece pertenecernos.

Pero no todo es connivencia y engaño, también hay un pueblo que se abrió a conocer los años de la dictadura. Estuvieron presentes las banderas que no claudicaron como “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”, que sostuvieron las Madres de Plaza de Mayo.

“Recuperar” la derrota, por supuesto, no es recuperar las islas; sí, en cambio, un momento de nuestra historia particularmente contradictoria, dolorosa  y por momentos desafiante