martes, julio 16, 2024
Nacionales

42 años de Presente

Por Gonzalo Pehuén/El Furgón – Plaza Congreso, día lunes 5 de marzo por la tarde. Un grupo de personas se congregaba en repudio a la represión que esa mañana se había llevado a cabo en Bariloche. Nora Cortiñas hace su aparición y comienza a hablar; como siempre finaliza su discurso con un grito que ya todas las personas ahí presentes tenemos arraigado y exhalamos con sentida convicción desde lo profundo de nuestras gargantas.

Lunes 12 de marzo. Se realiza la primer audiencia del juicio por el travesticidio de la militante travesti, Diana Sacayán. En las afueras del palacio de Tribunales se realizan actividades, hay oradoras, radio abierta. Nora Cortiñas se hace presente y todas las personas allí reunidas lanzan un grito de alegría al unísono.

También en el partido que se celebró por el Día de la Visibilización Lésbica; la esperaron para dar el puntapié inicial. También en la marcha en repudio a la cumbre de la OMC. También pidiendo por la liberación de las personas detenidas el 14 y el 18 de diciembre. También pidiendo justicia por Rafael Nahuel, Santiago Maldonado y las más de cuatro mil víctimas de gatillo fácil.

No podemos concebir algún tipo de lucha contra el sistema opresor y represor, sin gritarle al cielo que no estamos solxs, sino que lxs 30.000 compañerxs detenidxs y desaparecidxs, están presentes. Ahora y para siempre”

Y no es casual que su presencia en cada marcha, acto o acampe despierte en quienes están allí presentes una sensación de esperanza, de que podemos seguir luchando. Nora, Norita, es una de las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, y su grito de guerra pidiendo justicia por las 30.000 personas detenidas y desaparecidas durante la última dictadura militar está tan arraigado en el imaginario colectivo, que para una buena parte de la sociedad es ya algo coactivo. No podemos concebir algún tipo de lucha sin pensarnos como una continuación de la que esas personas desaparecidas, sostuvieron y por la cual murieron. No podemos concebir algún tipo de lucha contra el sistema opresor y represor, sin gritarle al cielo que no estamos solxs, sino que lxs 30.000 compañerxs detenidxs y desaparecidxs, están presentes. Ahora y para siempre.

Desde que tengo uso de la razón, desde que en la primera infancia asistiera a alguna manifestación contra el menemato, los rostros de las 30.000 desaparecidxs están allí presentes. Su voz, enarbolada al viento por las personas que les dieron la vida a muchxs de ellxs, corre por las gargantas desde una era que pareciera exceder al tiempo.

Porque desde que la memoria me funciona, el 24 de marzo es una fecha clave, una fecha para la verdad, para la justicia que tan chicata es. Porque desde que algún tipo de chispa de conciencia se despertara en el cuerpo de aquel niño nacido en plena década de los noventa, el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” fue la dictadura más sanguinaria en la historia de la Argentina; los militares son milicos y la policía unas ratas asesinas. Porque al habitar el barrio, las huellas dejadas por esa represión siempre estuvieron presentes; porque muchxs hemos tenido algún amigo o vecino que fuera nieto de algún desaparecido, por no decir algún pariente cercano. Porque muchos hemos mirado los Ford Falcón verdes que aun circulan, imaginando (cual historia de fantasmas) que por las noches se oyen las voces de las personas allí perdidas.

La última dictadura militar que sucedió en la Argentina, marcó a fuego y sangre a todas las generaciones, tanto las que ya existían entonces, como las que vinimos después. Un hito en la historia que marcó un antes y un después dejando generaciones decapitadas, comprando y mirando los programas que la tv por cable les ofrecía tras su llegada durante los años noventa. Generaciones jóvenes criadas por una sociedad que vacila entre el temor, la desidia, la desesperanza y una más férrea convicción de lucha.

Para muchas personas, las Madres y la Abuelas de Plaza de Mayo, son un ejemplo de que el pasar de las décadas no es una excusa para dejar de luchar; de que el abandono estatal no es motivo para bajar brazo alguno. Que tanto vapuleo, que tanta represión continua y constante, no son más que un motivo para seguir gritando al mundo, al sistema y al universo entero si se quiere, que los 30.000 detenidos-desaparecidos no murieron, que nunca dejaron la lucha y que nunca se perdieron. El hecho de que transcurridos casi cuarenta años del final de dicho régimen militar, siga habiendo desapariciones de personas (desde el retorno de la democracia el número de desaparecidos y asesinados alcanza la cifra de los cinco mil), habla de que el Estado represor sigue vivo; de que el reclamo de justicia sigue vigente.

Porque exigir la verdad sobre sus desapariciones, es también exigir por las vidas de nuestras compañeras y compañeros, de nuestras amigas y amigos, y hasta de nosotrxs mismxs. Porque en cada lucha, en cada bandera enarbolada ya sea por la agrupación que fuera se encuentran presentes todas las personas asesinadas por el monstruo del imperialismo; porque en cada canto, en cada brazo alzado, en cada resistencia, se puede oír la voz de los 30.000 detenidos y desaparecidos. Y no es un ejercicio de memoria el que hacemos al nombrarlos; no son parte de una historia pasada que en algún momento ocurrió. No. Los 30.000 detenidos desaparecidos, son parte del presente, y  su lucha, en las generaciones que los sucedieron, sigue vigente ¡Ahora y Siempre!

*Foto: Colectiva Fotografía a Pedal